A pocos días de haber finalizado el año 2006 y a medida que las distintas dependencias y organismos del Estado comienzan a difundir los datos consolidados de la actividad económica, los guarismos de la pesca durante el año pasado no dejan de sorprender a quienes sólo miran la actividad tangencialmente.
A pocos días de haber finalizado el año 2006 y a medida que las distintas dependencias y organismos del Estado comienzan a difundir los datos consolidados de la actividad económica, los guarismos de la pesca durante el año pasado no dejan de sorprender a quienes sólo miran la actividad tangencialmente.
Y no es para menos. La propia Subsecretaría de Pesca de la Nación da cuenta de un récord de desembarques de 1.019.754 toneladas de pescados y mariscos durante el año que pasó.
El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria informó que durante el 2006 registró exportaciones de pescados y mariscos por casi 580 mil toneladas que representaron 1.191 millones de dólares, un 45 por ciento más en esa moneda que lo que indican los registros del año anterior.
De la misma forma, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos en su último informe del Intercambio Comercial Argentino da cuenta de que durante el 2006 se exportaron pescados y mariscos por 1.223 millones de dólares, un 54 por ciento más que los 794 millones que se registraron en 2005.
Cualquiera que no conozca en profundidad la actividad industrial pesquera podría suponer que el pasado fue un año que las empresas concluyeron forradas de dinero.
Pero a poco de andar, y con cada empresario que se conversa, la situación no parece ser así. Cada uno de ellos –y lo hemos reflejado en nuestras páginas- asegura que con el brutal incremento que sufrieron sus costos y con la curva ascendente de gastos que implica sostener estos índices de captura su futuro está atado irremediablemente a los precios internacionales de los productos de la pesca, que ya amenazan con derrumbarse.
Pero hasta allí llegan sus quejas. Quien fuera un aliado preciado de los empresarios durante muchos años se ha convertido hoy en su principal enemigo. No nos referimos ni a investigadores ni a funcionarios ni a jueces. Hablamos del silencio, en que solían escudarse durante mucho tiempo.
Si el empresariado pesquero argentino quiere que la sociedad sepa que las cifras récord de la pesca en el 2006 no se reproducen en la economía empresaria del sector deberá, cifras en mano, salir a explicar sus ecuaciones de costos y demostrar la debilidad de sus economías.
El silencio sólo alentará expectativas sindicales y voracidad fiscal. Es hora de hablar. Por Tedy Woodley
29/01/07
PESCA & PUERTOS
