Barcos que evocan y barcos que duelen

Barcos que evocan y barcos que duelen

Los barcos llevan y traen. El domingo, en Berisso, una evocación empapada de nostalgia nos mostró una nave como las de antes, recargada de inmigrantes ilusionados que venían a de lejos a buscar un nuevo cielo. También el domingo, frente a las costas griegas, otro barco repleto de gente esperanzada, terminó siendo la tumba de 34 viajeros que huían del infierno.


Los barcos llevan y traen. El domingo, en Berisso, una evocación empapada de nostalgia nos mostró una nave como las de antes, recargada de inmigrantes ilusionados que venían a de lejos a buscar un nuevo cielo. También el domingo, frente a las costas griegas, otro barco repleto de gente esperanzada, terminó siendo la tumba de 34 viajeros que huían del infierno.

Los barcos, como la vida, traen en sus bodegas sorpresas, aventura, vida y muerte.

Desde aquella carabela inaugural, las sucesivas naves fueron testigos de hazañas y despojos, de invasiones y progresos. En barcos llegaron nuevas enfermedades y nuevos dioses. Y se fueron el oro y la memoria. Desembarcaron los esclavos y también los libros. Y arribó la ciencia y el horror. Fueron portadores de esperanzas y de fugas. De crueldades y milagros.

Las dos caras de esta moneda, tan repetida y tan contrastada, el domingo se pusieron otra vez de manifiesto.

La vida de cada uno está hecha de itinerarios. Y los barcos son parte de ese viaje interminable que busca un lugar en el mundo

En Berisso, los inmigrantes vivieron su día. En una fiesta cargada de recuerdos, con trajes de época y mucho colorido, los descendientes de aquellos viajeros trataron de revivir esa mezcla de estupor, dudas y sueño que vivieron sus ancestros al posar sus ojos por primera vez en estas tierras. Aquellos barcos traían vida.

Y ese mismo domingo, la guardia costera de Grecia informó que al menos 34 indocumentados que buscaban una vida mejor en Europa se ahogaron cuando cruzaban de Turquía a Grecia en aguas agitadas.

Entre ellos había 15 bebés y niños. La nave se hundió con más de 125 personas a bordo cerca en una isla que está entre Samos y Kos, dos de los lugares favoritos de contrabandistas de personas. Estos barcos traen muerte.

La vida de cada uno está hecha de itinerarios. Y los barcos son parte de ese viaje interminable que busca un lugar en el mundo.

Cada llegada es un recomienzo. Y cada embarque, una esperanza.

Los que arribaron hace un siglo a Berisso anticiparon, sin querer, el libreto de millones de escapados que un día dejaron atrás todo para poder empezar algo.

Y la tragedia en las costas de Grecia es una postal recurrente de estos mares dolorosos con más náufragos que bienvenidas.

El anhelo más que el destino es regresar al comienzo, como quería Eliott, tener al origen como punto de llegada.

Los inmigrantes de Berisso y los náufragos de Grecia renovaron la vieja idea del hombre de avanzar y escudriñar el horizonte para poder reencontrar la paz del primer día. Unos y otros fueron a buscar, no lo desconocido, sino aquello que en casa se había perdido. (Por Alejandro Castañeda; El Día)

16/09/15

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