Por lo menos 40 personas seguían desaparecidas tras el accidente de un crucero en la isla de Giglio; los 18 pasajeros argentinos, a salvo.
Por lo menos 40 personas seguían desaparecidas tras el accidente de un crucero en la isla de Giglio; los 18 pasajeros argentinos, a salvo.Todavía hay horror en los ojos de los sobrevivientes de la tragedia ocurrida anteanoche en aguas italianas, cuando el crucero “COSTA CONCORDIA” chocó supuestamente con una roca y quedó encallado en un banco de arena de Punta Gabbianara, frente a la isla de Giglio, hundiéndose dramáticamente, en escenas que todo el mundo comparó con el Titanic.
En un incidente aún confuso, que la justicia indaga y por el cual quedó detenido el capitán del barco, Francesco Schettino , murieron tres personas (dos franceses y un peruano, miembro de la tripulación), quedaron heridas decenas y anoche seguían desaparecidas, por lo menos, 40. La nave, de 290 metros de largo, estaba escorada 80 grados a estribor, con una grieta de 70 metros en el casco.
La tragedia, que causó polémicas por la negligencia en el manejo de la emergencia y porque la evacuación comenzó sólo una hora más tarde de la avería, ocurrió frente a las costas de la región de Toscana, unos 70 kilómetros al norte de Roma.
En la madrugada de hoy, los rescatistas encontraron a dos personas vivas en el casco semihundido del crucero. La búsqueda desesperada por más sobrevivientes continuaba.
“Fue un infierno; gente corriendo, llorando, escenas de pánico… Parecía el Titanic”, coincidían en relatar ayer los sobrevivientes, que evocaron el histórico hundimiento que, paradójicamente, el próximo 15 de abril cumplirá su 100° aniversario.
Entre los sobrevivientes estaban los 18 argentinos -entre ellos cinco niños- presentes en el crucero, que fueron localizados por la embajada argentina en Roma y que se encuentran bien. “Muchos de ellos estarán volviendo mañana [por hoy] a Buenos Aires”, informaron desde la embajada.
“Nos abandonaron, es una vergüenza. No sé cómo salimos de ese horror, quiero hacer una demanda”, clamaba ante LA NACION María Miguel Ayuso, una española de 63 años que vio de cerca la muerte: junto a su marido y a otras decenas de personas, sólo fue rescatada por la guardia costera a las 4 de la madrugada, siete horas después de que comenzó todo.
En efecto, precisaron diferentes fuentes, el capitán Schettino habría dejado el barco hacia las 23.30: en ese momento, en el crucero todavía había muchas personas sin evacuar.
“La tripulación se había ido, nos abandonaron en medio de la noche y el frío, mientras el barco, totalmente inclinado, se hundía. Los voy a demandar”, repetía, aún aterrada, envuelta en una frazada, en el hall del hotel Mediterráneo de esta ciudad.
El crucero, de la empresa naviera italiana Costa Cruceros, había zarpado a las 19 de anteayer -un viernes 13, hacían notar los argentinos-, con 4229 personas a bordo: entre ellos, más de 3000 pasajeros (989 italianos, 569 alemanes, 462 franceses, 177 españoles, 129 norteamericanos, y de otras 56 nacionalidades) y 1023 miembros de la tripulación.
Tres horas después de la partida, a las 21.25, se sintió un fuerte impacto. La mayoría de los pasajeros se encontraban sentados en sus mesas para la cena inaugural de una travesía que seguiría en Savona, primera etapa del crucero “Perfume de los cítricos”.
De repente, se sintió un sacudón muy fuerte que hizo caer todos los platos y se cortó la electricidad. Si bien en los parlantes se pasaba un mensaje que decía que estaba todo bajo control, que había un desperfecto técnico y que la empresa lo estaba solucionando, comenzó el pánico y el caos.
Pasajeros corriendo para hacerse de un chaleco salvavidas, tripulantes sin saber qué hacer, mozos llorando, personas que corrían hasta los botes de salvataje -presentes sólo de un lado de la nave, ya totalmente inclinada-, improvisación total para hacer frente a la emergencia, según testigos.
“Era un descontrol, era evidente que no sabían qué hacer los del crucero”, contó a LA NACION Laura Betti, una rosarina que vive en Málaga.
En medio de escenas de película, y mucha desesperación, personas que se peleaban para subirse a los botes de salvataje, otras que gritaban, los pasajeros comenzaron a ser evacuados hacia la cercana isla de Giglio. De allí, los sobrevivientes fueron llevados en ferry al puerto de Santo Stefano y luego, en ómnibus, a diversos hoteles de Roma y de Civitavecchia.
Anoche, mientras seguía la búsqueda de sobrevivientes, continuaba siendo poco clara la dinámica del incidente. El comandante, que fue detenido por homicidio culposo múltiple, naufragio y abandono de la nave, aseguraba que “no estaba señalada” la roca en la que se encalló la nave.
“Estábamos navegando a una velocidad regular, de turismo, cuando chocamos contra el borde de una roca que no estaba señalada”, relató Schettino, de 52 años, entrevistado por el canal Tgcom24, al precisar que sus “cartas náuticas indicaban que en ese lugar había agua suficiente para navegar”. Voces expertas, sin embargo, indicaban que resulta imposible con los mapas marítimos y la tecnología actual no detectar algo de ese tipo.
“El buque se acercó demasiado a la costa, encalló en una roca que se incrustó en el lado izquierdo de la quilla. Acto seguido, el buque se inclinó y muy rápidamente, en dos o tres minutos, comenzó a embarcar una gran cantidad de agua”, destacó el fiscal jefe de Grosseto, a cargo del caso, Francesco Verusio.
En tanto, también había temores por el impacto ambiental, ya que en las cisternas del crucero hay 2380 toneladas de gasoil que podrían derramarse en el mar
Por Elisabetta Piqué
15/01/12
LA NACION



