La ambición de la petrolera rusa Lukoil por explotar los mejores yacimientos argentinos, dos años y medio después de que la presidenta Cristina Fernández expulsara a Repsol del país, y las millonarias inversiones chinas para la creación de infraestructuras en Patagonia, representan dos ejemplos amenazantes para los intereses de las grandes empresas españolas en Iberoamérica, que han de hacer frente a un eje chino-ruso cada vez más agresivo.
La ambición de la petrolera rusa Lukoil por explotar los mejores yacimientos argentinos, dos años y medio después de que la presidenta Cristina Fernández expulsara a Repsol del país, y las millonarias inversiones chinas para la creación de infraestructuras en Patagonia, representan dos ejemplos amenazantes para los intereses de las grandes empresas españolas en Iberoamérica, que han de hacer frente a un eje chino-ruso cada vez más agresivo.
El pasado 20 de septiembre la ministra argentina de Industria, Débora Giorgi, se reunió en Moscú con los principales responsables de las petroleras Lukoil y Rosneft y de la gasista Gazprom, que le mostraron el interés estratégico ruso en los hidrocarburos argentinos. Giorgi estuvo acompañada por Sergio Affronti, vicepresidente de YPF, la petrolera argentina asociada a Repsol hasta la expropiación de la empresa española decretada por Cristina Fernández en abril de 2012.
La semana pasada, técnicos de Lukoil viajaron a Argentina con los ojos puestos en los inmensos yacimientos de Vaca Muerta que Repsol quería explotar, y un plan de inversiones de 16.000 millones de euros anuales. Vaca Muerta tiene unas reservas de 27.000 millones de barriles, lo que convierte estos yacimientos en uno de los mejores del mundo, según el organismo de la energía estadounidense en un informe de 2013. El hueco dejado por la petrolera española será cubierto por la compañía rusa, como parte de un ambicioso plan estratégico diseñado por Putin para liderar tres sectores clave del emergente subcontinente iberoamericano: hidrocarburos, energía nuclear y alimentación.
Argentina es una pieza esencial en la estrategia del mandatario ruso, como quedó patente en su visita a Buenos Aires en julio pasado -tras la Cumbre de países BRICS celebrada en Fortaleza (Brasil)- para firmar un acuerdo de cooperación en energía nuclear, sentar las bases de la cooperación en la explotación de yacimientos de petróleo y gas, e importar productos agrícolas. Significativamente, un mes después la Unión Europea bloqueó las exportaciones de fruta y carne a Rusia, en el marco de las sanciones por la guerra de Ucrania, y Putin convirtió a Argentina en uno de sus principales proveedores alimenticios.
Días después de la visita de Putin, el presidente chino Xi Jinping, acompañado por 200 empresarios, firmó en Buenos Aires varios acuerdos con Cristina Fernández por valor de 9.000 millones de euros para financiar la construcción de dos presas en el río Santa Cruz (las centrales hidroeléctricas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic), que permitirán proveer de electricidad y disponer de agua para cultivar al menos 50.000 hectáreas en la Patagonia e incrementarán la capacidad exportadora de la agricultura argentina. China también financiará la construcción de líneas férreas para trasladar la producción agrícola patagónica a puertos del océano Atlántico.
Las visitas de sus máximos dirigentes a Buenos Aires han puesto de manifiesto que tanto Rusia como China consideran a Argentina un aliado estratégico de primer nivel, al que no dudan en financiar a fondo perdido en sectores clave que, a medio plazo, generarán riqueza, crearán empleo y atarán la economía argentina a las dos potencias que están impulsando un nuevo orden económico mundial a través del bloque de países BRICS y la veintena que han anunciado su incorporación.
La primera consecuencia para las grandes empresas españolas es el estrechamiento del mercado iberoamericano ante el expansionismo de las poderosas economías china y rusa, que les convierte en competidores imbatibles. ¿La razón? Son inversiones de empresas estatales que no buscan tanto el beneficio empresarial, tal y como lo entendemos en Europa o Estados Unidos, sino satisfacer planes estratégicos de control mundial de los recursos, diseñados por sus respectivos Estados. En 2014 las grandes empresas españolas han centrado sus inversiones en Brasil y los países de la Alianza del Pacífico (Chile, Perú, México y Colombia), mientras que dan por perdidos a Argentina y Venezuela.
El Gobierno considera que Iberoamérica sigue siendo la “prioridad” para nuestras empresas, representando más del 36% del total de las inversiones españolas en todo el mundo. Un elemento diferenciador que nos permitirá ser competitivos reside en la implantación de pequeñas y medianas empresas con un alto grado de especialización para ocupar nichos de mercado que no resulten atractivos a las grandes empresas chinas y rusas. (EFE; One Magazine)
03/10/14

