En la nota del 8 del corriente, "La energía está en el mar", "La Nueva Provincia" preguntó si la explotación de microalgas marinas para producir biocombustibles encontraría resistencia en los sectores que trabajan en la búsqueda de biocombustibles desde los cultivos tradicionales.
En la nota del 8 del corriente, "La energía está en el mar", "La Nueva Provincia" preguntó si la explotación de microalgas marinas para producir biocombustibles encontraría resistencia en los sectores que trabajan en la búsqueda de biocombustibles desde los cultivos tradicionales.
Aunque una respuesta acabada a esta muy pertinente pregunta requiere un análisis económico cuantitativo y otro político, los que no podemos abarcar, quisiéramos expandir la respuesta original con consideraciones cualitativas.
Dichos análisis dependerán de la legislación que reglamente el uso de la tierra en diferentes lugares del mundo. Esa legislación se deberá basar, entre otros criterios, en una muy cuidadosa evaluación del impacto y riesgo ambientales de cultivar microalgas en ambientes artificiales terrestres. Si la legislación permitiera el uso de terrenos de real o potencial explotación agropecuaria para el cultivo de microalgas, los productores agropecuarios con terrenos suficientemente cercanos al mar y a fuentes de anhídrido carbónico concentrado (emisiones industriales) van a poder elegir cómo usar su tierra y, eventualmente, decidir transformar su producción en una de microalgas y aumentar el rendimiento y sus ganancias.
Si, en cambio, la legislación prohibiera el uso de terrenos agropecuarios para cultivar microalgas, los productores siempre podrán utilizar su propiedad para explotar cultivos clásicos para producir alimentos y/o biocombustibles, manteniendo sus ganancias, ya que ambos serán cada vez más necesarios para una población mundial en aumento.
En particular, es de esperar que la demanda mundial de biocombustibles absorberá por largo tiempo tanto el biocombustible producido a partir microalgas como el producido con cultivos clásicos, aunque estos últimos tengan productividades menores. Por ejemplo, en Europa, la obligación de mezclar biocombustibles con los combustibles clásicos se basa principalmente en la necesidad de mitigar las emisiones para combatir el cambio climático y es independiente del precio del petróleo, el que coyunturalmente puede dramáticamente caer, como en este momento.
Para establecerse, la tecnología de microalgas para la generación de biocombustibles y otras materias primas necesita aún de mucha investigación en las áreas de biotecnología de algas, ecología, ingeniería y economía. Sin embargo, su potencialidad parece indicar que traerá beneficios al mundo, a los países y a los intereses privados. Ing. Mishka Talent y Dr. Javier G. Fernández-Velasco, The Australian National University Canberra, Australia
22/11/08
LA NUEVA PROVINCIA – BAHÍA BLANCA
