La television española mostró, el último fin de semana, las deplorables consecuencias de la desaprensiva conducta de muchas personas que acuden a las playas y se deshacen, sin límite alguno, de los más variados elementos que arrojan al mar.
La television española mostró, el último fin de semana, las deplorables consecuencias de la desaprensiva conducta de muchas personas que acuden a las playas y se deshacen, sin límite alguno, de los más variados elementos que arrojan al mar.
En las imágenes, se vieron zapatos, guitarras, bañeras, trozos de un caballo de madera, una bicicleta estática, prendas de vestir de todo tipo y color, un maniquí e infinidad de otros objetos que las aguas terminaron por devolver. Finalmente, pudieron verse las curiosas formas que algunos ingeniosos ecologistas dieron a una casa construida con doce toneladas de basura recogidas en playas de España e Italia.
El respectivo informe periodístico consignó que, por kilómetro cuadrado, se recogen unos 4.000 kilogramos de basura por año, en las playas de países europeos. Un colosal despropósito, que significa una burla a las mejores intenciones de campañas de preservación de los recursos naturales que promueven organismos gubernamentales e instituciones privadas dedicadas a proteger la calidad de vida de la gente. Calidad de vida que, al mismo tiempo, es agredida por los irresponsables y los inconscientes desde diversos ángulos, uno de los cuales es la contaminación de las playas y del agua de mar.
Cabe recordar, al respecto, que en naciones europeas suelen llevarse a cabo campañas de concientización sobre el particular y que se otorgan premios a las ciudades costeras que tienen sus playas en mejores condiciones. Por cierto, con desatinos como el comentado, no podrá aspirarse a distinción alguna en los lugares donde prevalece este incomprensible afán destructivo.
Por supuesto, la polución de las zonas costeras no es exclusiva de Europa, donde, a pesar de todo, debe reconocerse que existe mayor conciencia ambiental que entre nosotros. En las playas argentinas, puede advertirse, también, la comisión de actos descaradamente dirigidos a convertir tales sitios en basurales donde se congregan desperdicios de todo tipo. Muchos de ellos van a parar al mar, que termina pagando las consecuencias.
Las autoridades municipales de los respectivos balnearios, así como instituciones ambientalistas, suelen llevar a cabo campañas mediante las cuales se pretende convencer al turista de los enormes perjuicios que significa el arrojar desaprensivamente restos de comida, envases de bebidas, pañales, bolsas plásticas y cualquier otro elemento que haya sido utilizado durante las horas de permanencia frente al mar. En nuestras playas cercanas, estos atropellos no son desconocidos. Inclusive, en ciertas oportunidades, ciudadanos verdaderamente responsables en cuanto a mantener la higiene en lugares públicos han llamado la atención a los agresores del medio ambiente, con resultado claramente desalentador, que a veces va acompañado por un gesto despectivo o un insulto.
En estos años, se ha llamado la atención acerca del avance del mar sobre las áreas costeras, como está ocurriendo en varios sitios de la provincia de Buenos Aires, como efecto del calentamiento global. Si a la pérdida del área utilizable le sumamos la condenable costumbre de arrojar desperdicios indiscriminadamente, en lugar de comprender la necesidad de adoptar conductas positivas, tendremos a la vista un escenario cada vez más destruido y, por lo tanto, cada vez menos disponible para disfrutar de los regalos de la Naturaleza.
08/06/10
LA NUEVA PROVINCIA
