No terminan de sucederse las advertencias de los estudiosos con respecto a la erosión costera, no sólo en la provincia de Buenos Aires –motivo de las principales observaciones formuladas hasta el momento–, sino también en la Patagonia.
No terminan de sucederse las advertencias de los estudiosos con respecto a la erosión costera, no sólo en la provincia de Buenos Aires –motivo de las principales observaciones formuladas hasta el momento–, sino también en la Patagonia.
El extraordinario fenómeno del calentamiento global y ciertas imprevisiones en el tratamiento de cuestiones urbanísticas en ciudades y pueblos balnearios han incidido para ello, por lo cual se renuevan los llamados de atención acerca de las medidas que debieran adoptarse a partir de ahora.
En un reciente informe, una integrante del Centro de Divulgación Científica de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, Cecilia Draghi, expresó que ya no se trata de "la gota que horada la piedra, sino un mar que devora roca, playa y todo lo que encuentra a su paso". De tal manera definió el incremento de la erosión costera en nuestro país, tal cual sucede en otros lugares del mundo por los citados factores. En España, por ejemplo, como fue comentado en estas columnas, se ha llegado inclusive a decidir la erradicación de pequeños poblados ubicados junto al mar.
Uno de los casos mencionados es el de Punta Piedras, a orillas del Río de la Plata, donde el retroceso fue de 0,2 metro por año entre 1969 y 1990; pero a partir de entonces y hasta los primeros años del presente siglo, dicho valor llegó a 0,7 metro anuales. Ni siquiera Comodoro Rivadavia quedó al margen de estas circunstancias: en la costa chubutense, el desgaste se triplicó entre 1980 y la actualidad.
Luego de minuciosos estudios, que se extendieron desde el Delta del Paraná hasta Tierra del Fuego, se ha indicado que el fenómeno erosivo continúa en aumento, con mayor énfasis en las dos últimas décadas del siglo anterior. Al respecto, el geólogo Jorge Codignotto, de la UBA, miembro del Panel Intergubernamental de Cambio Climático patrocinado por las Naciones Unidas, ganador del Premio Nobel de la Paz 2007, fue claro en la definición del episodio: "El calentamiento global aumenta el nivel del mar por derretimiento de los hielos polares y dilatación del agua. Además, genera un efecto dominó porque los ciclones se desplazan hacia el sur y se incrementa la frecuencia de las tormentas intensas en áreas costeras, agravando la erosión. En las playas bonaerenses, el mal manejo por urbanización empeora la situación".
Esta última crítica debiera ser evaluada por las autoridades de los municipios del litoral, con la finalidad de tomar medidas que eviten la continuidad de las obras en terrenos cercanos a las playas, dado que las consecuencias ya están a la vista y se intensificarán con el correr de los años. Ya en algunas comunas se han adoptado disposiciones, del mismo modo que el gobierno provincial ha iniciado acciones concretas mediante el establecimiento de límites.
El citado profesional también fue categórico al señalar: "La ocupación costera no debe hacerse como si fuera un lugar cualquiera, porque no lo es; cambia rápidamente y no en siglos, como equivocadamente se cree, sino en décadas". Por lo tanto, no debieran dilatarse las medidas de los organismos encargados de modificar el escenario para que la erosión no siga provocando desastres con su avance.
05/12/08
LA NUEVA PROVINCIA – BAHÍA BLANCA
