Un equipo de investigadores ha llegado a la conclusión de que los embriones de salmón y arenque expuestos a niveles muy bajos de petróleo crudo pueden desarrollar defectos cardíacos ocultos que comprometen su supervivencia, un hallazgo que pone fin a una larga controversia.
Un equipo de investigadores ha llegado a la conclusión de que los embriones de salmón y arenque expuestos a niveles muy bajos de petróleo crudo pueden desarrollar defectos cardíacos ocultos que comprometen su supervivencia, un hallazgo que pone fin a una larga controversia.
A esta conclusión llegaron científicos de la NOAA después de investigar los efectos del derrame de petróleo del Exxon Valdez, occurrido en 1989, en las comunidades y los ecosistemas de Alaska a lo largo de 25 años.
Los nuevos hallazgos, publicados en la revista online Scientific Reports, sugieren que los efectos retardados del derrame pueden haber tenido un papel importante en los descensos de las poblaciones de salmón y arenque.
“Estos peces juveniles se ven completamente normales en su exterior, pero sus corazones no están funcionando de manera correcta y esto se traduce directamente en una menor capacidad para nadar y menor supervivencia”, explica John Incardona, un investigador en toxicología del Centro de Ciencias Pesqueras del Noroeste en Seattle (NWFSC), dependiente de la División de Pesca de NOAA.
“En términos de los impactos en los peces que desovan cerca de la costa, el derrame de petróleo probablemente tuvo una huella mucho mayor de la nadie se había dado cuenta”, agrega el científico.
La investigación se basó en trabajos anteriores realizados en los Laboratorios Auke Bay, dependientes del Centro de Ciencias Pesqueras de Alaska de NOAA, en los que se observó una disminución de la supervivencia de los embriones de salmones rosados expuestos a hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) del petróleo crudo.
“Nuestros hallazgos están cambiando el panorama en cuanto a la evaluación de los riesgos y los impactos potenciales de los derrames de petróleo”, afirma Nat Scholz, líder del programa de ecotoxicología del NWFSC y coautor del nuevo estudio.
“Ahora sabemos el corazón de los peces en desarrollo es sumamente sensible a la toxicidad del petróleo crudo, y que cambios sutiles en la formación del corazón pueden tener consecuencias tardías, pero importantes, para que sobrevivan durante el primer año, lo que a su vez determina la abundancia a largo plazo de las poblaciones de peces silvestres”, explica Scholz.
Los científicos que participaron en el estudio utilizaron la velocidad de natación como una medida del rendimiento cardiorrespiratorio, y encontraron que los peces expuestos a las concentraciones más altas de petróleo nadaron más lentamente. Una menor velocidad de natación indica una reducción de la capacidad aeróbica y del gasto cardíaco, y probablemente hace que los peces sean una presa más fácil para los depredadores.
“Con este impacto muy temprano en el corazón, uno termina con un animal que no puede bombear la sangre a través de su cuerpo, lo que significa que no puede nadar y capturar alimentos, formar cardúmenes, o migrar”, observa Marcos Carls, toxicólogo del Centro de Ciencias Pesqueras de Alaska.
Como parte del estudio, los científicos analizaron los datos sobre las concentraciones de petróleo medidas en muestras de agua superficiales recogidas en Prince William Sound después del derrame de petróleo y durante la temporada de desove del arenque en 1989. La mayoría de las 233 muestras contenían menos cantidad de petróleo de la que se creía en ese momento que era tóxica para el arenque, en base a anomalías del desarrollo general. Sin embargo, casi todas las muestras contenían concentraciones del mismo orden o superiores a las que el nuevo estudio muestra que alteran el desarrollo del corazón.
La investigación también llevó a los científicos a concluir que es probable que se hayan subestimado considerablemente los impactos del derrame del Exxon Valdez en las poblaciones de peces que desovan cerca de la costa de desove de peces, tanto en términos de la extensión geográfica del hábitat afectado como de la toxicidad persistente con un bajo nivel de petróleo.
“Los hallazgos probablemente contribuirán a una mejor evaluación de los impactos de futuros derrames de petróleo”, señala Incardona. “Ahora tenemos una idea mucho mejor acerca de lo que deberíamos estar buscando.” (Fis.com)
11/09/15

