Ya suman 30 los barcos que ingresaron a Puerto Deseado. Trabajadores y comerciantes agradecidos.
Ya suman 30 los barcos que ingresaron a Puerto Deseado. Trabajadores y comerciantes agradecidos.
Mientras en la ciudad petrolera se espera con ansiedad un nuevo arribo de buques que le de operatividad a ese muelle, el puerto de esta ciudad se encuentra desbordado de buques poteros, muchos de los cuales inclusive aguardan expectantes en rada en tanto se produce la descarga de los que tuvieron la suerte de ingresar primero a la estación marítima.
La llegada de los barcos que ya suman 30 con un promedio de descarga de 400 toneladas cada uno -cuatro de los cuales ya van por la segunda marea realizada- le ha cambiado el cara a esta ciudad cuya depresión económica tocó fondo tras la quema de las plantas pesqueras.
En ese sentido, tal es el movimiento que se concentra en la zona portuaria que las dos navieras que operan por esta ciudad atendieron a 10 poteros despachando en las bodegas de los enormes buques mercantes centenas de contenedores con un total de cuatro mil toneladas de calamar entero y vaina que una vez consolidados fueron despachados a distintos mercados europeos y asiáticos.
Si bien en un principio el tamaño del illex no soportaba ningún proceso, con el correr de los días las cosas fueron cambiando y hoy las bodegas de los buques que ingresan al puerto acusan en sus descargas un moderado porcentaje de vaina (calamar semi procesado) que tiene como principal destino el mercado español.
Nueve poteros descargando
El gran despliegue de buques poteros se puso de manifiesto durante estos días cuando nueve barcos de pesca selectiva se encontraban realizando operatorias de descarga. "Había un total de 350 estibadores entre fijos y casuales" que trabajaron esos días más camioneros, gente de los talleres navales, gente de las agencias y marineros de guardia, el puerto parecía una ciudad", señaló una fuente.
Empanadas para los estibadores
Una postal del gran movimiento portuario, la representan los vendedores ambulantes que en pocos minutos de deshacen de su mercadería gracias al apetito voraz de los hombres que cambian de turno. "Está bueno que vengan los barcos porque así tenemos trabajo también nosotros", confesaba un vendedor mientras entregaba una docena de empanadas a un joven trabajador.
En tanto otro a punto de marcharse tras una buena jornada de trabajo enseñó a Crónica el jornal de 500 pesos que había recibido por un solo día de labor. "Lo que pasa que son dos turnos que los pagan doble y más lo que se gana por producción, con esto ayudo a mi papá", señaló sonriente el joven acompañado de otros estibadores casuales con documento.
"Quemaron las plantas y ahora nos quitan el trabajo"
Otra postal menos feliz la representan Mónica y Maria, dos jóvenes madres que tratan de acortar el tiempo tomando mates con una yerba lavada de tanto usarla. "Ayer vinimos y no entramos, hoy tampoco y estamos esperando a ver qué pasa", se quejan un tanto incómodas ante la presencia de efectivos de Prefectura.
De estatura más bien pequeña y delgadas parece imposible que estas muchachas puedan soportar el peso de las pastillas congeladas de calamar, sin embargo Mónica dijo convencida no tenerle miedo al trabajo; "yo trabajé toda en mi vida, pero ahora estoy desocupada; en la pesquera donde trabajaba luego de la quema de las plantas me despidieron y tuve que mandar a mis chicos a Mendoza con mi mamá porque la casa que alquilaba no la podía pagar; alquilé una piecita pero ahí no me dejaban tenerlos, y eso es muy doloroso", contó con un hilo de voz al tiempo que se mostró contrariada por la presencia en el puerto como estibadores casuales de los cabecillas de la Agrupación de Marineros de Santa Cruz de Daniel Medina y Ricardo Soto.
"Un compañero me dijo que entran todos los días a trabajar y se hacen todos los turnos; muchos les tienen bronca y temen que por ahí se les de la loca de incendiar los barcos, y a mí de solo saber que nos están sacando el trabajo me da rabia porque por culpa de ellos yo tengo que estar lejos de mis hijos; si estos tipos no hubieran incendiado las plantas, yo tendría mi familia unida y no estaría pasando por esto", señaló por último no sin cierto encono la joven trabajadora.
02/04/08
CRÓNICA – COMODORO RIVADAVIA

