Fue en menos de un mes. En total, los argentinos pasarán 100 días en el mar. Durante su recorrido, ya atravesaron varias tormentas. El objetivo es dejar la embarcación en Puerto Madryn para que sea utilizada para que los chicos aprendan a navegar.
Fue en menos de un mes. En total, los argentinos pasarán 100 días en el mar. Durante su recorrido, ya atravesaron varias tormentas. El objetivo es dejar la embarcación en Puerto Madryn para que sea utilizada para que los chicos aprendan a navegar.
En menos de un mes, los chubutenses tripulantes del velero Danielle cruzaron el Océano Atlántico cumpliendo así una etapa fundamental de la travesía que comenzaron el 15 de noviembre del año pasado en España, como diera cuenta Jornada.
“Llegamos a Brasil, más precisamente a la ciudad de Recife. Hoy es 11 de enero del 2007. Tipo 2 de la mañana tiramos las dos anclas y nos quedamos descansando hasta que el sol y el sueño quisieron. Para hacer una síntesis del cruce les puedo decir: simplemente es-pec-ta-cu-lar…”, escribieron los protagonistas en la bitácora del viaje (en www.danielle2006.com).
Se trata de Jorge Zucas, su hermano Ricardo y Eduardo Williams, quienes partieron del puerto de Benalmádena, provincia de Málaga, para realizar un recorrido que les demandará cuatro meses en el mar.
A partir de ahora el Danielle va a costear la geografía brasilera y uruguaya hasta ingresar a Buenos Aires. Necochea es una parada obligatoria porque el trío será recibido con un asadito. La última etapa serán Puerto Pirámides y Puerto Madryn, localidad que se transformará en la residencia definitiva del Danielle.
El objetivo de la travesía es difundir por el mundo el mensaje de la Fundación Selián-española, con fines sociales- que apoyó el proyecto en elementos costosos como velas, el piloto de viento y la pintura del casco. Pero el otro fin de la aventura, algo más personal, es dejar el velero a disposición de los chicos provenientes de familias con escasos recursos económicos que quieran aprender a navegar.
Soñadores
El impulsor de la travesía Benalmádena-Puerto Madryn fue Jorge Zucas. En la web, el comodorense (que desde hace varios años está radicado en España) contó cómo Williams se sumó al proyecto: “Como dispongo únicamente de cuatro meses por los compromisos laborales calculé que este tiempo sólo alcanzaba para la ida y entonces me di cuenta que el Danielle tenía que quedar en la Patagonia. Llamé a un amigo, comprometido con la navegación a vela, y le pregunté: ‘¿Lalo, si te llevo el Danielle, que es un barco muy marinero, vos podrías usarlo para enseñar a navegar a chicos de pocos recursos?”. Y Lalo me respondió: "Sólo si me dejás comprobar que es marinero de verdad’”.
Marinos
Villas de pescadores, ciudades con castillos antiguos, una ballena a 50 metros, un asado con vino tinto y tango pero también una feroz tormenta en el medio del mar son algunas de las anécdotas que los viajeros tienen para contar.
Después de las islas La Sal y Santo Antó, Maió fue el último contacto con tierra, el 14 de diciembre. “Pasaron muchos días de nada de viento, casi 8, hasta que entraron los alisios del sur, con los cuales navegamos hasta los 5 grados sur (abajo del Ecuador), donde viramos y nos vinimos para Brasil, laralaralaralaraaaaa, brasiiiiilllll, brasiiiiilllll”, escribieron.
“En el primer día de navegación del velero recorrimos 60 millas pero tuvimos que resguardarnos en la Bahía de Algeciras debido al fuerte temporal en el estrecho”, registraron los tripulantes en su diario.
El 17 de noviembre zarparon rumbo a las Islas Canarias, después de esperar que pase el temporal en la bahía de Algeciras. Ocho días más tarde, Ricardo anotó: “Anoche dormí 8 horas seguidas. La tormenta ya no está. Voy al timón a las 4 de la mañana, y en un rato, como casi todos los días, vienen los delfines a visitarnos. También vimos tortugas bien verdes, navegando en la tormenta de ayer”.
A principios de diciembre, los chubutenses vivieron una fuerte tormenta. “Empeora el clima, no nos da tregua. Ya parecemos enfermos tirados en nuestras camas, sin nada realmente de poder hacer. No tenemos fuerzas, ni ganas ni ánimo para nada. El mar, por lo contrario, ruge y ruge lleno de vida”, describen.
“Los músculos duelen de estar acostados haciendo fuerza para no golpearnos con algo. Por ahí dormís y al rato te despertás al borde de calambres. Es muy extraña y desagradable esta sensación”, finaliza la crónica.
15/01/07
DIARIO JORNADA
