Salvar el mundo, como crearlo, parece ser que es cuestión de días.
Salvar el mundo, como crearlo, parece ser que es cuestión de días.
Si bien Dios lo hizo en seis y al séptimo descanso, las delegaciones de los 192 países reunidos en Copenhague, siguiendo el ejemplo de las escrituras bíblicas,se tomaron también un receso el último día de la semana, aunque continuarán hoy con las negociaciones hasta el próximo viernes.
Según el calendario marcado por la organización de la Cumbre del Clima, ayer era un día de reflexión, reposo y de actividad prácticamente nula. Sin embargo, los mensajes y los encuentros informales se sucedieron. Quizás salvar el mundo, después de tanto estropearlo, cueste bastante más que crearlo.
Aun así, el optimismo parece que reina entre las delegaciones después de que se presentase el viernes un primer borrador de acuerdo en el que se indicaba una reducción mínima del 50% de las emisiones de CO2 para el año 2050. Ese texto aproximó, aparentemente, posturas entre los países industrializados y los emergentes. Pero sus reproches y acusaciones mutuas –sobre todo entre China y Estados Unidos– no cesaron y, casi con toda seguridad, no desaparecerán ni cuando finalice el viernes la Cumbre de Copenhague.
Los ministros
La ministra danesa de Medio Ambiente y presidenta de la Conferencia del Clima, Connie Hedegaard, aplaudió la “voluntad política de los participantes a pesar de los muchos desafíos y problemas no resueltos”. El Ministerio que ocupa Hasdgaard es, precisamente, lo que menos descansó este domingo, ya que mantuvo contactos y encuentros informales a lo largo del día con ministros de Medio Ambiente de 50 países. Estas reuniones no oficiales se llevaron a cabo en privado y nada se conoce de lo que se pudo tratar en ellas.
Las razones de tanto secretismo se deben a distintos motivos. Por una parte, el sencillo hecho del receso dominical pactado en el calendario ha hecho que todos los contactos se camuflen como “consultas informales”. Por el otro, las negociaciones entran en un momento culminante, ya que los ministros están en la capital danesa con el arduo trabajo de allanar el camino para que los 110 jefes de estado y de gobierno, que llegarán el jueves a la Cumbre, puedan tomar una decisión consensuada y evitar así el naufragio de esta nave de nombre Copenhague en la que el mundo deposita grandes expectativas.
Pese a que las esperanzas en esta Cumbre se mantienen, no son pocos los que creen que Copenhague ya hace aguas, y el hundimiento es casi inevitable. La cuestión de que ya se esté dando prácticamente por descartada la posibilidad de que las negociaciones concluyan con un tratado legalmente definido –que debe sustituir al protocolo de Kioto sobre las cuotas de emisiones en 37 países industrializados– provocan ese desánimo. Además, si se une a esto que, realmente, solo la UE se comprometió ya con una cifra firme sobre su aportación a los países pobres para que puedan adaptar sus economías al cambio climático, el cóctel de desánimo y de fracaso ya está servido para los buenos paladares del escepticismo.
El responsable de Naciones Unidas para el Cambio Climático, Yvo de Boer, apunta en esa dirección y sigue viendo el gran escollo que significan las diferencias entre los principales emisores de gases de efecto invernadero. “China está pidiendo a Estados Unidos que haga más. Estados Unidos está pidiendo a China que haga más. Espero que en los próximos días todo el mundo pida a todo el mundo que haga más”, solicitó de Boer.
Detenciones masivas
Quien parece que no atiende a calendarios ni descansa es la policía danesa. Ayer, detuvo a más de 250 activistas durante el segundo día consecutivo en el que las fuerzas de seguridad se afanan en mantener el orden, después de la manifestación del sábado en la que participaron entre 25.000 y 100.000 personas. En esa marcha, la Policía arrestó a 968 activistas, de los cuales solo 13 permanecen aún detenidos. La mayoría de los asistentes a la protesta mostraron su contrariedad ante la actuación policial e, incluso, algún detenido acusó a las autoridades danesas de malos tratos. “Nos arrestaron sin motivo”, se quejó Hana Nelson, estudiante canadiense. Los activistas seguirán con sus acciones porque, pese al descanso, la Cumbre se reanuda oficialmente hoy con mucho por hacer aún.
15/12/09
XORNAL DO GALICIA
