Aunque pueda sonar poco elegante, la expresión “desacople” se ha convertido en un término clave del léxico económico. Las razones son obvias. Podemos sentir el frío viento del debilitamiento económico del otro lado del Atlántico. Simultáneamente recibimos una brisa cálida proveniente de los mercados emergentes. Estas contradicciones generan entonces la pregunta: ¿Puede la economía global sobrevivir a una desaceleración importante de la estadounidense?
Aunque pueda sonar poco elegante, la expresión “desacople” se ha convertido en un término clave del léxico económico. Las razones son obvias. Podemos sentir el frío viento del debilitamiento económico del otro lado del Atlántico. Simultáneamente recibimos una brisa cálida proveniente de los mercados emergentes. Estas contradicciones generan entonces la pregunta: ¿Puede la economía global sobrevivir a una desaceleración importante de la estadounidense?
(Gran Bretaña). En el pasado reciente, la respuesta habría sido, definitivamente, “no”. En el 2000, el año anterior al de la última recesión, la economía global se expandió a un ritmo del 4.2%. Dentro de las cifras generales, los resultados en el mundo desarrollado mostraban un crecimiento del 3,7% por ciento, mientras que el mundo en desarrollo crecía al 6.6%. En el 2001, año en el que la economía mundial sucumbió al temprano colapso del mercado de valores, el mundo desarrollado creció a un 1.2% y el emergente a un 3.2%. Así, aunque las cifras del crecimiento de los países emergentes permanecieron por encima del mundo desarrollado, la pérdida de “momentum” fue, de hecho, mayor en aquél.
El ciclo descendente del 2001 fue liderado por los Estados Unidos. Los gastos de los consumidores en ese país crecieron más o menos la mitad ese año, al tiempo que colapsaron los gastos de capital. Algunos países reaccionaron muy rápidamente ante los problemas americanos. La por entonces naciente recuperación de Japón, se esfumó en una nube de recesión. Turquía y la Argentina sufrieron crisis personales (se podría argumentar que éstas estuvieron más conectadas con las dificultades de los mercados emergentes de fines de los 90).
La economía de la eurozona se sostuvo bien por alrededor de seis meses (permitiendo a los políticos jactarse transitoriamente de su buen manejo de la economía), para precipitarse en una importante caída durante los años 2002 y 2003.
Hubo una o dos excepciones. Gran Bretaña tuvo una actuación remarcablemente buena, favorecida por un fortuito aflojamiento de la política fiscal. China continuó su expansión, beneficiándose tal vez con la exagerada búsqueda de reducción de costos de las compañías en todo el mundo, que las llevó a un furioso proceso de importación. De todos modos, más allá de la fortaleza de China, las demás economías asiáticas en su mayoría cedieron ante el debilitamiento de la de los EEUU.
Los comportamientos del pasado, no favorecen por lo tanto la tesis del “desacople”. Muchos argumentaron a favor del desacople en el 2000. El boom del mercado de valores fue hecho en los EEUU. La burbuja tecnológica fue una invención estadounidense.
Los EEUU fueron más vulnerables que otros a causa de su medible déficit en la balanza de pagos. Todos puntos razonables tal vez, pero todos probaron ser irrelevantes. Ahora sabemos que el resto del mundo, simplemente no resultó inmune al retroceso económico de los EEUU.
Entonces, ¿porqué molestarse siquiera en argumentar a favor del desacople hoy? A pesar de que siempre soy cauteloso en razonar que “este tiempo es diferente”, actualmente estoy algo entusiasmado con la teoría del desacople. Y la razón más simple en su favor, es que de hecho está ocurriendo.
La economía estadounidense cerrará este año con un crecimiento del 2%. Para sus estándares, esto no es mucho.
Volviendo a finales de la década del 90, la economía norteamericana se expandiría típicamente a más del 4% anual. El crecimiento del mundo emergente este año será, sin embargo, de alrededor del 7.3%, una continuación de las impetuosas tasas de expansión observadas en cada uno de los tres últimos años. Los estados Unidos pueden haberse resbalado con una cáscara de banana inmobiliaria, pero hay muy pocas evidencias de la existencia de problemas recesivos en el mundo emergente.
Más allá de esta muy simple observación, hay además otros importantes cambios. Los mercados emergentes dan cuenta ahora de una mayor proporción de la actividad económica global. En el HSBC calculamos que su participación en el Producto Bruto Interno global ha crecido desde alrededor del 18% en 1999, a cerca de un 22% hoy. La participación de los mercados emergentes en el gasto de capital global (incluido todo desde maquinaria hasta construcción de viviendas) ha saltado de cerca del 20% en 1999, superando cómodamente el 30% en la actualidad. Estamos asistiendo a una revolución económica.
Estos desarrollos, a su vez, están causando un notable efecto sobre los patrones globales del comercio. Hacia fines de los 90, los primeros cinco contribuyentes al crecimiento de las exportaciones de la Eurozona, fueron – en orden descendente – los EEUU, Gran Bretaña, Suiza, Japón y Suecia. En los primeros siete meses del 2007, los cinco primero contribuyentes fueron Rusia, Gran Bretaña, Polonia, OPEC y China. En rigor, durante este período, las exportaciones de la Eurozona hacia los EEUU han caído (lo que no es sorprendente habida cuenta del fortalecimiento del euro frente al dólar). Efectivamente, los mercados emergentes han desplazado a los exportadores europeos, quienes de otra forma, se habrían expuesto a un ambiente estadounidense crecientemente más frío.
Nada de esto garantiza que el desacople esté aquí para quedarse. El gasto de capital de los mercados emergentes puede ser fuerte, pero ¿con qué propósitos? ¿Para satisfacer las necesidades de los consumidores de los mercados emergentes, o más bien para satisfacer las demandas de importación de los consumidores estadounidenses? Y en la medida en que más y más exportaciones europeas están yendo a China y la OPEC, ¿qué pasaría si por ejemplo, la demanda estadounidense se redujera por un largo período? ¿Podría ser que la demanda china de productos europeos semi-manufacturados se redujera si las empresas chinas resultan incapaces de exportar tanto como ahora a los EEUU? ¿Podría ser que la demanda de algo de lujuria europea por parte de la OPEC se derrumbara por la desaceleración de la economía norteamericana, que a su vez podría desatar una caída de los precios del petróleo?
Todas estas cosas son posibles. Las evidencias, sin embargo, apuntan en la dirección contraria. Aun cuando la economía estadounidense ha aflojado, los precios del petróleo continúan subiendo. No hay evidencias por tanto, de que el debilitamiento de la economía norteamericana esté obstaculizando el poder de gasto de la OPEC.
La desaceleración estadounidense ha contribuido en realidad a estrechar el déficit de la balanza de pagos americana, lo que en efecto implica una reducción en la demanda de los EEUU sobre los bienes y servicios producidos en el resto de los países del mundo. A pesar de esto – y a pesar también, de un dólar mucho más débil – el resto del mundo parece estar funcionando bastante bien. En verdad, el mundo emergente podría estar desempeñándose muy bien. La semana pasada, las fuentes estadísticas chinas revelaron que la economía de ese país se expandió a una tasa del 11.5% en el tercer cuatrimestre, apenas un poco menos que el promisorio 11.9% del segundo cuatrimestre.
Estas impresionantes tasas de crecimiento sugieren que la economía china continúa calentándose. Pero no es la única. Otras explosivas economías emergentes incluyen a la Argentina (con un GDP creciendo y estimado en 7.8% para este año), Brasil (5.1%), Chile (5.8%), Polonia (6.6%), Rusia (7.5%), Turquía (5.3%), Ucrania (7.4%), Egipto (6.8%), Emiratos Árabes Unidos (6.4%) y la India (8.8%).
El hecho de que lo estén haciendo tan bien en el contexto de una marchita economía estadounidense, lo hace más impresionante. Si le damos una mirada más cercana, advertimos que existe una conexión. Dado que muchos de esos países atan sus monedas al dólar, las reducciones en las tasas de interés en los EEUU, evitan a los bancos centrales de los mercados emergentes tener que ajustar demasiado la política monetaria, aun en el caso de que sus economías se recalienten. En otras palabras, una economía norteamericana más débil dejaría condiciones monetarias holgadas en el mundo emergente, con tendencia al incremento de las presiones inflacionarias.
Al final, puede que los mercados emergentes se “reacoplen” con los EEUU; pero ello sólo sucedería después que explote la actual burbuja inflacionaria. Ello podría ocurrir en el término de años, antes que meses.
Stephen King (director gerente de economía en el HSBC)
(Fuente: The Independent; 29/10/07)
30/10/07
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Traducción de NUESTROMAR.
