El Gobierno argentino, después de las últimas elecciones ha anunciado aparentemente un proceso de desmantelamiento de los subsidios que vino sosteniendo desde 2003 hasta la fecha.
El Gobierno argentino, después de las últimas elecciones ha anunciado aparentemente un proceso de desmantelamiento de los subsidios que vino sosteniendo desde 2003 hasta la fecha.
Desde ese entonces, nuestras editoriales han estado señalando periódicamente las graves consecuencias que esta madeja estaba provocando en materia de energía, no sólo por la caída en la reserva y producción de los hidrocarburos que, por sí solos representan más del 80% del consumo de energía del país, sino también por la pérdida del autoabastecimiento y la generación de una gravosa corriente de importaciones energéticas.
Desde un principio alertamos sobre las características explosivas de esa “política” y sobre la capacidad de erosionar profundamente las finanzas del país. Y especialmente de sus habitantes, vía desabastecimientos e inflación.
Hemos perdido cifras multimillonarias con la caída de nuestras exportaciones de petróleo, gas y electricidad.
Los expertos estiman que todo lo que se perdió entre 2003 y 2010, suma una descapitalización de 150.000 millones de dólares, es decir casi la mitad del PBI argentino.Un monto equivalente a la Deuda Externa de 2001.
Por lo tanto, es muy dudoso que una “política de Estado” -establecida por Néstor Kirchner como dogma de su “modelo”- sea derogada repentinamente por su sucesora Cristina Fernández, por legítima convicción sobre los efectos negativos devastadores que la misma ha provocado.
Claramente, la razón de esta movida no es enmendar sino tratar de “tapar” desesperadamente una gran fisura.
Curiosamente, el “grupo asesor” constituido para implementar la suba de las tarifas está conformado por varias figuras que contribuyeron decididamente a crear el problema y que, hasta ahora, no supieron medir sus consecuencias.
Ocurre que, además de derrochar los recursos del país, los subsidios devoran 17.000 millones de dólares anuales y el gobierno sin acceso al crédito internacional- ha recurrido a financiarse crecientemente con fondos del Banco Central y el ANSES.
Para colmo, esta espiral de gasto se incrementa a razón de 50% anual. Las importaciones de 2003 son hoy 1.200% mayores y siguen creciendo.
Muchos de los planes federales lanzados (viviendas, caminos, etc.) están comenzando a padecer falta de pago y un rojo tan peligroso como sistemático.
Una Deuda Interna de la que muy pocos hablan
El quite de los subsidios (primero a empresas, bancos, y otros sectores “beneficiados”) terminará por impactar en los usuarios residenciales a partir de diciembre, cuando se den a conocer los primeros recortes que tendrán las bonificaciones tarifarias vigentes en los servicios de energía eléctrica, gas y agua.
Por el lado del transporte, los colectivos, subtes y trenes también tendrán fuertes subas a medida que se reduzcan los subsidios.
Los montos que se manejan de posibles aumentos van desde la duplicación y hasta la triplicación de las factoras, los boletos y cospeles.
Más allá del hecho que este mecanismo de subsidios nunca debió implementarse, será inevitable para el gobierno escuchar las palabras “tarifazo” y “ajuste”, con las connotaciones y consecuencias políticas que esto significa.
Si esto se hubiese corregido a tiempo, no estaríamos caminando por este desfiladero, en el que
– recuperar las capacidades perdidas no exige sólo dinero sino que demandará unos cuantos años de sacrificios, más allá incluso del nuevo mandato obtenido por el gobierno.
Atravesar ese desierto es el costo “político” de la improvisación. El “económico” ya lo conocemos y caerá sobre nosotros como una maldición.
Carlos José Aga
08/11/11
PORTAL ENERGÉTICO INTERNACIONAL
