Consejos útiles para evita abordajes

El diccionario de la Real Academia Española define así la palabra abordaje: “acción de abordar un barco a otro, especialmente con la intención de combatirlo”.

El diccionario de la Real Academia Española define así la palabra abordaje: “acción de abordar un barco a otro, especialmente con la intención de combatirlo”.

Es curioso el concepto de “combate” que trae consigo la definición académica pero, en cierta medida, se nutre de la idea de que un abordaje no debería ocurrir por ninguna otra razón.

Como siempre apunto a la prevención, continuaré en esa línea en esta oportunidad. Salvo excepciones, al menos en lo deportivo, la mayor cantidad de abordajes se producen por impericia o desconocimiento del límite de maniobra del barco que uno tiene a cargo sumado al total desconocimiento de lo que tiene el otro timonel en su cabeza.

Resulta sorprendendente ver, cada vez con mayor frecuencia, navegantes que dejan su barco “a cargo” del piloto automático y se desentienden del entorno. En cierta oportunidad vi pasar a un 32 pies rumbo al Puerto de Buenos Aires (a unos cuatro nudos) fielmente timoneado por el piloto automático, mientras su único tripulante estaba profundamente dormido en el cockpit.

Considerando este ejemplo, tan escalofriante, enunciaré algunas conclusiones sin dejar de recordar que el RIPPA existe, lo debemos conocer y nos cae con todo su peso cuando somos negligentes y nos vemos envueltos en un accidente:

Mantener una correcta vigilancia, en todo momento, no sólo es una buena política sino que es nuestra obligación.

Cuando navegamos con una genoa u otra vela que no nos deje ver a sotavento desde el timón, tenemos que poner a alguien a vigilar el entorno.

No importa si vamos con buenas o malas amuras ya que no sabemos si en los barcos cercanos saben algo de derechos de paso. Además, puede ocurrir que el peligro a sotavento sea un tronco, una boya, un pilote, etc. (quienes tampoco saben mucho del tema).

Cuando ponemos a alguien a vigilar debemos instruirlo sobre lo que queremos que vigile. De nada sirve que nos avise de una situación de abordaje cuando es un hecho consumado o, por el contrario, nos enumere a todos los barcos y obstáculos que están a sotavento nuestro, en un radio de diez millas. Tengamos en claro que la responsabilidad final no es de quien ponemos a vigilar sino nuestra. Eso no se delega.

Ya dijimos que del otro posible actor de una colisión no sabemos nada… Y así es. Puede ser el mejor navegante o el peor de todos. Puede estar distraído o gustarle hacernos un “finito”. Por eso es importante:

Hacerle ver, clara y definidamente (con tiempo y a una distancia prudencial), cual será nuestra maniobra; cayendo hacia una u otra banda de manera de que no haya dudas sobre nuestra intención.

Aunque naveguemos con buenas amuras, si vemos que el otro timonel no se define o no le importa nada; maniobremos nosotros. Es preferible huir con todo el derecho de paso y el barco sano, que sufrir una colisión, con todo lo que ello implica.

Tener siempre en cuenta las restricciones de maniobra que el otro barco pueda tener y le impidan maniobrar a nuestro favor, si esto correspondiera.

Si ve que lo inevitable está por ocurrir, o sea que se va a producir una situación violenta de abordaje, actúe de la siguiente manera:

Evite los actos heroicos de su tripulación. Su misión primaria es proteger la salud e integridad de quienes lo acompañan. No permita que intenten poner manos, brazos, pies y piernas para parar lo que no se puede parar. Sumar a los daños de un barco a uno o más heridos pasa a tener dimensiones impensadas.

Los canales de acceso de los clubes son el caldo de cultivo de las colisiones. Por ellos navegan barcos a motor, barcos a vela, niñitos angelicales en Optimist (la Ley de Murphy dice que siempre se nos interpondrán bordejeando), barcos apurados por salir, barcos apurados por entrar, etc. La mejor política es:

Calmar la ansiedad y esperar unos minutos si vemos que el canal de acceso está siendo transitado por una excesiva cantidad de barcos.

Si navegamos a motor, entrar al canal de acceso a la mínima velocidad posible (sin perder maniobrabilidad).
Por Manuel Torrado

26/07/10
BIENVENIDO A BORDO

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