Romper la mediterraneidad boliviana

El largo conflicto por una salida al mar para Bolivia pudiera estar llegando a su capítulo final y con esto uno de los puntos de tensión en la tradicional lógica de las amenazas territoriales y fronterizas que han permanecido por más de un siglo en nuestra región suramericana.

El largo conflicto por una salida al mar para Bolivia pudiera estar llegando a su capítulo final y con esto uno de los puntos de tensión en la tradicional lógica de las amenazas territoriales y fronterizas que han permanecido por más de un siglo en nuestra región suramericana.

Las condiciones coyunturales son ampliamente favorables e inéditas en la historia de las relaciones fronterizas post guerra del salitre entre los países de Bolivia, Chile y Perú. Existe un ambiente internacional en el marco regional que ha avanzado notablemente en las perspectivas de integración y cooperación, que está abarcando un abanico temático muy amplio, y que ha demostrado ser un actor relevante para asumir los desafíos positivos y ser un buen moderador de los conflictos y diferencias.

Está presente en el ánimo político de los líderes regionales la superación de cierto lastre histórico de conflictos territoriales y, en este sentido, la permanencia de la demanda boliviana viene a ser una situación demasiado incómoda, no sólo para los países directamente involucrados, sino para la imagen y la praxis política del conjunto de la región.

Una vez más está en juego no solo la capacidad política de los líderes y las élites de concordar en soluciones para sus conflictos, sino también poner en circulación la mirada sobre otros paradigmas de seguridad y desarrollo, particularmente aquel que asume una visión integral, multidimensional, cooperativa e integradora.

Atrás van quedando aquellas hipótesis de conflicto vecinal basadas en la reivindicación territorial, las definiciones político-estratégicas de disuasión, en la frontera como un espacio de ruptura y no de continuidad, en la lógica de un desarrollo competitivo y excluyente con los vecinos, y en un espejismo de inmunidad ante nuevos riesgos, basado en un auto declarado aislacionismo del barrio suramericano.

Hoy día, ninguna de estas opciones adquiere grados de virtud y muy por el contrario, cualquier iniciativa en esta dirección se transforma en un obstáculo objetivo para el crecimiento y desarrollo humano.
Dentro de esta dinámica, la prolongación de una problemática territorial, expresada en un malestar nacional que impacta en las relaciones entre estados y pueblos, afecta las estrategias de crecimiento y desarrollo. La lógica de este conflicto ya no está circunscrita a los tres países involucrados, sino que se amplifica a todos los países de la subregión, puesto que los procesos de integración requieren de un círculo virtuoso de todos los eslabones de la cadena.

En el ámbito interno, el gobierno del presidente Evo Morales ha demostrado una actitud muy ponderada y razonable frente a su demanda histórica. El gobierno de Perú históricamente se ha sentido solidario con la reivindicación marítima boliviana y ha vuelto a insistir en su colaboración, a través de las recientes medidas anunciadas en la reunión entre los respectivos presidentes y ministros de relaciones exteriores y defensa, en lo que ha significado una reactivación del mecanismo 2+2.

Por esto que la propuesta del acceso al Pacífico por el puerto de Ilo a través de una modernización del proyecto Bolivia Mar es muy atractiva. Bolivia debe aprovechar al máximo las 163 hectáreas de terreno, los 5 kilómetros de costa, para activar proyectos turísticos, comerciales y pesqueros. Quedan abiertas las posibilidades de interacción entre las dos marinas de guerra, desarrollo portuario y un mejor direccionamiento de los corredores bioceánicos.

Por el lado chileno, el avance en la democracia ha permitido asumir la responsabilidad histórica que tiene en esta materia y, por primera vez, existe una agenda explícita de trabajo con Bolivia que incluye desafíos más allá de la demanda marítima. Ha llegado la hora impostergable para que el gobierno chileno entregue una solución viable, pero que a su vez no altere las relaciones trilaterales. Se debe tener en la retina a Bolivia y Perú al unísono.

Por esto es fundamental que en este triángulo problemático, el actual litigio jurídico internacional entre Chile y Perú, que está radicado en La Haya, no altere el avance de la solución para el caso boliviano, y menos aún que pueda ser usado como artefacto para un juego de carambola. Es necesario exigir la más alta mirada de estadista a nuestros líderes, pensando que la ganancia o la pérdida coyuntural deben encadenarse a objetivos de largo alcance, y siempre serán relativos frente a conceptos estratégicos.

Espero que las ofertas peruanas, así como seguramente serán las chilenas, no estén dirigidas maliciosamente, en una suerte de espiral de amiguismo para aparecer bien aspectado en la fotografía con la víctima, y denostar al contrincante. Por eso creo que se hace necesario que UNASUR asuma un rol de observador garante para el cumplimiento de las promesas dirigidas al pueblo boliviano.

Las definiciones absolutas de integridad territorial, soberanía, victoria o derrota, razón o fuerza, de nada sirven en estos tiempos. Una mirada de racionalidad histórica obligarán a poner en suspensión estos nominales, justamente en nombre del bien común.
Por Carlos Gutiérrez Palacios (Licenciado en Historia por la Universidad Católica de Chile, director de la ONG Centro de Estudios Estratégicos, en Chile y magister en Ciencias Militares).

28/10/10
ATENEA

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