(NM) La pérdida de dos helicópteros de la Armada durante el incendio del “Almirante Irízar”, agrava la escasa disponibilidad de medios para el programa antártico nacional.
(NM) La pérdida de dos helicópteros de la Armada durante el incendio del “Almirante Irízar”, agrava la escasa disponibilidad de medios para el programa antártico nacional.
(NM) Con la serenidad que usualmente trae aparejada el paso del tiempo, y habiendo pasado un lapso prudencial desde el episodio que mantuvo en vilo a la comunidad antártica nacional y a no pocos de la internacional, es lícito reflexionar sobre las implicancias inmediatas y mediatas de los distintos factores que se vieron afectados en el siniestro sufrido por nuestro rompehielos, con la relativa tranquilidad que ofrece el saber que la probabilidad que vuelva a navegar está al alcance de la mano, aunque en un tiempo que necesariamente obligará a pensar en medidas alternativas para el futuro inmediato.
Para todo aquel no iniciado en la temática antártica, puede resultarle un tanto hermético el devenir anual de los procesos que se requieren para que lo programado por la Dirección Nacional del Antártico se vea plasmado en la realidad de aquella inhóspita geografía.
A aquellos con poca o ninguna experiencia en esta particular disciplina que enlaza importantes intereses nacionales, pero que están interesados en esta actividad que atrapa, es necesario ilustrarlos acerca de lo que implica el desenvolvimiento del programa antártico anual, en términos del desarrollo de las Campañas Antárticas que se suceden, sin solución de continuidad, desde hace 102 años.
Stearman en la Antártida en 1942. Instituto Aeronaval
El mecanismo que hace que nuestro país sea pionero y referente en esta actividad está compuesto por numerosos engranajes. Es necesario – y vital – que esos engranajes funcionen con una fluidez, soltura, flexibilidad y eficiencia tales, que permitan que el mecanismo en su conjunto cumpla con la función para la que fue concebido. La prueba final de todo este proceso se materializa con las Campañas Antárticas, oportunidad en que se produce el relevo de las dotaciones y el reabastecimiento de las trece bases y estaciones científicas, tanto permanentes como temporarias, y un gran número de refugios secundarios que nuestro país mantiene activos en ese continente.
Este tren de engranajes está integrado por diversos sistemas, todos importantes e ineludibles. Desde el empleado administrativo de menor nivel hasta las más altas autoridades nacionales que entienden en la actividad, pasando por todos los medios materiales que posibilitan la concreción de la presencia argentina en ese continente, tienen su cuota de responsabilidad y activa participación.
Durante el incendio del rompehielos “Almirante Irízar”, uno de esos engranajes sufrió un golpe devastador.
Se perdieron en el siniestro dos helicópteros Sea King de la Armada Argentina, que el buque llevaba embarcados.
Sea King operando con “cubierta caliente” (NM)
Estos helicópteros arribaron a nuestro país en el año 1972, siendo en su momento la mejor expresión de la tecnología de ala rotativa que ofrecía el mercado internacional. Prueba de ello es que aun hoy, 35 años después, continúan brindando su cotidiano esfuerzo en pos del desarrollo y la defensa nacional.
Son de procedencia norteamericana, fabricados y diseñados por la empresa Sikorsky Aircraft con las especificaciones requeridas por la Armada de los Estados Unidos para llevar a cabo, primariamente, tareas de lucha antisubmarina, operando embarcados en portaaviones y otros importantes buques de su flota. Su extraordinaria versatilidad, también les permite llevar a cabo otras múltiples tareas, como la búsqueda y rescate en el mar, apoyo a la comunidad en caso de emergencias o catástrofes, transporte de personal y carga – tanto interna como externa – y otras de la más variada naturaleza, que sus particulares aptitudes le permiten desarrollar.
Desde el punto de vista de su tamaño, son considerados en la franja superior de los helicópteros medianos, tienen un peso máximo de despegue cercano a las 10 toneladas, cinco horas de autonomía de vuelo (más la que gane con la incorporación de tanques auxiliares), una velocidad máxima de 220 km. por hora, un techo de servicio cercano a los 4.000 metros y puede transportar hasta 24 personas en su interior (más la tripulación) o su equivalente en carga. En caso necesario, puede llevar hasta 3.600 kg. de carga colgados en un gancho externo bajo el fuselaje, capacidad intensamente explotada durante la actividad en la Antártida para el sostén logístico de las distintas bases, destacamentos y refugios.
Originalmente fueron adquiridos cinco helicópteros, ampliándose posteriormente el número a nueve durante el año 1987, cuando se incorporaron los cuatro que la Dirección Nacional del Antártico adquirió a la empresa italiana Agusta, que los fabricaba bajo licencia.
Base Antártica General Belgrano II (NM)
La participación de los helicópteros durante las Campañas Antárticas es imprescindible, ya que hay varios asentamientos ubicados en lugares cuyo acceso primario – cuando no único – para el abastecimiento logístico es por vía aérea. Tales los casos de las bases permanentes Belgrano II y Marambio (operadas por el Ejército y la Fuerza Aérea respectivamente) y las bases transitorias Primavera y Matienzo (a cargo de las mismas Fuerzas).
Base Marambio. (NM)
No es de extrañar esta dependencia del helicóptero en los tiempos que corren. Los buques con mejores aptitudes que operan en la Antártida incluyen helicópteros en su lista de capacidades. Pongamos como ejemplo el rompehielos de la Armada del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, HMS “Endurance”, que cuenta a bordo con dos helicópteros Westland “LYNX” y que anualmente opera en sectores muy próximos a los propios para reabastecer, entre otras, a la base antártica británica “Halley Bay” (75º 34’ S – 26º 25’ W).
Helicóptero Sea Linx del HMS Endurance (NM)
Nuestro país opera helicópteros en la Antártida desde el año 1952, habiendo dado, durante más de medio siglo, claras muestras de ser un instrumento inapreciable, en un escenario caracterizado por condiciones sumamente complejas que condicionan todo tipo de operaciones, sumado a un ambiente siempre hostil, donde los intempestivos cambios climáticos y las bajas temperaturas son moneda corriente.
Base transitoria Primavera (NM)
Es por la comprobada necesidad de este tipo de medios aéreos que la reciente pérdida de los dos helicópteros aparece como más ominosa. Pero no es la primera desgracia en que la Armada sufre la pérdida de helicópteros en la Antártida. Cabe mencionar que al perderse el transporte polar “Bahía Paraíso”, en enero de 1989, también se perdieron dos helicópteros del mismo tipo, prácticamente nuevos. Estas aeronaves, igual que el buque polar, nunca fueron reemplazadas.
Paralelamente, es de público conocimiento el continuo deterioro del presupuesto que sufrió el área de Defensa desde hace más de 20 años. Esta restricción, por generar deficiencias que ineludiblemente son acumulativas, hace que en la actualidad los medios materiales asignados a la actividad antártica nacional vean muy comprometido su mantenimiento y mucho más su recuperación.
Debe recordarse también que a lo largo de los años dejaron de operar en estas tareas dos helicópteros Boeing CH 47 CHINOOK de la Fuerza Aérea Argentina (uno accidentado) y tres helicópteros Aeroespatiale AS 332 Super Puma del Ejército. Estos últimos están por cumplir siete años desde que quedaron sin servicio por falta de presupuesto para mantenimiento.
Super Puma del Ejército Argentino (NM)
Hoy la Armada se suma a esta lamentable estadística, restando sólo cinco de los nueve “SEA-KING” originalmente incorporados. Huelga decir los extraordinarios esfuerzos de todo el sistema de mantenimiento para que los helicópteros remanentes mantengan su aptitud de vuelo, aunque la dilatada experiencia y el inclaudicable entusiasmo de los pilotos y de todo el personal técnico no alcanza a suplir la falta de un adecuado presupuesto. La pérdida de repuestos, herramientas especiales y documentación que acompañaba a los dos Sea King quemados, suma a la situación logística una cuota más de incertidumbre hacia el futuro.
Base Transitoria Benjamín Matienzo
Indudablemente se impone la adopción de medidas urgentes. Aun no es del todo tarde. Todavía hay valioso material de vuelo en condiciones de ser recuperado y de brindar muchos años más de importantes servicios a la Nación. También se puede recurrir a la adquisición de material que atenúe las consecuencias inmediatas de la falta de aeronaves aptas para la tarea antártica. La solución de base pasa por la asignación de recursos para ello. Alguien deberá tomar la decisión o resignarse a perder otro motivo de orgullo nacional en el contexto mundial.
16/05/07
NUESTROMAR

