UN EPISODIO registrado semanas atrás en las islas Canarias pone de resalto, una vez más, la magnitud que ha alcanzado el fenómeno del avance del mar, con evidentes riesgos para poblaciones costeras en todo el mundo. La policía española realizó un procedimiento de desalojo de 36 familias de un pueblo tradicional del archipiélago, por encontrarse demasiado cerca de la orilla, en cumplimiento de una ley de costas que podría significar la erradicación de innumerables construcciones en diversas regiones del país.
UN EPISODIO registrado semanas atrás en las islas Canarias pone de resalto, una vez más, la magnitud que ha alcanzado el fenómeno del avance del mar, con evidentes riesgos para poblaciones costeras en todo el mundo. La policía española realizó un procedimiento de desalojo de 36 familias de un pueblo tradicional del archipiélago, por encontrarse demasiado cerca de la orilla, en cumplimiento de una ley de costas que podría significar la erradicación de innumerables construcciones en diversas regiones del país.
EL SUCESO ocurrió en el pueblo de Chovigo, construido en la roca de un acantilado, donde, tras el desalojo de sus pobladores, se emplearon maquinarias para la demolición de las casas, algunas de las cuales eran centenarias. La ley de costas española prohíbe la presencia de viviendas a menos de cien metros de la orilla, en lugar de los veinte metros que regían conforme anteriores disposiciones.
NO SOLAMENTE ciudadanos españoles sino de otros países europeos han construido o adquirido casas en zonas costeras, para disfrutar, sobre todo, de los placeres de la temporada estival. Aunque durante varios años las autoridades mostraron tolerancia en la aplicación de la norma, recientemente se dieron instrucciones para operar con rigor. Por ello, decenas de miles de construcciones que han pasado a ser ilegales podrían verse amenazadas de demolición, en los años venideros.
LOS HABITANTES de Chovigo, entre quienes se cuentan pescadores, procuraron resistir la medida, pero los equipos del gobierno se mostraron inflexibles y actuaron en consecuencia. De la misma forma, muchas aldeas en similar situación podrían correr igual suerte, no solamente en las Canarias sino en el territorio continental. En esos poblados, pasan el verano miles de pobladores que, durante el resto del año, viven en el interior.
EL PAULATINO avance del mar, producto del calentamiento global, va originando este tipo de conflictos, donde se enfrentan las decisiones oficiales con los propósitos de los pobladores de no desarraigarse de sus lugares de residencia permanente o temporaria. El fenómeno también comienza a advertirse en la Argentina. De hecho, ya la provincia de Buenos Aires ha tomado medidas con respecto a ciudades y localidades balnearias de su litoral, donde la desaparición de las playas es un hecho irreversible.
EN LA MISMA Mar del Plata, una zona de principalísimo desarrollo turístico, como Punta Mogotes, ha comenzado a experimentar los efectos del avance del mar, con la desaparición de amplias superficies antes a disposición de los bañistas. No debe perderse de vista que también en otros balnearios (en nuestra zona, los de Monte Hermoso y Pehuen Co) será preciso actuar con responsabilidad y claro sentido de prevención, a los efectos de evitar futuras consecuencias para los edificios erigidos a pocos metros de la playa.
DESDE HACE varias décadas, los estudiosos vienen advirtiendo acerca de los riesgos que podrían correr, en el futuro, las ciudades y pueblos costeros, ante la indetenible suba del nivel del mar. Corresponde, por lo tanto, anticiparse a eventuales derivaciones y programar las acciones que indiquen los estudios técnicos, con el fin de proteger debidamente las zonas más expuestas.
11/11/08
LA NUEVA PROVINCIA – BAHÍA BLANCA
