Sus promotores lo venden como una experiencia “vivencial y única”. Se trata, nada más y nada menos, que nadar entre 200 atunes en alta mar. Es el Tuna Tour, la nueva propuesta de Balfegó, el grupo atunero con sede en L’Ametlla de Mar (Tarragona).
Sus promotores lo venden como una experiencia “vivencial y única”. Se trata, nada más y nada menos, que nadar entre 200 atunes en alta mar. Es el Tuna Tour, la nueva propuesta de Balfegó, el grupo atunero con sede en L’Ametlla de Mar (Tarragona).
La temporada del Tuna Tour empezó el 1 de junio y acabará el 15 de octubre. Hasta este día el catamarán, con una capacidad máxima de 75 personas, zarpa hasta 3 veces por jornada del puerto de L’Ametlla hacia las piscinas donde Balfegó alimenta los atunes que ha capturado durante la campaña de pesca en el Mediterráneo. Aquí son engordados para después venderlos por todo el mundo.
“La pregunta que nos hace todo el mundo es: ¿es peligroso?”, explica la directora comercial del Tuna Tour, Núria Chertó. “Para nada. Hemos hecho todo tipo de pruebas, como por ejemplo comprobar cuánto tiempo puede estar un buzo con una caballa en la mano para que los atunes vengan. Y hemos constatado que esto es prácticamente imposible”, según Chertó.
Y es que “continúan siendo animales salvajes, no interactúan con nosotros”. ¿Qué hay que hacer, pues, para verlos de cerca? “Relajarnos y no movernos. Tienes que hacerte el muerto para que no te vean como un intruso”.
A la llegada a las piscinas, aquellos más atrevidos reciben un equipo de gafas, tubo de respiración y, si es necesario, chaleco flotante. “Siempre hay un primer momento de adrenalina y después se sorprenden mucho”, asevera Chertó.
Los atunes siempre nadan en círculo, en la misma dirección que las agujas del reloj. Después de los primeros minutos de emoción, y ya con la calma, empiezan los primeros avistamientos de estos impresionantes animales que, en su conjunto, comen hasta 4 toneladas de pez azul al día.
“Hay gente que se ha bañado con delfines o tiburones. Pero los turistas salen siempre muy sorprendidos de esta experiencia, porque siempre han visto el atún como un alimento”, asegura la directora comercial del Tuna Tour.
Pasados unos minutos y cuando ya todo el mundo está relajado, los grumetes del Tuna Tour tiran algunas caballas al mar para que sean ‘pescadas’ por los atunes. Este es el momento más emocionante. Con paciencia se puede ver cómo los atunes succionan rápidamente las piezas.
“Es algo vivencial”, señala Chertó. “Lo que queremos conseguir es que la gente diga: Yo también me he bañado con atún rojo del Mediterráneo, que la gente venga aquí a comprobar qué es esto”.
Antes de que se acabe el viaje, en el mismo catamarán se sirve una pequeña degustación a base de sushi. Balfegó ha implicado a los restaurantes de L’Ametlla de Mar en el proyecto, y estos ofrecen ahora en sus cartas un amplio repertorio de platos con atún.
Se estima que cuando acabe la temporada habrán pasado por esta experiencia un máximo de 5.000 turistas y eso que los precios no son aptos para todos los bolsillos. El viaje para los adultos es de 53 euros, mientras que los menores entre 12 y 4 años pagan 23.
Durante el viaje, los turistas ven dos audiovisuales donde se muestra el proceso de captura de los atunes hasta que llegan a L’Ametlla. Y otro donde se explica el procesado del pez hasta que llega a los restaurantes.
Desde el momento en que se captura hasta que llega al puerto de la Cala, el atún nunca sale del mar. Tardan entre 2 o 3 semanas en llegar a las piscinas de l’Ametlla. El transporte es lento, para que los peces ni se escapen ni se dañen. Una vez en destino, los peces se distribuyen en 6 grandes estanques, a dos millas del pueblo. Aquí se les suministran unas 4 toneladas de caballa congelada al día.
Los buzos de Balfegó hacen un seguimiento diario de cada unos de los ejemplares y cuando llegan a su peso estimado son trasladados a otra pecera donde son sacrificados con arpón.
“La muerte tiene que ser instantánea, sin estrés, porque esto daña la carne”, indica Chertó.
Además, según el nivel de grasa el producto es vendido en Japón, donde gustan los ejemplares más grasos, o en Estados Unidos, donde los prefieren más secos.
01/07/12
ABC.ES


