Científicos del Proyecto Langostino del INIDEP estudiaron los hábitos alimenticios del marisco, junto con las principales especies del macrobentos de los fondos de pesca del langostino en el Golfo San Jorge.
Científicos del Proyecto Langostino del INIDEP estudiaron los hábitos alimenticios del marisco, junto con las principales especies del macrobentos de los fondos de pesca del langostino en el Golfo San Jorge.
Además de los crustáceos, los investigadores analizaron el comportamiento a la hora de alimentarse de otras especies agrupadas en poliquetos, equinodermos, moluscos, celenterados y tunicados.
El Informe Técnico 77/06 lleva la firma de Ana Roux, una especialista que comenzó a estudiar estos datos en 1992 junto con otros análisis sobre las características de los sedimentos del fondo del Golfo y ecología trófica de las principales especies como el langostino y otros crustáceos.
“En la alimentación de los langostinos capturados en el Golfo San Jorge, se verifica una fuerte tendencia a la predación más que a la ingesta pasiva de detrito. Los grupos que conforman lo esencial de la dieta son los crustáceos, poliquetos y moluscos, grupos ricos en especies y en abundancia entre los que integran las comunidades bentónicas de los fondos, lo que se traduce en una gran disponibilidad de alimento en su zona de distribución”, sostiene en uno de sus párrafos más importantes.
De acuerdo a lo que considera Roux, el langostino “presenta hábito de depredador bentónico; la presa es ingerida entera y viva –aclara– los componentes como escamas, espículas, etc., serían ingeridos del mismo modo que la arena, sin más selección que su tamaño y durante la captura y selección de presas”.
Junto con el comportamiento del langostino se presentan los hábitos alimentarios de las especies más abundantes pertenecientes a los principales grupos taxonómicos que integran las comunidades bentónicas de los fondos de pesca del langostino patagónico en el Golfo San Jorge.
“Estos análisis son la continuación de los estudios ya realizados sobre la dieta del langostino patagónico en los años 1998 y 2004. Los resultados aportan herramientas para el conocimiento de las intrincadas relaciones tróficas, que reflejen el grado de estructuración de una comunidad, como así también el aprovechamiento de la energía a través del ecosistema”, sintetiza la investigadora.
11/02/07
EL PERIODICO AUSTRAL
