Desde hace un par de años y con el objetivo de que se conozca la verdad sobre lo ocurrido con el hundimiento del Crucero General Belgrano, un grupo de ex marineros de la Armada Argentina, sobrevivientes de aquella tragedia bélica, visitaron por segunda vez Claromecó, invitados por la directora del Ente Descentralizado Claromecó Servicios Turísticos, María Angélica Souto. (Cabe destacar que asisten a todo aquel lugar en donde se los invita).
Desde hace un par de años y con el objetivo de que se conozca la verdad sobre lo ocurrido con el hundimiento del Crucero General Belgrano, un grupo de ex marineros de la Armada Argentina, sobrevivientes de aquella tragedia bélica, visitaron por segunda vez Claromecó, invitados por la directora del Ente Descentralizado Claromecó Servicios Turísticos, María Angélica Souto. (Cabe destacar que asisten a todo aquel lugar en donde se los invita).
Después de haber pasado en pleno invierno, hicieron un espacio para volver en verano, y fue en la noche del lunes en el Centro Cívico que ofrecieron el relato, en primera persona, de cada de una de las tres experiencias correspondientes, de un total de 1029, de las cuales 323, no podrán contarse jamás.
Son ellos: Armando Mercado, oriundo de Tucumán pero que ahora reside en Coronel Rosales, Punta Alta. Se desempeñó en aquella oportunidad como jefe de Farmacia del Crucero. Juan Carlos Martin, cabo principal artillero de la torre 4, natural de Córdoba y que hoy vive en la localidad balnearia de Villa del Mar habitada por 350 familias, donde es delegado municipal del distrito puntaltense. Completó el grupo Eduardo Antonio Catena, quien cumplió funciones como cabo principal desempeñándose como guiador de misiles Sea Cad, también oriundo de Córdoba.
Historias fuertes
Los tres arrastran historias fuertes, que cada uno se encarga de relatar con lujo de detalles, pero con el sólo propósito de que en el país circule información del acontecimiento, narrada por quienes la vivieron. Junto a otros ex combatientes han conformado la Asociación de la Ultima Tripulación Crucero General Belgrano, por medio de la cual, no sólo llevan sus relatos de lo ocurrido y reconstruyen historias junto a familiares de soldados marinos muertos en aquel hundimiento fuera de la zona de exclusión, donde no tuvo que haber ocurrido el desastre.
Es, sin dudas, la de Martin, la historia que más angustia traslada al espectador que logra seguirlo atentamente en su relato. Comienza contando que la de él es una "historia sencilla", y recuerda con claridad aquel 2 de abril cuando no quiso compartir el almuerzo en el comedor tradicional porque comenzaba a "no tenerle confianza..". Posteriormente indica que, después de comer y compartir una mesa de truco mientras hacía tiempo para tomar su guardia, se vieron sorprendidos por un impacto y un inmediato corte de luz en todo el crucero. Después de haber perdido el conocimiento y recobrar la conciencia, se despertó arrodillado y con la visibilidad totalmente reducida por el corte de la energía generada por una explosión y por una densa nube tóxica que quemaba todo a su paso, escaleras, mesadas, y todo lo que tocaba derretía. El uso de una linterna y una toalla personal para taparse la boca y contener la aspiración masiva del tóxico le permitieron buscar una salida hasta encontrar la luz, no sin antes quedarse con parte del cuerpo quemado y prendido de las ropas de un marino que caía sin posibilidades de sobrevivir. El intenso calor y el ambiente irrespirable convirtieron el lugar en un verdadero infierno del cual pudo salir orientándose por los gritos de aquellos que comenzaban a saltar hacia las lanchas.
"No tenía dolor"
Para esto, el crucero comenzaba a escorarse para luego hundirse hacia babor, pero antes y de manera milagrosa -quiza por su pedido a la Virgen Stella Maris- decidió arrojarse (como de un tobogán) desde lo alto de uno de los laterales (estribor) de la embarcación hasta dar con una de las lanchas en pleno camino, y donde cayó acomodado. Al llegar a esa balsa de emergencia, nadie lo reconocía porque su cara estaba desfigurada y en carne viva, y la piel de sus manos había sido derretida por los efectos de las sustancias que derramaron los dos torpedos sobre la proa y la popa del Belgrano.
"Yo veía cosas que me colgaban a mí en las manos medio amarillas, no me daba cuenta no tenía dolor, era como el barniz cuando se está secando; hasta que un suboficial me vio y dijo: ‘¡huy cómo estás!’", al ver su piel amarillenta desprendiéndose de su cuerpo. Martin, con sus 35 años logró sobrevivir, no sin pasar por otras circunstancias que prolongaron lo que en ese momento se parecía más a una agonía, que a un salvataje heroico, para que -entre otras cosas- su esposa lograra hallarlo con vida 24 días después.
23/01/08
LA VOZ DEL PUEBLO

