Cajones de Arroyo Pareja: Un puerto para armar

Puerto Rosales rumbo al centenario. El puerto de Arroyo Pareja, actual Rosales, empezó a construirse en 1912 en base a novedosos procedimientos constructivos.

Puerto Rosales rumbo al centenario. El puerto de Arroyo Pareja, actual Rosales, empezó a construirse en 1912 en base a novedosos procedimientos constructivos.

Bajo la administración del presidente Manuel Quintana, se designó una comisión de estudios el 10 de enero de 1905 a fin de realizar las acciones pertinentes para la instalación de un puerto comercial en las costas atlánticas. Esta decisión estaba motivada por el atoramiento que el puerto de Ingeniero White venía sufriendo en esa campaña cerealera y que lo mostraba como insuficiente para sostener por sí mismo el volumen creciente de granos para su embarque.

Esta misión técnica dictaminó que el mejor lugar para el establecimiento de un puerto comercial era la desembocadura del Arroyo Pareja. De esta comisión formaba parte el ingeniero Abel Julien Pagnard, quien tendría reservado un papel de relevancia en esta historia del puerto comercial.

Era francés, nacido en 1859 y fue empleado de la empresa constructora Hersent, una de las más poderosas del mundo y responsable de la ampliación o construcción de varios puertos en Europa, Africa y Asia. En 1902 llegó a la Argentina para representar a la empresa en la firma del contrato de construcción del puerto de Rosario, de la que fue hasta 1905 director general de obras.

En ese año abandonó la empresa y el gobierno argentino contrató sus servicios. El 8 de enero de 1906, el gobierno lo autorizó a realizar un proyecto para la construcción de un puerto de aguas profundas en Arroyo Pareja, en el sitio que había sido indicado por la comisión.

Los planos presentados respondían a un gigantesco emprendimiento. Cinco mil metros de muelles útiles para el atraque, modernísimos medios de carga y descarga del cereal, enormes diques de carena; en definitiva, el conjunto que sería el puerto comercial de aguas profundas más importante de América del Sur.

Pero ante la falta de recursos del Estado para concretar el emprendimiento, el ingeniero solicitó una concesión al Congreso para su realización. Mediante la ley Nº 5574, sancionada el 15 de septiembre de 1908, Pagnard obtuvo su tan ansiada concesión. (Por ese motivo, ese día fue fijado como aniversario de Puerto Rosales, cuyo centenario se conmemora durante el año en curso).

Según lo acordado por el Congreso de la Nación, el ingeniero Pagnard debería construir un puerto comercial en la desembocadura del Arroyo Pareja, cerca del Puerto Belgrano (Bahía Blanca), y con una profundidad de 30 pies en mareas bajas (artículo 1º). La concesión para su explotación duraría 60 años. El bloque de las tareas están descriptas en el artículo 2º de este modo:

"Las obras consistirán en dársenas y muelles hasta un perímetro de cinco mil metros y depósitos dotados de pescantes para el depósito de mercaderías y frutos del país: correas transportadoras y elevadores de granos, vías férreas y demás obras que sean necesarias para el servicio del puerto".

Finalmente, el 27 julio de 1911 el Poder Ejecutivo y el ingeniero Pagnard firmaron el contrato para la construcción del puerto de Arroyo Pareja. Pero Pagnard no poseía los recursos para acometer la empresa. Por ello negoció su concesión con la Régie Générale de Travaux Publics, una importante firma encargada de obras de infraestructura en el Viejo Mundo.

Y en París, el 23 enero de 1912, quedó constituida la Compañía del Puerto Comercial de Bahía Blanca, filial de la Régie. En esta empresa, formaba parte Hersent entre otras empresas capitalistas. Pagnard fue designado ingeniero consultor y director general de las obras del puerto.

Como director de construcciones oficiaba el ingeniero Batin y al ingeniero Briganti se lo nombró como jefe de talleres. Por fin, el 14 de junio de 1912 se iniciaron las obras en Arroyo Pareja, en el sector que ya por entonces se conocía como Puerto Pagnard.

La dimensión de las labores llevadas a cabo en Arroyo Pareja hasta 1914 sólo pueden justipreciarse teniendo en cuenta que, cuando estaban en pleno desarrollo, en los obrajes podían ocuparse entre 800 y 1.000 obreros, según publicaba un medio periodístico de Punta Alta.

En el sector conocido como el varadero (frente a la actual cantina del balneario, del otro lado del camino de acceso al puerto) se construían los inmensos cajones que, yuxtapuestos, conforman la base emergente del muelle.

Se realizaba allí una estructura de madera que hacía las veces de encofrado o molde, donde posteriormente se incorporaba las mallas de hierro y se volcaba el hormigón. Luego de un periodo de frague, para conseguir que el material cobrara la máxima resistencia, se los botaba y se los transportaba por el arroyo con remolcadores hasta el lugar de su ubicación definitiva.

Una vez allí, estos cajones, que estaban divididos en compartimentos, eran fondeados. Los compartimentos exteriores eran rellenados con hormigón, conformando una suerte de pared de 2,75 metros de espesor, según lo establecía el pliego de condiciones; los restantes, del centro, se llenaban con arena proveniente del dragado.

El sistema servía para ganar terreno al mar, ubicándose como base, uno junto al otro y unidos entre sí por hormigón en las juntas. Sobre ellos se construía la parte emergente de los muelles. Este procedimiento tenía la ventaja de ahorrar tiempo en la construcción, pero las maniobras de remolque y colocación de los cajones eran delicadas y propiciaban accidentes ante el menor descuido.

Estos trabajos estuvieron a cargo de José Pizzolato, capataz de obra, bajo la supervisión técnica del mismo Pagnard. Hombre de confianza del ingeniero francés, ambos se conocían desde Rosario.

Incluso el ingeniero francés rechazó la oferta por parte del grupo inversor de traer especialistas desde su país, aduciendo que en Pizzolato tenía el hombre indicado para acometer la empresa.

Empero los trabajos con los cajones eran delicados, se necesitaba de gran pericia y no se estaba a salvo de accidentes.

Al reanudarse los trabajos después de la suspensión forzosa provocada por la I Guerra Mundial (y ya alejado Pizzolato, tras la muerte de Pagnard en 1913) ocurrió un accidente en agosto de 1918 con varios cajones de cemento armado, que se hundieron en camino hacia la punta del muelle.

Posteriormente, algunos de ellos fueron fijados sobre una base más sólida. Para eso se hizo necesario construir debajo de ellos grandes cuñas de sustentación, por medio de aire comprimido.

Este método de cajones de hormigón fue utilizado anteriormente en aguas puntaltenses en 1908, aunque en mucho menor escala que en Arroyo Pareja. Fue cuando la constructora Hersent comenzó las obras del Muelle C de la Base Naval Puerto Belgrano, sitio que el gobierno dispuso para la creación de un puerto comercial dentro del mismo apostadero naval, tal como lo concibió en su momento el ingeniero Luiggi.

Este proyecto se concluyó en 1911 y fue cedido al Estado argentino, pues ya se pergeñaba la próxima y colosal obra de Pagnard que, con avatares, marchas y contramarchas, fue el basamento del actual Puerto Rosales.

(NDR: Este material ha sido elaborado especialmente por el Archivo Histórico Municipal para "La Nueva Provincia" , de cara al centenario de Puerto Rosales.)

22/06/08
LA NUEVA PROVINCIA – BAHÍA BLANCA

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