Brasil logró un acuerdo que no conforma a ambientalistas

Brasil logró un acuerdo que no conforma a ambientalistas

Críticas de las ONG a lo que consideran una “lavada” declaración final.

Críticas de las ONG a lo que consideran una “lavada” declaración final.

En medio de durísimas críticas de parte de las organizaciones ambientalistas que lo consideran un acuerdo débil, Brasil logró que los representantes de los 193 países que participan de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible Río+20 aprobaran la declaración final de la cumbre que se inicia hoy con la llegada de más de un centenar de jefes de Estado y de gobierno.

Comandados por los diplomáticos brasileños, los delegados estuvieron negociando hasta la madrugada de ayer el texto que pretendía sentar las bases para una nueva etapa de crecimiento económico mundial que preservara el medio ambiente y redujese las desigualdades sociales. Pero las diferencias entre los países ricos y pobres, sumadas a los temores por la actual crisis económica, llevaron a una frustración generalizada ante este encuentro que se realiza 20 años después de la Cumbre de la Tierra Eco 92, celebrada también en Río de Janeiro.

“Todos están igualmente insatisfechos, pero entiendo que era el único camino para el acuerdo”, reconoció el propio canciller de Brasil, Antonio Patriota, sobre el texto “lavado” que el viernes deberá ser firmado por los líderes mundiales que asistirán a la cumbre, entre ellos, la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner. Entre las notorias ausencias están la del presidente de Estados Unidos, Barack Obama; la canciller de Alemania, Angela Merkel; el primer ministro de Gran Bretaña, David Cameron, y el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

Según los diplomáticos, el principal obstáculo a un acuerdo más sustantivo estuvo en el tema del financiamiento de las acciones de desarrollo sostenible. La propuesta del llamado Grupo de los 77 y China de crear un “fondo verde” con 30.000 millones de dólares anuales para proyectos en países en desarrollo fue rechazada por Estados Unidos y por la Unión Europea.

Asimismo, la idea de fortalecer el Programa de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (Pnuma), como buscaban los europeos, encontró resistencias entre las naciones más pobres, que también se opusieron a una definición clara del concepto de “economía verde” por considerarlo una herramienta de los países industrializados para apropiarse de los recursos naturales de los menos desarrollados. Al final, el documento reconoce: “Existen diferentes abordajes, visiones, modelos y herramientas disponibles para que cada país, según sus circunstancias y prioridades nacionales, pueda alcanzar el desarrollo sostenible”.

Para las organizaciones no gubernamentales defensoras del medio ambiente, las negociaciones de Río+20 han sido una gran pérdida de tiempo.

“Es un fracaso colosal de liderazgo y visión de los diplomáticos. Deberían estar avergonzados”, afirmó Jim Leape, director general del Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF).

Por su parte, Daniel Mittler, director de políticas públicas de Greenpeace, sentenció: “Río+20 se transformó en un fracaso épico. La conferencia falló en términos de equidad, ecología y economía”.

Ante la oleada de críticas, la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, salió a defender el texto desde México, donde asistía a la cumbre del G-20.

“Creo que tenemos que celebrar, sí, una victoria de Brasil por haber logrado aprobar un documento oficial contemplando posiciones diferentes. Estuve en [las cumbres ecológicas de] Copenhague, en Cancún y en Durban. Un acuerdo entre más de 190 países es complejo; es siempre bueno mirar en forma balanceada, es bueno tener un documento posible”, destacó.

Por Alberto Armendariz

20/06/12

LA NACION

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