Comenzó el reconocimiento, de parte de los pescadores artesanales del Golfo San José y los emprendedores que sobreviven gracias a la explotación comercial del recurso de bivalvos que posee el Golfo San José, en “valorar fuertemente el esfuerzo realizado por el gobierno de la provincia en conseguir la certificación de las aguas de ese accidente geográfico”.
Comenzó el reconocimiento, de parte de los pescadores artesanales del Golfo San José y los emprendedores que sobreviven gracias a la explotación comercial del recurso de bivalvos que posee el Golfo San José, en “valorar fuertemente el esfuerzo realizado por el gobierno de la provincia en conseguir la certificación de las aguas de ese accidente geográfico”.
“Para nosotros –remarcó el pescador Manuel Suárez- es como comenzar a jugar en primera respecto a la calidad, el valor y el reconocimiento que puedan adquirir nuestros productos”, y en ese sentido “deberemos mejorar todos los aspectos”.
Pero a su vez lamentó que “será como jugar en primera división ‘en pata’ y con una pelota de trapo, porque nuestras embarcaciones no están preparadas en forma adecuada para semejante emprendimiento, es necesaria una mayor logística y readecuación” de la técnica que poseen.
En ese sentido que sería necesaria “una urgente asistencia financiera por parte del Estado para el mejoramiento de la flota artesanal, similar a lo que ocurre con los pescadores artesanales del Puerto Rawson, quienes disponen de una ‘caja chica’ para utilizarla en situaciones de premura como la destrucción de un motor, la adquisición de fondeos o equipos, e incluso la renovación del casco. En el Golfo San José no tenemos nada, aunque sí la muy buena voluntad del Gobernador Mario Das Neves, quien entregó un subsidio de dos mil pesos hace algunos meses atrás para que podamos adquirir equipamiento de buzos nuevos, aunque no alcanzó más que para la chaqueta, que tiene un valor de más de mil ochocientos pesos. Tenemos que comprar compresores y las embarcaciones no son las adecuadas, a pesar que reúnen las condiciones de seguridad, no cuentan con compartimientos especiales para depositar el producto recogido, que tiene que quedar aislado del combustible y los lubricantes”.
“Prohibir motores de dos tiempos”
Según anticipó, una vez conseguida la certificación de aguas todos quienes ingresen a navegar al San José deberán cambiar sus plantas motrices, porque “se utilizan motores de dos tiempos, los que terminan por descargar al mar casi un litro de lubricante por día. Se debería prohibir la entrada a Península de embarcaciones con motores de combustión de dos tiempos, por su pérdida de hidrocarburos. Si se considera que hay días en que navegan unas veinte lanchas, son casi veinte litros de aceite de motor”.
Aseguró que “no se pide un subsidio, sino que se pueda renovar la totalidad de la flota con embarcaciones que posean motores de cuatro tiempos, con casco adecuado, y a través de, por ejemplo, créditos prendarios sobre la embarcación y el permiso de pesca. Todos los pescadores devolverían el dinero en cuotas, porque nadie quiere perder un permiso de pesca. Si bien estamos ante un problema, también estamos mostrando una posible solución”.
Demandan participación
Manuel “Manolo” Suárez dijo que ante la certificación de aguas, se está ante una oportunidad única para elaborar un plan de manejo en serio del Golfo San José, en el que puedan participar científicos y quienes realmente conocen el mundo costero y submarino de esas aguas, no por oportunistas que se hagan llamar ecologistas sólo para obtener algún rédito al mostrar su participación activa en algo”.
Dijo que “no se puede volver a lo que en alguna oportunidad ocurrió, cuando apareció alguna iluminada a tomar decisiones sin tomar en cuenta lo que realmente ocurre en ese Golfo. Nosotros más que nadie estamos interesados en que se conserve” la biodiversidad del sitio, “porque de ello vivimos, si se arruinara nuestro recurso es destruir nuestra fuente de trabajo y subsistencia familiar. Nadie quiere dejar a sus hijos sin comer por no cuidar lo que la naturaleza pone a disposición”.
Sobre las costas del San José viven unas veinte familias, “que no están amparadas por ningún régimen legal, que viven de la recolección costera. Cuando llega el arribazón de vieyras se pudren en la costa y estas familias o lo pueden aprovechar por no contar con un marco legal. El Estado debiera tomar ingerencia en ello. Son pocos los que aprovechan ese recurso disponible y lo tienen que hacer en forma clandestina. Sería importante que desde la Subsecretaría de Pesca se proponga un marco legal para los recolectores costeros, habría que tener inspectores bromatológicos en la costa para autorizar esa recolección. Se debería precintar los camiones que salen con esa mercadería de la costa y así combatir el trabajo clandestino de vieyras” sugirió Manuel Suárez.
10/05/07
DIARIO DE MADRYN
