22 de enero de 1926. El capitán Franco despega hacia Buenos Aires a los mandos del hidroavión “Plus Ultra”

En los años 20 del siglo pasado, los aventureros pilotos militares españoles realizaban propuestas para hacer vuelos largos que se sabían llenos de riesgos y dificultades, dado el todavía incipiente estado de desarrollo y fiabilidad de los aviones entonces en uso, incluso de los más modernos. Así, se propusieron ir, unos a Buenos Aires, otros a Filipinas y otros a Guinea Española. Otro pretendía volar también a América en dirigible.


En los años 20 del siglo pasado, los aventureros pilotos militares españoles realizaban propuestas para hacer vuelos largos que se sabían llenos de riesgos y dificultades, dado el todavía incipiente estado de desarrollo y fiabilidad de los aviones entonces en uso, incluso de los más modernos. Así, se propusieron ir, unos a Buenos Aires, otros a Filipinas y otros a Guinea Española. Otro pretendía volar también a América en dirigible.

Estos ambiciosos planes coincidían con los de otros pilotos extranjeros de entonces, como los estadounidenses que se proponían dar la vuelta al mundo en patrulla, o los británicos que pretendían hacer Londres – Rangún (Birmania, hoy Myanmar) – Londres, los holandeses que querían volar de Ámsterdam a Yakarta (Indonesia), o los portugueses que querían hacerlo desde Lisboa hasta Macao (hoy de China).

Los planes del Capitán Franco

El Capitán de Infantería Ramón Franco, que ya era un afamado piloto distinguido en las operaciones aéreas de la guerra de Marruecos, había estudiado “la posibilidad de llevar a la práctica un raid aéreo que diera a conocer el valor de la Aviación española fuera de las fronteras y, al mismo tiempo, sirviera para ganar honra y prestigio para España”.

Su plan era volar en hidroavión desde Cádiz hasta Buenos Aires. El momento era idóneo, pues el exitoso desembarco en Alhucemas (1925) y el ver que la guerra de Marruecos estaba, por fin, ganándose, empezaba a hacer olvidar el dolor y el abatimiento causados por el desastre de Anual (1921) y ello invitaba a intentar llevar a cabo proezas para las que se sabía estaban sobradamente capacitados.

Franco estudió concienzudamente las cartas marinas, los vientos dominantes, la meteorología y las islas y puertos, y llegó a la conclusión de que el vuelo podía hacerse y que la mejor época del año sería entre febrero y marzo.

Tripulacion del Plus Ultra

 

La tripulación

El piloto sería el propio Franco; el navegante, el capitán de Artillería Julio Ruiz de Alda -titulado como Observador militar- y como mecánico, el preferido de Franco, Pablo Rada.

También colaboraron en las fases iniciales el comandante Enrique Herrera (promotor del vuelo en dirigible) y Mariano Barberán, capitán de Ingenieros.

El Dornier Wal

El hidroavión elegido fue el Dornier Wal que entonces estaba de dotación, uno de cuyos ejemplares (en nº 12) sería mejorado para la ocasión. Se le montarían unos más potentes motores Napier Lion de 450 CV (dos, montados en una barquilla sobre el ala, con una hélice tractora y la otra impulsora), se le reforzaría la célula, se le aumentaría la capacidad de combustible hasta los 4000 litros y se le montarían los últimos avances tecnológicos. Sería el primer aparato que volaría con transmisiones por radio (con una antena desplegable colgante de 100 metros) y navegación por radiogoniometría (que sintonizaba estaciones situadas entre 500 y 900 kilómetros de distancia).

La construcción de los Wal se llevaba a cabo en Italia a causa de las restricciones que tenía la industria militar alemana tras la I Guerra Mundial. Hubo de realizarse grandes esfuerzos para poder superar algunas ‘trabas’ que favorecían otro vuelo parecido, pretendido en estas mismas fechas por un piloto italiano, a impulsos de Mussolini.

La matrícula del Wal de Franco era M – MWAL, cuyas letras significaban: la primera, España, la segunda “aparato militar”, la tercera “modelo Wal, de Dornier” y las dos últimas, identificativas del 12º aparato dentro de la serie AA, AB, etc.

 

El hidroavión Plus Ultra en Argentina

 

La participación de la Armada

El general Primo de Rivera, presidente del Directorio, dispuso que el vuelo fuera apoyado por el destructor Alsedo y el crucero Blas de Lezo, que navegarían de modo que pudieran prestar los apoyos necesarios; además, autorizó la inclusión del Teniente de Navío Juan M. Durán -piloto de la Aeronáutica Naval y conocido de Franco cuando lo de Alhucemas- en la tripulación, si bien, para cargar más combustible para la etapa más larga, debería dejar el hidro y hacerla en uno de los buques.

 

Etapas del vuelo del Plus Ultra

 

El vuelo

A fin de establecer una conexión con los viajes de Colón, el hidro fue bautizado como Plus Ultra y se decidió salir de Palos, en lugar de Cádiz. Por otra parte, se decidió prolongar el vuelo regresando por la costa pacífica sudamericana, Cuba, EE.UU., las Azores y España como final.

Tras las últimas comprobaciones que dieron resultados satisfactorios, al amanecer del 22 de enero de 1926, y acompañados los tripulantes de una multitud entusiasta y el hidro de numerosas embarcaciones, el aparato despegó rumbo a su primera etapa.

Las etapas acabaron en Las Palmas, Porto Praia, Isla de Noronha, Pernambuco, Rio de Janeiro, Montevideo y, finalmente, el 10 de febrero, Buenos Aires. En estas dos últimas capitales, los recibimientos fueron, simplemente, apoteósicos, y los agasajos, constantes hasta el hartazgo.

Se habían volado con total éxito y precisión 10270 kilómetros en total, a una media de sólo 172 km/h (olvídense las actuales velocidades de los aviones). En una de las etapas, Franco, para no acabarla de noche, decidió amerizar y continuar navegando con el impulso de las hélices.

El entusiasmo popular

Desde el mismo momento en que fue conocido el proyecto por el público, su entusiasmo fue creciendo vertiginosamente gracias a una prensa que daba cuenta al minuto de las peripecias que iban aconteciendo y a las pizarras que pusieron en la calle el Real Aero Club de España y la Compañía Nacional de Telegrafía Sin Hilos, en las que se informaba continuamente al público viandante.

Al conocerse la llegada exitosa a Buenos Aires, en la plaza de Colón de Madrid se produjo una explosión de entusiasmo popular que duró varias horas. Para entender su magnitud es preciso que nos olvidemos de las actuales facilidades para viajar en avión. Entonces, en 1926, lo que había conseguido el vuelo del Plus Ultra fue una verdadera proeza. Las técnicas constructivas, los aparatos de comunicación y navegación, el conocimiento de la meteorología, etc. estaban progresando rápidamente, pero aún en estados incipientes; eran frecuentes los accidentes de aviones por causas mecánicas o aeronáuticas; y los errores de navegación no eran raros. Y, sin embargo, Franco y su equipo, con pasión y profesionalidad, lograron con este vuelo una verdadera hazaña reconocida entonces por todos sin discusión.

El general Gomá dijo posteriormente: “El vuelo de Franco a América fue para nuestras clases populares la revelación de la capacidad de los españoles para competir con el mundo entero en la ejecución de las más arriesgadas empresas. el vuelo del avión Plus Ultra fue un acontecimiento nacional y mundial.”

Fin del vuelo

De modo inesperado, Franco -en esos días ascendido por méritos de guerra a Comandante- recibió la orden del gobierno de Madrid de entregar el Plus Ultra a Argentina, con lo que se daba por concluido el vuelo en Buenos Aires.

 

El Plus Ultra en el Río de la Plata, Buenos Aires, Argentina

 

Para el regreso a España, el Gobierno argentino puso a disposición de los españoles el crucero ‘Buenos Aires’.

 

El Crucero A.R.A. “Buenos Aires”

 

Premios a la tripulación

A su llegada, los recibimientos y homenajes fueron indescriptibles, llenos de pasión y orgullo español. El rey Alfonso XIII otorgó a Franco, Ruiz de Alda y Durán la Medalla Aérea -equivalente a la Medalla Militar y a la Medalla Naval- y la Llave de Gentilhombre. A ellos y al mecánico Rada se les concedió la Medalla Plus Ultra, especialmente creada para premiar esta proeza.

NOTA: Esta efeméride está basada en el interesante y largo relato incluido en el libro “Grandes vuelos de la aviación española”, publicación de una Ponencia de autores dirigida por Abundio Cesteros a cargo del Instituto de Historia y Cultura Aeronáuticas.

Por Antonio Manzano  

22/01/14

ATENEA

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