La Vicepresidenta del gobierno español visita Buenos Aires en medio de una crisis de suma gravedad. Preocupación española por los actos vandálicos contra empresas de ese país.
La Vicepresidenta del gobierno español visita Buenos Aires en medio de una crisis de suma gravedad. Preocupación española por los actos vandálicos contra empresas de ese país.
BUENOS AIRES. María Teresa Fernández de la Vega llega hoy a Buenos Aires donde le espera un problema de gran calado: los empresarios de las compañías pesqueras españolas, incendiadas y saqueadas hace tres semanas en Puerto Deseado (Patagonia), reclamarán su apoyo para que se haga justicia y dejen de ser víctimas de las tensiones y disputas políticas que se viven en Santa Cruz, la provincia del presidente Néstor Kirchner.
Como consecuencia de los asaltos, Arbumasa (Grupo Amasua), Argenova (Pescanova), Empesur, Pescargem (José Abal), Santa Cruz y Vieira, todas de capital español, estiman unas pérdidas por daños materiales en torno a los ochenta millones de euros. La cifra exacta se conocerá esta semana ya que sus fábricas permanecieron tomadas hasta el jueves pasado y no pudieron entrar hasta entonces para hacer balance de los destrozos cometidos el 20 de julio. Los autores fueron un grupo de de encapuchados y marineros, algunos del sector duro de la legalmente inexistente Agrupación de Marineros Santacruceños, entre los que se hallaba Daniel Medina, alias «Colmillo Blanco» y otros con antecedentes penales, que pudieron actuar libremente, escoltados por el jefe de policía local y un grupo de efectivos a sus órdenes.
Ni un solo detenido
Los empresarios lamentan que «además de no haber un solo detenido, el Gobierno de Néstor Kirchner y el Gobernador de la provincia, Daniel Peralta, amparen implícitamente a los delincuentes». Lo hacen al sentarse a negociar con ellos, «al reconocerles -explican- una inexistente entidad jurídica y dictar una orden de conciliación obligatoria a través del Ministerio de Trabajo. En el caso de Peralta, nos amenazó con imponer la renovación mensual de las licencias de pesca. Para colmo, el gobernador, después de habernos apoyado en privado, nos acusó públicamente de provocar los asaltos por habernos enriquecido, cuando hoy cuesta más la pesca de un kilo de langostino -unos siete dólares- que su venta que está por debajo de ese precio».
En rigor, Peralta fue más explícito: «No habrá más permisos de pesca que se evalúen cada año, sino que cada mes van a tener que rendir cuentas a la provincia y a la sociedad», dijo después de afirmar: «Lo único que han hecho los empresarios en el último tiempo fue ganar plata y cuando hay un problema se acuerdan de responsabilizar a los trabajadores».
Algunos ejecutivos recuerdan que «las declaraciones de Peralta se produjeron tras conocerse el malestar de Cristina Fernández de Kirchner en Madrid después de su reunión con inversores españoles». «Hecho político», dijo la primera dama, senadora y candidata a las elecciones de octubre para definir los sucesos que convirtieron buena parte del parque industrial de Puerto Deseado (2.000 kilómetros al sur de Buenos Aires) en tierra quemada.
Los asaltantes, disidentes del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (Somu) reclamaban la exención del pago del impuesto sobre la renta y una subida de sueldo del 50 por ciento. La patronal y el Somu renovaron su convenio en marzo, «el único de Argentina en dólares», recuerdan los empresarios antes de aclarar que el mismo, «establece que los marineros, que trabajan entre cuatro y cinco meses al año, cobran una media de 10.000 pesos mensuales, unos 2.500 euros. Es el sector mejor pagado de Argentina, nunca en la historia han estado mejor», advierten después de recordar que el sueldo mínimo en Argentina es de unos 200 euros. Estos argumentos son los que pondrán sobre la mesa cuando se entrevisten mañana con De la Vega.
Vandalismo
Los asaltantes fueron primero a la fábrica de Viera, donde destrozaron el mobiliario y los equipos informáticos, prendieron documentos y arrojaron gasoil para intentar quemar el edificio, cosa que no lograron debido a las temperaturas bajo cero que se registraban. Gracias a ello, Vieira salvó el grueso de sus instalaciones.
No le sucedió lo mismo a Arbumasa, la empresa más afectada de todo el polígono industrial, que había ampliado sus instalaciones este año. Tres cámaras frigoríficas, el depósito de materiales, cerca de ochocientas toneladas de mercancía… «Pasaron como un tsunami de fuego», observa uno de los hombres de la casa. Especializados en la pesca del langostino y el calamar, con una inversión desde 1989 estimada, según reconocen, en unos quinientos millones de dólares, «después de esto -lamentan- se te quitan las ganas de invertir… En lugar de detener a los salvajes, a los delincuentes, el Ministerio de Trabajo dicta una orden de conciliación obligatoria con un gremio que no está reconocido legalmente».
Reducido a un amasijo de hierros la mayor parte de Arbumasa, las oficinas de Empesur se transformaron en un puro escombro. «No tengo nada que decir», balbuceó impotente Antonio Rama, directivo de la empresa al ser interrogado por los periodistas. En el caso de Argenova (Pescanova) sus instalaciones no recibieron el mismo grado de ensañamiento, pero sufrieron daños importantes, «en el sector administrativo».
Repetido el escenario en el resto de las compañías, imborrables las imágenes de las fábricas convertidas en teas como rascacielos, sus directivos no disimulan la rabia contenida, «fue una zona liberada para el saqueo. La policía no intervino y el Gobierno se lavó las manos porque, como se excusó un ministro: no queremos que nos coloquen un muerto».
«Que no quede ninguna en pie»
En esta situación, después del día de furia que puso a Puerto Deseado en llamas, los asaltantes permanecieron, como venían haciendo desde principios de julio, bloqueando los accesos a las fábricas hasta el 2 de agosto. Antes el jefe de la Policía de la Provincia, el comisario mayor Wilfredo Roque, inspeccionó la zona del siniestro con «Colmillo blanco», el mismo que había declarado después de los incendios que las protestas contra las empresas, «van a seguir hasta que no quede ninguna en pie».
Por Carmen de Carlos
07/08/07
ABC

