Se cumplen 95 años de la pugna entre Scott y Admunsen por llegar los primeros a la Antártida.
Se cumplen 95 años de la pugna entre Scott y Admunsen por llegar los primeros a la Antártida.
La última carta que el capitán Robert Scott escribió a su mujer en la Antártida, en la que hablaba de una muerte «inevitable» y se refería a ella como su «viuda», será parte de una próxima muestra dedicada al explorador británico.
El Instituto Scott de Investigación Polar, de la Universidad de Cambridge (Inglaterra), informó de que la misiva formará parte de una exposición sobre la correspondencia del capitán, que en 1912 intentó sin éxito ser el primero en llegar al Polo Sur y fue superado por Roal Admunsen.
El reputado instituto, que mostrará las misivas este 17 de enero en Cambridge, ha organizado la muestra con motivo del nonagésimo quinto aniversario de su última aventura polar.
La familia del capitán ha decidido donar la carta y otras misivas sobre la expedición antártica a la Universidad de Cambridge.
En 1912
Fechada en marzo de 1912, la carta -hallada un año después en la tienda de campaña en que el capitán y su equipo se refugiaban- está destinada a su mujer, Kathleen, y se refiere a ella como «mi viuda».
«Querida, no es fácil escribir por el frío, setenta grados bajo cero y nada más que nuestra tienda de campaña», escribió Scott.
«Lo peor de esta situación es que no te volveré a ver, hay que afrontar lo inevitable», le decía el capitán a su mujer, a la que le pedía que se volviera a casar.
«Cuando el hombre adecuado llegue para ayudarte en la vida, deberías volver a ser feliz (…) espero ser para ti un buen recuerdo», proseguía el explorador. Al mismo tiempo, le pedía a Kathleen que animase a su hijo Peter, por entonces con tres años de edad, a estudiar historia natural, pues «es mejor que los juegos». Peter Scott se convirtió con el tiempo en uno de los más famosos naturalistas y ornitólogos del Reino Unido.
Con la donación de esta misiva, la Universidad de Cambridge cuenta ahora con la colección completa de la correspondencia del capitán, formada por más de trescientas cartas. «Estas serán conservadas en el instituto, que también tiene el famoso diario del explorador y muchos otros artefactos de su malograda exploración», dijo un portavoz de la universidad.
El director del instituto, Julian Dowdeswell, agradeció la donación, pues, de lo contrario, las cartas finales podían haber caído en manos de algún coleccionista privado. «En cambio, esto será de gran valor para permitir continuar con nuestra labor histórica como centro internacional para el estudio de las regiones polares», agregó el director.
La primera exploración de Scott a la Antártida tuvo lugar entre 1901 y 1904, mientras que la segunda empezó en enero de 1911 y llegó al Polo Sur el 17 de enero de 1912, un mes después de que lo hiciera el noruego Roald Amundsen. Scott murió mientras emprendía el regreso por falta de suministros.
Duelo a muerte
Las dos expediciones atacaron su objetivo con igual valor, pero la suerte determinó que el esfuerzo significara para unos la victoria y para otros la muerte. Llegaron a entrevistarse frente a frente pocos días antes de atacar el último tramo de su aventura, ya que sus respectivos campamentos distaban unas decenas de kilómetros. Admunsen salió de su base el 19 de octubre de 1911.
Para el 13 de diciembre sabían que les faltaban pocos kilómetros. Su gesta está recogida en muchas páginas de internet, entre ellas en el portal Planeta Sedna. «Fue como la víspera de un gran festival, aquella noche en la tienda», y Amundsen tenía «la misma sensación que recuerdo, de niño, la noche anterior a Nochebuena: la tensa espera de lo que iba a pasar», se dice allí.
A la mañana siguiente se levantaron muy temprano y reanudaron la marcha. Esforzándose en columbrar algún signo de vida en el horizonte, sólo veían hacia adelante «la interminable planicie». Por último, a las tres de la tarde del 14 de diciembre de 1911, llegaron a los 90’11’ S, al polo Sur. «Así» escribe Amundsen «se rasgó el velo para siempre, y dejó de existir uno de los mayores secretos de nuestro planeta».
Pasaron en el polo casi cuatro días, alternando celebraciones con observaciones científicas. Alzaron una pequeña tienda con un mástil donde ondeaba la bandera noruega, y dejaron dentro dos notas, una para Scott y otra para el rey de Noruega, que pedían a Scott que recogiera por si acaso ellos no volvían.
«Fue un momento solemne cuando nos descubrimos y despedimos. Nos pusimos inmediatamente en camino sobre nuestro propio rastro. Muchas veces nos volvimos para echar una última ojeada … Descendieron los vapores blanquecinos y nuestra banderita no tardó en desaparecer de la vista!».
14/01/07
HOY DIGITAL
