Es tan baja la incidencia del flete marítimo en el precio final de un bien de consumo que los buques y su mochila de contenedores podrían navegar en aguas calmas, con el casi infinito horizonte de océano y cielo como testigo, hasta llegar a buen puerto, sin preocuparse por asociaciones de consumidores presionando para que bajen sus tarifas.
Es tan baja la incidencia del flete marítimo en el precio final de un bien de consumo que los buques y su mochila de contenedores podrían navegar en aguas calmas, con el casi infinito horizonte de océano y cielo como testigo, hasta llegar a buen puerto, sin preocuparse por asociaciones de consumidores presionando para que bajen sus tarifas.
Bastó que a alguien se le ocurriera medir el impacto ambiental de los seguidores de Poseidón y ensayar acusaciones para sacarlos del clásico bajo perfil.
De lado quedó el individualismo que caracteriza a cada barco como punto perdido en medio del océano para encaminar ahora una campaña que los une en unión de flota, redundancia al margen.
Las 24 principales navieras del mundo invertirán un millón de dólares por año en su imagen.
En lo que a medio ambiente se refiere, la industria -que transporta el 90% de toda la mercadería comercializada en el mundo- emite 12,9 gramos de CO2 para mover una tonelada por kilómetro (medido en un barco de 3700 TEU). Un avión Boeing 747-400 emite 552 gramos. Para la misma carga y distancia, el mismo barco precisa 0,026 kilowatts frente a los 2,0 del avión.
Y hay que considerar además que un barco solo, de 8000 TEU, mueve lo mismo que 300 aviones Jumbo. O que uno de 11.000 TEU equivale a un tren de… 71 kilómetros de largo. El agua sigue siendo más eficiente y amigable que los rieles, las rutas y los aires.
Volviendo al costo: llevar un LCD de 700 dólares, de Asia a Estados Unidos, cuesta 15 dólares. Cualquier consumidor entiende estos números.
Por Emiliano Galli
05/02/08
LA NACIÓN
