Resulta casi imposible hablar de la historia del Caribe en los siglos XVI y XVII sin referirnos al paso de piratas, bucaneros y corsarios por esta región, que constituyó su principal refugio y ruta para atracar buques españoles.
Resulta casi imposible hablar de la historia del Caribe en los siglos XVI y XVII sin referirnos al paso de piratas, bucaneros y corsarios por esta región, que constituyó su principal refugio y ruta para atracar buques españoles.
Las aguas que rodean Jamaica, Isla Tortuga y La Española (formada por República Dominicana y Haití) fueron centro de renombradas batallas entre aquellos usurpadores de tesoros y las flotas del llamado "Nuevo Mundo".
Por otra parte, los arrecifes que bordean las islas constituían buenas fortalezas para protegerlos, por lo que esos pequeños territorios se convirtieron en sus lugares de asentamiento.
Allí se desarrollaron las principales historias de piratas famosos como Francis Drake, John Hawkins, y Henry Morgan, quien fue ordenado caballero y llegó a ser vicegobernador de Jamaica, por decisión del Rey británico, Carlos II. Según investigadores del tema, fueron metrópolis de la época (Francia, Holanda, Inglaterra) quienes propiciaron el auge de la piratería en la zona.
Esos rivales de España, que buscaban debilitarla y apoderarse de la región, comenzaron a alentar y apoyar a los llamados "Lobos de Mar", quienes en su mayoría, optaron por esa vida como mecanismo, aparentemente fácil y rápido, para acumular riquezas.
Pero su paso por el Caribe no solo se vinculó al pillaje.
Algunos, como John Hawkins, también fueron traficantes de esclavos.
Viajaban hacia las costas africanas donde cargaban sus goletas con centenares de personas capturadas a la fuerza para venderlas luego como mercancía a los colonos en las Américas, ávidos de mano de obra para explotar plantaciones y minas.
¿Mujeres piratas en el Caribe?
Por increíble que parezca, hubo mujeres que eligieron vivir de la piratería. Dos de las más nombradas son Anne Bonny y Mary Read, quienes coincidieron en tiempo y lugar.
Ann, hija bastarda de un abogado irlandés y una sirvienta, se unió a John "Calico Jack" Rackham y juntos fueron el terror de muchos galeones.
Cuentan que ella tuvo un hijo de Calico en Cuba, a quien dejó al amparo de una familia criolla para regresar al pillaje junto a su pareja sentimental.
Mary Read, quien entonces vestía como hombre y se hacía nombrar Mark, pertenecía a la tripulación de un buque holandés hasta que fue capturada por Calico Jack luego de un enfrentamiento. Desde entonces, se sumó a su tripulación, que operaba en aguas de Jamaica, Cuba y Bahamas.
En 1720, Anne Bonny y Mary Read fueron capturadas y condenadas a muerte en Jamaica.
Ambas estaban embarazadas, por lo cual se pospuso su ejecución hasta después del parto.
Mary falleció de fiebre antes del alumbramiento y cuentan que el perdón de Anne fue pagado por su padre.
La cofradía de los hermanos de la costa
Otro territorio caribeño, Isla Tortuga, fue escenario en el siglo XVII del nacimiento de una cofradía, Los Hermanos de la Costa, formada por bucaneros de diferente procedencia establecidos allí.
La Hermandad tenía leyes que regulaban la vida de aquellos hombres y eran inviolables, aunque no estaban contenidas en ningún documento, se explicaban solo verbalmente.
Una característica relevante es que establecieron un jefe, seleccionado por votación. Esa modalidad de elección sólo se estableció en otras partes un siglo después, tras la revolución francesa y la independencia de Estados Unidos.
El encargado, denominado gobernador, solo tenía funciones militares y su mando se limitaba a los momentos cuando salían al mar a enfrentar navíos de la armada española o a la defensa del asentamiento.
Las normas establecían libertad plena para todos y prohibían la presencia de mujeres europeas (solo se permitían indias y negras). Podía practicarse cualquier religión y no había distinción de razas.
Un consejo de ancianos era el encargado de velar por el cumplimiento de las normas y analizaba a los aspirantes a hermanos.
Los botines eran de todos, no existía la propiedad privada o individual en asentamientos y naves, carecían de código penal y como eran libres de hacer su voluntad no se imponían castigos ni se aplicaba venganza para quien decidiera abandonar el filibusterismo.
La Cofradía sobrevivió desde 1620 hasta 1700. Para entonces, ya en la Isla Tortuga se encontraban mujeres europeas, existían familias establecidas y poco quedaba del respeto a las leyes que sellaron el pacto.
Fin de la piratería en el Caribe
Los constantes atracos y desfalcos de corsarios, piratas y bucaneros forzaron a los españoles a construir fortificaciones en sus territorios caribeños, así como a ampliar las condiciones de sus flotas. De ahí que desde finales del siglo XVII, resultó más difícil el pillaje.
Entrada la nueva centuria, América del Norte, El Mar Rojo y el Mar de la India se convirtieron en los nuevos escenarios para practicar los temibles abordajes. La base fue establecida en la isla de Madagascar.
De esa manera cerraba un capítulo en la historia caribeña que dejó innumerables leyendas, muchas de las cuales resultaron fuente de inspiración para escritores y poetas de nuestra época.
Así tenemos a Emilio Salgari, autor reconocido por su ciclo "Piratas de las Antillas", novelas con argumentos que mezclan historia y ficción, ambientados en el escenario del Mar Caribe, durante el siglo XVII y entre las cuales se destaca "El Corsario Negro".
También la cinematografía ha reflejado esa etapa. Lo más reciente, y exitoso, al respecto, es la trilogía de "Piratas del Caribe", presentada en 2003, 2006 y 2007, cuyas tramas se desarrollan en Port Royal (Jamaica) e Isla Tortuga, bases reales establecidas en los siglos XVI y XVII.
Las batallas y naufragios de navíos cargados de tesoros constituyen además un atractivo para turistas de todo el mundo, quienes eligen bucear en las profundidades de las costas caribeñas, con la esperanza de encontrar algún vestigio de los más renombrados galeones de entonces.
13/12/09
PRENSA LATINA
