Balas, petróleo y medias verdades

Si es verdad que las armas las carga el diablo, el pobre Lucifer debe estar ahora mismo hecho un lío sobre el número de tanques blindados, cazabombarderos, sistemas antiaéreos y otros artefactos malignos que debe despachar desde Rusia con destino a Venezuela.

Si es verdad que las armas las carga el diablo, el pobre Lucifer debe estar ahora mismo hecho un lío sobre el número de tanques blindados, cazabombarderos, sistemas antiaéreos y otros artefactos malignos que debe despachar desde Rusia con destino a Venezuela.

Como la transparencia brilla por su ausencia tanto en el Kremlin como en Miraflores, los contratos armamentísticos entre ambos países dan pie a que cada cierto tiempo se imponga una nueva ceremonia de la confusión.

Si a la falta de transparencia se añaden unas gotas de intereses geoestratégicos, el enredo se multiplica. La Guerra Fría terminó hace tiempo y a Moscú sólo le interesa Venezuela como base para su desembarco financiero en América latina. Por eso, Vladimir Putin nunca ha tenido apuro en que su socio Hugo Chávez le pague las armas que le encarga. Tampoco tiene apuro en enviárselas, como ha quedado demostrado. De ahí que los expertos no tengan muy claro cuántos dólares debe uno y cuántas armas envía el otro. 
Ayer, recién llegado de Venezuela, el primer ministro ruso reveló en Moscú que su país había cerrado contratos con el gobierno de Hugo Chávez por un monto de unos 5000 millones de dólares. Esa cifra incluiría, según Putin, el crédito que Moscú libró a Caracas en septiembre pasado por valor de 2200 millones de dólares y que todavía no ha sido utilizado. Según fuentes rusas, Venezuela estaría interesada en la adquisición de tres submarinos, 92 tanques T-72, helicópteros de combate, lanzaderas de misiles múltiples Smerch y sistemas de defensa S-300, además de otro armamento.

En los últimos cinco años, Chávez firmó contratos con Rusia por 4400 millones de dólares para comprar aviones cazas Sukhoi, helicópteros de combate, 100.000 fusiles de asalto Kaláshnikov y sistemas antiaéreos. Pero el armamento ha ido llegando con cuentagotas, seguramente al mismo ritmo con el que se firman los cheques en Caracas.

A Moscú, la falta de liquidez que ahora sufre el gobierno bolivariano por la crisis económica no le preocupa demasiado. Siempre hay formas de pago alternativas. El primer ministro ruso lo sabe y por eso firmó el viernes con el presidente venezolano un acuerdo de 20.000 millones de dólares para la explotación conjunta de la faja petrolera del Orinoco. Pero hasta el momento Putin sólo entregó un bono de 600 millones de dólares como "adelanto" del primer proyecto.

El analista venezolano Carlos Romero no tiene dudas: "Están haciendo un trueque", comenta en un diálogo telefónico desde Caracas. "Venezuela tendría que pagar con barriles de petróleo los compromisos de armas que está adquiriendo de Rusia." Según Romero, Moscú sólo está interesado en el petróleo venezolano "para participar en ese gran negocio que es la venta de crudo a Estados Unidos".

Rocío San Miguel, experta venezolana en temas de defensa, coincide con Romero en la estrategia de los rusos: "Quieren cobrar el dinero a través de la faja del Orinoco y entrar en ese negocio".

Las declaraciones de Putin sobre el acuerdo de 5000 millones de dólares sólo han generado, según la experta, una "confusión colectiva". "Todavía están llegando pedidos de 2006 y las fábricas de ensamblaje de Kaláshnikov y de municiones que se habían acordado aún no se han instalado; no está claro entonces si se está hablando de un monto acumulado desde esa fecha o de un nuevo acuerdo", explica.

Para ambos expertos el problema no radica tanto en la compra de armamento por parte de Chávez, que no rompe el equilibrio militar en América latina. Como Venezuela, también se han rearmado en los últimos tiempos, y más generosamente, Colombia, Brasil y Chile. "El asunto es que en un cuadro de dificultades económicas, ese dinero debería destinarse a otras necesidades", comenta Romero, que reprocha también al gobierno chavista haber aprobado el año pasado una ley para que sus acuerdos con Rusia no sean de dominio público.
Por César González-Calero

06/04/10
LA NACION

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