Fueron necesarios 30 meses, 26 mesas redondas, un seminario internacional, la participación de las administraciones públicas en sus distintos niveles de gobierno, de los expertos independientes, de las empresas y sus cámaras, de los sindicatos y de las organizaciones no gubernamentales para que España elaborara su Libro Blanco de la Pesca.
Fueron necesarios 30 meses, 26 mesas redondas, un seminario internacional, la participación de las administraciones públicas en sus distintos niveles de gobierno, de los expertos independientes, de las empresas y sus cámaras, de los sindicatos y de las organizaciones no gubernamentales para que España elaborara su Libro Blanco de la Pesca.
El extenso documento presentado a fines del año pasado no solo contiene una fotografía del sector pesquero sino que desarrolla los ejes estratégicos para los próximos años. Entre ellos se destacan lograr una gestión sostenible de los recursos, la lucha contra la pesca ilegal, el impulso de planes de modernización de la flota y su reducción estimada entre el 20 y 30 por ciento, los programas de capacitación de los profesionales del sector, la ejecución de medidas que favorezcan la competitividad de las empresas españolas, el fomento de la investigación, el desarrollo y la innovación en los productos de la pesca y la promoción de la acuicultura.
No somos proclives a propiciar la imitación de experiencias ajenas porque cada Nación tiene su propia idiosincrasia, historia, cultura y particularidades que la hacen única artífice de su destino. Sin embargo el desafío y el compromiso asumido por todos los actores vinculados a la pesca en España a partir de la convocatoria que impulsaron sus máximas autoridades de obtener una imagen real de la situación del sector pesquero debería llamarnos a la reflexión teniendo en consideración la difícil etapa por la que atraviesa la actividad en nuestro país.
En el pasado reciente, España se enfrentó a situaciones de una enorme complejidad como la merma de sus principales recursos pesqueros, el ajuste de su flota, la adaptación de su normas a la política comunitaria, la aparición de otros países compitiendo por el reparto de la pesca, el establecimiento de las zonas económicas exclusivas que transformaron las otrora aguas libres en espacios restringidos y controlados por los estados ribereños. Ante esa realidad la respuesta española no fue la indiferencia o la apatía sino que emprendió una acción decidida con el objeto de diseñar una estrategia de desarrollo a partir de una visión compartida basada en consensos. Uno de los frutos de esa voluntad política se plasmó en el Libro Blanco.
El Libro Blanco es también la construcción de un “relato”, término que en los últimos tiempos ha generado más de una discusión por estas costas, pero no un relato oficialista ni opositor, ni impuesto por el poder o los medios de comunicación, sino una construcción colectiva que contempla los diferentes y legítimos intereses de las partes. El Libro Blanco también es una metodología para analizar fortalezas y debilidades del sector pesquero a partir de las cuales puedan diseñarse políticas, programas y acciones para enfrentar el horizonte de los próximos diez años.
¡Diez años, demasiado tiempo! Exclamaría asombrado un argentino, acostumbrado a la improvisación, a la precariedad, a la incertidumbre, a las recurrencia de las crisis y a perder oportunidades que parecen imperdibles.
Sin imitar a otros, pero alguna vez deberíamos reflexionar seriamente acerca de aquello que hacemos y lo que omitimos hacer para ser artífices de un destino mejor.
19/05/08
PESCA & PUERTOS
