(FNM) El Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) no quiere financiar más directamente a Sete Brasil, principal socia de Petrobras en la exploración del “presal”. Por temor al escándalo del Lava Jato, la institución pretende trasladar el riesgo de la operación a los bancos que ya son acreedores de la compañía.
(FNM) El Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) no quiere financiar más directamente a Sete Brasil, principal socia de Petrobras en la exploración del “presal”. Por temor al escándalo del Lava Jato, la institución pretende trasladar el riesgo de la operación a los bancos que ya son acreedores de la compañía.
En lugar de prestarle USD9.000 millones directamente a Sete, como prometió cuando se creó el proyecto, el BNDES ahora pretende transferir esos recursos a los bancos para que ellos financien a la compañía. De este modo, si el emprendimiento fracasara, la pérdida será para los bancos.
La propuesta fue presentada a los cinco bancos que ya dieron US$ 3.600 millones a la empresa: Banco do Brasil, Caixa Econômica Federal, Santander, Bradesco e Itaú.
A la espera del financiamiento de largo plazo prometido por el BNDES desde la creación de Sete, esas instituciones concedieron préstamos de corto plazo –que ya vencieron y que deben ser extendidos por dos meses más.
Los bancos no están satisfechos con la propuesta del BNDES y uno de ellos le anticipó a Folha que no va a firmar un acuerdo en esas condiciones. Si no se aceptar la solución y el BNDES no financiara de hecho a Sete, la empresa podría quebrar dejando a los bancos con un pasivo multimillonario.
Ni el BNDES ni Sete se prestaron a hacer declaraciones.
La empresa Sete, una de las apuestas más ambiciosas del gobierno de la presidente Dilma Rousseff, fue creada por Petrobras para construir y luego alquilar 28 buques de perforación para Petrobras.
Presupuestado en US$ 25.000 millones, el emprendimiento atrajo socios de peso: Bradesco, BTG Pactual, Santander, FI-FGTS, Previ y Funcef, los fondos de pensión del Banco do Brasil y de la Caixa, que ya invirtieron R$ 8.300 millones.
Con la demora del BNDES, Sete viene atrasándose en sus pagos desde hace cinco meses, comprometiendo la construcción de las unidades. Los atrasos suman US$ 900 millones.
Lava Jato
La situación se tornó dramática después de que el exdirector de operaciones de Sete, Pedro Barusco, confesó haber cobrado coimas de los astilleros contratados para construir los buques, reproduciendo en Sete el esquema de desvíos que ya había practicado en Petrobras cuando fue gerente ejecutivo de la petrolera estatal.
Desde entonces, el BNDES pasó a exigir garantías cada vez mayores para liberar el préstamo de largo plazo. Hasta la presidente Rousseff entró en el juego para presionar a la dirección del banco.
Para los accionistas de Sete, el comando del BNDES se quiere distanciar de la compañía por temor a las ramificaciones del Lava Jato. Los analistas del mercado alegan otro motivo. Sete nació para explorar el presal con un barril de petróleo por encima de US$ 100. Hoy, a US$ 58, su viabilidad quedó comprometida.
El “impasse” también lleva a Petrobras y a sus proveedores a reducir los encargos de buques de perforación. Para Petrobras, esto ayudaría a su programa de reducción de inversiones. Para a Sete también sería una salida, porque disminuye su necesidad de financiamiento.
El problema es que, al escoger ese camino, los socios de Sete tendrían que asumir pérdidas generadas por la reducción, generando un nuevo punto de tensión en la compañía. (Por Folha de São Paulo en Portos e navios. Adaptado al español por NUESTROMAR)
18/03/15

