Krill antártico: el aliado austral que elimina el CO2 de la atmósfera

Krill antártico: el aliado austral que elimina el CO2 de la atmósfera

Hasta ahora, se conocía que el krill antártico jugaba un papel relevante en el secuestro de CO2 a través de sus excreciones. Un reciente estudio ha señalado que las cantidades que antes se estimaban pueden elevarse hasta las 300.000 toneladas de CO2 diarias. El secreto es la muda cada 10 días de su exoesqueleto.

En las gélidas aguas del océano austral, los científicos han descubierto lo que podría ser el perfecto aliado para mitigar algunos de los gases de efecto invernadero (GEI) que emitimos diariamente hacia la atmósfera.

Su nombre es Euphausia superba, una especie de krill que habita los océanos que rodean la Antártida y que se diferencia del resto de sus familiares crustáceos por un pequeño detalle: al alcanzar el tamaño de un adulto, esta especie continúa mudando su recubrimiento corporal de forma regular.

Este dato, aunque parezca irrelevante, no lo ha sido para un grupo de científicos que los han estudiado durante todo 2017 y que han descubierto que son capaces de transferir hasta 300.000 toneladas de carbono -equivalente a las emisiones domésticas diarias de dióxido de carbono (CO2) registradas en Reino Unido- de la atmósfera al suelo de los océanos gracias a esta técnica.

“El Krill antártico es un crustáceo verdaderamente inusual que renueva su exoesqueleto cada 10 o 14 días, dependiendo de la estación en la que nos encontremos”, detalla Geraint Tarling, coautor del trabajo.

Una Mantarraya alimentándose a través de un banco de krill en las islas Malvinas
Según el estudio, publicado en la revista Nature Communications, el Krill, además de dar alimento a las principales especies que habitan la Antártida, como ballenas, focas o pingüinos, se presenta como una pieza fundamental dentro de los procesos biogeoquímicos, entre los que se encuentran el reciclaje de nutrientes y, por supuesto, el secuestro de carbono.

Este secuestro se inicia mediante el proceso de la fotosíntesis y, en anteriores trabajos, se afirmó que finalizaba a través de las excreciones del Krill, que transportan el carbono hasta el fondo del océano, por un lado, y con la muerte del individuo, por el otro.

Sin embargo, en ningún caso se llegó a estudiar en profundidad la repercusión que podría tener la muda de piel de esta especie de krill en ese ciclo y, por ello, Geraint Tarling y sus compañeros se trasladaron hasta el mar de Scotia, en las islas Georgia del Sur, para estudiar de cerca a esta especie de krill.

Allí, durante todo un año, analizaron con ayuda de una trampa para sedimentos el ciclo de vida del krill, sus ciclos reproductivos, sus excreciones y, sobre todo, las mudas que desechaban al océano. En este sentido, descubrieron que las mudas contenían una cantidad de carbono que variaba entre el 10% y el 23% del peso total en seco del animal.

“Nuestro estudio demuestra que la muda de piel contribuye a la captura de carbono en la misma medida que sus excreciones, por lo que las estimaciones anteriores sobre los flujos de carbono orgánico con alto contenido de partículas (POC) en los que participaba este krill podrían ser del doble si se tienen en cuenta las mudas de piel”, argumentan en el estudio.

“De este modo, la contribución del krill a este flujo re realiza principalmente a partir de sus pellets fecales y exuvias, que, en conjunto, comprendieron el 92% de la exportación total anual de POC en la región de estudio presente”, añaden los científicos.

“Por lo tanto, sugerimos que algunos de los sumideros de carbono más fuertes en el Océano Austral ocurren en regiones donde coinciden tanto la alta productividad primaria como las altas concentraciones de kril”, concluyen. (CARLOS DE PABLO – EL AGORA) #NUESTROMAR

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