En junio de 2010 la Comisión Ballenera Internacional (CBI) empieza a definir el destino de los grandes cetáceos.
En junio de 2010 la Comisión Ballenera Internacional (CBI) empieza a definir el destino de los grandes cetáceos.
Si en la próxima reunión plenaria a realizarse en Marruecos se aprueba la propuesta presentada por el presidente de la CBI, el embajador chileno Cristian Maquieira, se legalizaría nuevamente la caza comercial de ballenas.
¡Qué pena que esta columna no sea de crítica literaria! ¡Cuánto me gustaría que el título de este artículo se refiriese a las aventuras del insano pero seductor personaje de Herman Melville! Les aseguro que preferiría hablar de los tatuajes de Queequeg o del aroma del "ambar gris" antes que dar estas noticias, pero no es precisamente literatura lo que se dirime en el seno de la CBI.
La Comisión Ballenera Internacional fue creada en 1946 por la Convención Internacional para la Regulación de la Caza de Ballenas, firmada en Washington, con el propósito de regular la caza y el comercio de las ballenas. En 1982 se logró el fin de la caza comercial. Amparado en el artículo VIII de la CBI que permite la captura con fines científicos, Japón encubrió sus actividades comerciales bajo el camuflaje de la ciencia. Esta violación consentida sumada a los fortísimos intereses por reanudar la cacería de algunos países (principalmente Japón, Noruega e Islandia) pusieron en peligro la existencia misma de la CBI. El corolario de este proceso es la propuesta presentada en St. Peterburg, Florida este 4 de marzo que deberá ser tratada, para ratificarla o no, en la próxima reunión plenaria de Junio.
Tengo en mi correo una copia de la propuesta, cruzada por una "tranquilizadora" advertencia que dice "DRAFT NOT AGREED TEXT" (TEXTO BORRADOR NO APROBADO). En muy pocas palabras y disfrazado por la sigla "TBD" (a determinar) plantea un cronograma de capturas de grandes cetáceos para los próximos 10 años. Si esto se aprueba se terminará la moratoria que rige desde 1986 y se podrá cazar ballenas en el Santuario Antártico (el cebo que ofrecen para lograr la aprobación de las naciones americanas es la concreción de su reclamo histórico: una zona en la que se proteja a los grandes cetáceos en el Océano Atlántico): o sea que países sin costas en la región podrían matarlas en aguas antárticas contra la voluntad de la inmensa mayoría de los países del hemisferio sur que no las cazan.
El resultado de una investigación conducida por el Dr. Andrew Pershing y sus colegas del Instituto de Investigación del Golfo de Maine nos puede ilustrar sobre una consecuencia desconocida de la caza de ballenas. "Las ballenas, al igual que cualquier animal o planta del planeta, están hechas de mucho carbono", dijo el experto. Cuando las ballenas mueren, sus cuerpos se hunden: así se llevan el dióxido de carbono directamente al fondo del mar, pero…"cuando las matas y las sacas del océano, estás eliminando dióxido de carbono de su sistema de almacenamiento y, posiblemente, liberándolo en la atmósfera". En principio, los científicos calcularon que 100 años de caza liberaron una cantidad de CO2 (un gas que provoca el efecto invernadero) equivalente a la quema de 130.000 kilómetros cuadrados de bosque templado. Incluso si las cifras pueden parecer pequeñas nos dan otra razón para proteger a los habitantes del mar de la depredación insensata y guiada solamente por la codicia.
Amigos, quedan 3 meses por delante: como habitantes de la región subantártica tenemos derecho a alzar nuestra voz. ¡No a la caza de ballenas!: ¡Que el Pequod no navegue nunca más!
Por Alejandro Patiño Alonso (fundacionvainoauer@gmail.com)
21/04/10
EL DIARIO DEL FIN DEL MUNDO
