Al final, se firmó un documento que avanza en el control de las emisiones que contaminan y la creación de un “fondo verde”. Bolivia, el único país que se negó.
Al final, se firmó un documento que avanza en el control de las emisiones que contaminan y la creación de un “fondo verde”. Bolivia, el único país que se negó.
Esfuerzos. Hasta último momento, los ambientalistas –y los propios negociadores– temieron un nuevo fracaso en las discusiones climáticas.
Como coronación de dos semanas de negociaciones, en la madrugada de ayer la Cumbre de Cambio Climático de la ONU (Cop 16) consiguió algo que pocas horas antes parecía impensable: los representantes de 193 países –sólo se opuso Bolivia– aprobaron en un documento para reducir emisiones, conseguir un “fondo verde”, ayudar a los países a adaptarse a los avatares del clima y evitar las consecuencias de la desertificación.
Aunque hay voces que sostienen que el acuerdo es modesto y que hace falta trabajar mucho, la prioridad de México y una abrumadora mayoría de los negociadores fue recuperar los diálogos multilaterales y oír las voces –literalmente– de todo el mundo para evitar un acuerdo como el de Copenhague de un año atrás, que fue comandado básicamente por los EE.UU. a su imagen y semejanza. La mayoría de las ONG, los observadores y hasta los mismos participantes se mostraron entre contentos y entusiasmados por el resultado insospechado de los ahora llamados “Acuerdos de Cancún”. “El multilateralismo ha regresado”, se ufanaron.
Noche agitada.
La resolución de Cancún fue sorprendente hasta para buena parte de los involucrados, como señaló en su exposición la representante de Colombia, Paula Caballero. Hasta el mismo viernes por la tarde cundía cierta desazón por la falta de avances en áreas clave. Sin embargo, la aparición de los borradores de las dos vías de negociación (una que incluye EE.UU. y otra que no) marcó un quiebre. Hacia las 21.30 hora local (00.30 en la Argentina) se reinició una sesión plenaria informal convocada por la canciller mexicana, Patricia Espinosa, estrella absoluta de la noche (ver recuadro). Al ingresar al estrado desde donde comandó la sesión, las delegaciones de los países le regalaron una impresionante ovación de pie en reconocimiento al modo en que había buscado el consenso. A la hora de los discursos casi todos le agradecieron explícitamente el liderazgo. Hasta el propio enviado norteamericano, Todd Stern.
Sin embargo, hubo algunas dudas respecto de la aprobación del texto final porque Pablo Solón, en representación de Bolivia, se quejó de que el acuerdo llevaría a que la temperatura aumentara 4°C (antes de fin de siglo) y dijo que eso era inaceptable. Un silencio sepulcral acompañó el final de su discurso.
Luego, durante otras dos horas, casi todos los países expresaron su apoyo al borrador; algunos recibieron aplausos fuertes (EE.UU., Japón); otros, ovaciones (India). Aunque con matices, ni sus compañeros del ALBA (Venezuela, Cuba, Nicaragua, Ecuador) llegaron tan lejos como Solón. Era Bolivia contra el mundo. Pero había aún algunas dudas porque los acuerdos deben tener unanimidad. Sobre la medianoche se volvieron a reunir algunos grupos de trabajo para afinar ciertos puntos. Al regresar, Bolivia quedó aun más en soledad. El acuerdo estaba hecho.
Un representante de una de las partes con trajín en este tipo de negociaciones señaló que cuando es tan abrumadora la posición mayoritaria es casi lo mismo que el consenso y hubiera sido un dislate no aprobarlo pese a la furia del gobierno de Evo Morales. Ayer, Bolivia anunció que recurrirá la decisión ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Rechaza el texto porque se aleja mucho de las propuestas que el país había presentado en Cancún.
Reacciones.
Desde luego, los problemas por el cambio climático persistirán y habrá que dar nuevos pasos adelante, pero el temor era que se rompiera toda posibilidad de diálogo. “Cancún pudo haber salvado el proceso de negociación, pero el clima aún no está a salvo”, expresó Wendel Trio, director de Política Climática de Greenpeace Internacional. “Algunos creían que las negociaciones estaban muertas; los gobiernos mostraron que pueden cooperar e ir hacia el logro de un acuerdo global”, agregó. Una vez pasada la alegría, comenzará 2011 con un nuevo desafío: mantener alto el fervor del caribe mexicano y lograr ampliar aun más el Protocolo de Kyoto.
La heroína de la COP16
Si finalmente el acuerdo alcanzado en Cancún sirve para algo en la lucha contra el cambio climático, buena parte de ese éxito se le debe a la muñeca de la canciller mexicana Patricia Espinosa. En su rol de presidenta de la COP16, se movió con suma destreza para incluir en las negociaciones algo de lo que cada uno de los países requería para sumar voluntades. Y al cierre de la Cumbre tuvo su momento de gloria y ya hay quien la califica como “la heroína de Cancún”.
Aunque fue una jugada que comportó cierto riesgo, estuvo astuta al darle en la sesión plenaria la palabra al principio al delegado de Bolivia para que su posición contraria al acuerdo se viera ridiculizada luego por casi dos horas de apoyos de los otros representantes.
Espinosa –de 52 años, canciller desde hace cuatro años, siempre de bajo perfil, según los colegas locales– aseguró: “Hemos logrado un paquete amplio y equilibrado. Lo mejor que puede lograrse en una verdadera redacción colectiva. Necesitamos cooperación y unión para pelear por las mejores causas de la humanidad”. Durante las ovaciones que se llevó estuvo un par de veces al borde de las lágrimas. “Ha recibido más elogios esta noche que los que la mayoría de los seres humanos va a recibir en toda su vida”, resumió –según DPA– el primer ministro de Noruega, Jens Stoltenberg.
Por Martin de Ambrosio
12/12/10
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