De la Patagonia a Buenos Aires

Con un año de diferencia, el Consejo de Empresas Pesqueras Argentinas coincidió con el preocupante diagnóstico del sector pesquero realizado en agosto de 2007 por CAPeCA. Quizás en la Patagonia la crisis estalló antes porque muchos de los costos de producción que inciden sobre la estructura financiera de las empresas son notablemente más altos que los de Buenos Aires. Pero lo cierto es que hoy la Patagonia y Mar del Plata, plazas otrora enfrentadas, comparten el mismo análisis y se aúnan en el reclamo aunque por el momento no lo formulen al unísono.

Con un año de diferencia, el Consejo de Empresas Pesqueras Argentinas coincidió con el preocupante diagnóstico del sector pesquero realizado en agosto de 2007 por CAPeCA. Quizás en la Patagonia la crisis estalló antes porque muchos de los costos de producción que inciden sobre la estructura financiera de las empresas son notablemente más altos que los de Buenos Aires. Pero lo cierto es que hoy la Patagonia y Mar del Plata, plazas otrora enfrentadas, comparten el mismo análisis y se aúnan en el reclamo aunque por el momento no lo formulen al unísono.

En un informe presentado a la ministra de Producción bonaerense Débora Georgi, CEPA sostiene que el resultado económico de las actividades que realizan sus empresas asociadas está basado en la pesca, transformación y venta de calamar, langostino y pescados blancos, agrupando en este último grupo a las especies que conforman el denominado variado costero bonaerense, además de anchoita y caballa.

Las especies mencionadas son las más importantes del caladero argentino, con excepción de variado costero ausente en la Patagonia, razón por la cual no resulta relevante desde donde se pescan sino que comparten las mismas particularidades en cuanto a captura, costos, mercado y administración del recurso. Para ambas regiones compartir los mismos recursos significó una competencia despiadada para su apropiación cuando las condiciones fueron favorables, pero ahora son esos mismos recursos los que las “asocian” a partir de una visión común frente a la progresiva disminución de la competitividad.

Por ello ni patagónicos ni bonaerenses claman por más cupos de merluza, ambos saben que su situación biológica es por demás delicada aún cuando la reducción de la CMP de la merluza incide ampliamente en la ecuación económica de las empresas.

Ambas cámaras describen el acuciante presente a partir de la situación de los mercados. Así afirman que el calamar se encuentra con poca demanda y que los precios han tenido una baja del orden del 40-50%, que los precios del langostino también han disminuido entre un 30 y 40% ,y en cuanto a los pescados blancos, el precio de la merluza parece haber encontrado su techo. De ahí que concluyan que desde el punto de vista del mercado, aún manteniendo el volumen, los ingresos de las empresas disminuyen. Situación que se agrava por la pérdida de competitividad del tipo de cambio desde la salida de la convertibilidad.

Además de la situación de los mercados existen otros factores que contribuyen a la pérdida de competitividad. Entre ellos se destacan los aumentos de los costos de los principales insumos. En el período comprendido entre enero de 2003 y agosto de 2008 el precio del combustible se incrementó un 97%, el costo del cartón corrugado aumentó un 97%, mientras que el film de polietileno varió en un 150%.

La incidencia de estos insumos en el costo de los productos finales más elaborados se hace más notoria, ya que se reduce la participación de la materia prima original y se incrementa la participación de otros productos y de materiales de empaque que han aumentado muy por encima de los ejemplos dados.

Con razón también se advierte sobre el aumento de los costos de la operatoria portuaria en términos de pagos de derechos y de operatividad de muelles, verdaderos costos invisibles para los buques pesqueros. Además de los incrementos en los valores de la estiba que pasaron de 25 a 45 dólares la tonelada.

Respecto a los salarios, las estadísticas oficiales reconocen que la pesca fue uno de los sectores que, a partir de la devaluación, exhibió mejores índices de recomposición salarial, situación que hoy se vuelve imposible de mantener.

A la hora de hacer propuestas ni los patagónicos de CAPeCA ni los bonaerenses de CEPA ahorran ideas para revertir la crisis. Desde la devolución de impuestos teniendo en cuenta que el 90% de lo que se produce se destina a la exportación, la posibilidad de importar insumos libres de impuestos, o la reducción de la carga impositiva vía reducción de las retenciones y la ampliación del sistema de reintegros. Los bonaerenses solicitan también una consideración particular a la hora de aplicar la reciente reforma del impuesto a los Ingresos Brutos y los patagónicos bregan por el restablecimiento de los reembolsos.

Desde el punto de vista de la administración del recurso ambas organizaciones coinciden en la necesidad de mejorar los sistemas de controles, de reducir los descartes, de terminar con los canales espurios de comercialización, entre otras saludables medidas.

Desde la Patagonia a Buenos Aires hay un análisis compartido, ahora se trata de ser oídos para dar sustentabilidad a la pesca argentina.

22/09/08
PESCA & PUERTOS

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