Por Daniel Molina Carranza, Director Ejecutivo de la Cámara de Armadores Pesqueros y Congeladores de la Argentina.
Por Daniel Molina Carranza, Director Ejecutivo de la Cámara de Armadores Pesqueros y Congeladores de la Argentina.
Cualquier persona que siga la realidad argentina con detenimiento sabe hoy que el 2007 fue un año muy duro para la industria pesquera. Las imágenes de la barbarie perpetrada contra fábricas y trabajadores en Puerto Deseado ha dejado un saldo amargo, por la impunidad de los violentos y la demorada falta de respuestas del Estado.
Pero las fotos impactantes de plantas en llamas esconden una realidad profunda. El año 2007 fue el año en el que quedó en evidencia la crisis estructural que atraviesa un sector que, de manera silenciosa, agrega valor genuino a la economía argentina, exportando por montos superiores a la ganadería y, en la gran mayoría de los productos, con bienes que han sido procesado industrialmente. Las exportaciones de la industria pesquera son un modelo de lo que todos queremos que exprese la balanza comercial del país: productos que gracias a actividades que agregan valor están en sintonía con la demanda del mercado mundial.
Pese a esto, la industria pesquera tiene un escenario local plagado de dificultades que hacen cada vez más difícil realizar la actividad de manera competitiva, para ni hablar de la posibilidad de crecer y generar riqueza y puestos de trabajo.
En primer lugar, los costos laborales, que representan el 50% de la totalidad de los ingresos brutos del sector, hacen inviable la actividad. Con mucho sentido de la responsabilidad, los dirigentes sindicales más representativos han acordado realizar una renegociación de convenios. No se trata de que un marinero gane menos, se trata de buscar maneras de compensación y participación de las ganancias que alejen el fantasma más temido, que los barcos no puedan salir a pescar y que ni marineros ni empresarios ganen absolutamente nada. Hoy, los barcos parados son un escenario cercano que nos angustia.

En segundo término, el sector necesita que se produzca la demorada reglamentación de la ley federal de pesca, que instaura la cuotificación de los recursos de manera científica y profesional. Solo con empresas interesadas en controlarse mutuamente y en no devastar el mar, la industria tendrá perspectivas de crecimiento sustentable en el tiempo. Parece una obviedad, pero si se arrasa con el pescado, se termina la pesca y con ella miles y miles de puestos de trabajo y la vida económica entera de importantes ciudades del sur del país.
En tercer lugar, debe ocurrir lo que el Estado ha dado señales de tener la voluntad de hacer. Esto es, la defensa de los recursos propios evitando la devastación y el pillaje de barcos factorías en la milla 201, frontera de nuestro mar que estos barcos, que operan con trabajo esclavo, no tienen miramientos a la hora de destruir los recursos de nuestro mar.
Por último pero, y nunca dicho esto con más énfasis, no menos importante, la industria pesquera le pide al Estado que por favor se convenza de que somos un activo estratégico en el proyecto de construir un país con una economía robusta e integrada al mundo desde sus activos diferenciales. Hay mucho pescado en nuestro mar, y lo habrá por mucho tiempo si sabemos cuidarlo. La larga costa al Atlántico vive hoy en parte gracias a la industria, cientos de ciudades pueden florecer si la industria crece. Con cada barco pesquero nuevo, habrá una planta procesadora, y pescadores, y obreros y técnicos.
Quién mire hoy a la industria pesquera con detenimiento, podrá ver que la misma representa un fenomenal instrumento de distribución de ingresos. Pero contrariamente a lo que ocurre con otros commodities, los precios internacionales han sufrido reducciones, que con la actual estructura impositiva, dificultan la continuidad de la actividad. El gobierno ha defendido los incrementos en los impuestos a las exportaciones, en actividades donde se produjeron alzas en los precios de los commodities. Están dadas las condiciones entonces, para que el gobierno acompañe con una menor carga impositiva, el esfuerzo que gremios y empresas están poniendo, en lograr la concertación en la pesca.
Sitio Web de CaPECA: www.capeca.org.ar
09/01/08
CRONISTA COMERCIAL
