Australia en la Encrucijada: Marines, Uranio, y Espionaje

Australia en la Encrucijada: Marines, Uranio, y Espionaje

Tras unos años alejada de los titulares, Australia vuelve con fuerza a la primera línea de atención informativa en seguridad y defensa.

Tras unos años alejada de los titulares, Australia vuelve con fuerza a la primera línea de atención informativa en seguridad y defensa.En pocos días se ha anunciado un refuerzo de la relación con Estados Unidos, que incluye la rotación de un contingente de marines, así como el inicio de las exportaciones de uranio a la India, es decir el fin de la inocencia nuclear. Además un experto ha advertido que China podría estar empleando su estación de seguimiento de satélites en el desierto australiano con otras finalidades.

Visita de Obama y marines en Darwin

El reciente viaje oficial del presidente norteamericano a Australia ha sido el marco en el que se han anunciado diversos acuerdos destinados a reforzar las relaciones en seguridad y defensa entre Washington y Canberra. Entre las medidas destaca un incremento de la presencia militar norteamericana en el país, que pasará a contar con un contingente permanente de marines, en forma de rotación regular de unidades de dicho cuerpo. Los primeros 250 efectivos llegarán el próximo verano, permaneciendo seis meses en el país.

Coincidiendo en el tiempo con la retirada norteamericana de Irak, el despliegue de los marines ilustra la gradual reorientación de las fuerzas estadounidenses, concentradas en Oriente Medio y Asia Central la última década. Estados Unidos “vuelve” (entre comillas porque nunca se fue) con fuerza a Asia-Pacífico, un teatro en el que Nueva Delhi presiona para que Washington lo considere integrado en uno más amplio que incluiría el Océano Índico y, por tanto, las largas líneas de comunicación que unen África y el Golfo Pérsico con las costas chinas. De hecho algunos autores destacados, como Robert Kaplan, ya utilizan la expresión “Indo-Pacífico”.

La jugada también ilustra otra tendencia, concretamente el renovado énfasis del Pentágono en los derechos de uso de instalaciones militares y duales civiles-militares, así como el despliegue de pequeños contingentes y su rotación, en Asia, en contraposición a la construcción de grandes bases. Sin perjuicio de mantener una presencia notable en Japón y Corea del Sur, es probable que veamos más acuerdos de este tipo, como por ejemplo el anunciado hace unos meses con Singapur.

Hemos también de destacar los ambiciosos planes de rearme australianos, en línea con la postura más generalizada en el teatro asiático. Concretamente, Canberra espera invertir 279.000 millones de dólares en nuevos aviones y barcos de guerra las dos próximas décadas.

El fin de la inocencia: uranio australiano para la India

Australia es un país con una sana tradición militar, sin perjuicio de sufrir aun un doloroso debate histórico sobre episodios controvertidos como Gallipoli, la caída de Singapur, y el empleo de sus tropas en el Pacífico durante la última contienda mundial. Sin embargo, y pese al creciente coro de voces que advierte sobre las ansias expansionistas de China y la necesidad de contar con India como baluarte clave en la nueva arquitectura de seguridad en Asia, Canberra decidió hace unos años, siendo primer ministro Kevin Rudd, establecer un embargo sobre las exportaciones de uranio a Nueva Delhi. El motivo, su negativa a suscribir el Tratado de No Proliferación Nuclear, denunciado amargamente por los indios como el “Apartheid Nuclear”.

Aunque Nueva Delhi cuente con suministradores alternativos, no podemos olvidar que Australia cuenta con el 40% de las reservas mundiales del metal. Más allá de las cifras, el embargo ha sido criticado porque Canberra no ha tenido reparo alguno en exportar a China, mientras negaba este recurso vital a otra democracia. La negativa, además, ha constituido durante muchos años un obstáculo a la profundización de las relaciones entre Australia y la India. Aunque la actual primera ministra, Julia Gillard, se refirió, al anunciar sus intenciones, a los beneficios económicos y de empleo resultantes, el trasfondo estratégico es claro.

El acuerdo sobre energía nuclear civil firmado por Washington y Nueva Delhi (uno de los principales legados del presidente Bush hijo, que suscitó unanimidad en el Senado y que ha sido asumido sin fisuras por su sucesor, al tratarse de una auténtica política de estado) dejó ya en su día en evidencia la postura australiana, y al final la lógica se ha impuesto, con la ayuda de una cierta presión estadounidense, como han reconocido diversos observadores indios.

Queda pues solamente esperar a que Tokio firme un acuerdo nuclear civil con la India para certificar la reforma de facto del Tratado de No Proliferación Nuclear, con la aceptación de Nueva Delhi como potencia con armas nucleares. La fantasía ha acabado cediendo al realismo. Las armas nucleares no van a desaparecer, y un monopolio atómico del eje chino-paquistaní en Asia no beneficia ni a Australia, ni a ninguna otra potencia en la región.

¿Durmiendo con el enemigo? Espionaje naval chino

Canberra no solamente se negó en su día a suministrar uranio a Nueva Delhi, sino que permitió a Beijing usar las instalaciones espaciales de Mingenew (en el desierto australiano) para seguir sus satélites. Este acuerdo ya generó en su día ciertas dudas, dado el innegable componente militar del programa espacial chino, que se han incrementado tras advertir públicamente Des Ball, el principal experto australiano en inteligencia espacial, que Beijing está aprovechando estas instalaciones para seguir a los barcos del país y de Estados Unidos que operan en la zona.

Conclusiones: Canberra podría devenir uno de los bastiones del emergente sistema de seguridad en el Pacífico. Australia se encuentra en la encrucijada. Durante muchos años se ha beneficiado de la sed china por las materias primas, de las que es una potencia exportadora, pero parece haber llegado la hora de tomar decisiones difíciles. Algunas ya se han tomado, de forma casi simultánea, y queda ahora por ver si se va definiendo una arquitectura de seguridad asiática que una de forma más estrecha Estados Unidos, Japón, Australia, y la India, sin olvidar otros actores de primer orden como Vietnam. Atrás quedan las visiones optimistas sobre un supuesto “ascenso chino pacífico” y el idealismo nuclear. El realismo se impone sin complejos.

Por Álex Calvo (Profesor de relaciones internacionales, European University)

05/12/11

ATENEA

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