Polémicas Represas ¿Beneficio o Perjuicio?

Polémicas Represas ¿Beneficio o Perjuicio?

Un proyecto para la posible construcción de dos represas hidroeléctricas sobre el río Santa Cruz, en la provincia homónima, reavivó la discusión de si las grandes represas son la solución al problema energético de nuestro país. Aquí, pros y contras de esos megaproyectos.

Un proyecto para la posible construcción de dos represas hidroeléctricas sobre el río Santa Cruz, en la provincia homónima, reavivó la discusión de si las grandes represas son la solución al problema energético de nuestro país. Aquí, pros y contras de esos megaproyectos.

El río Santa Cruz es uno de los principales ríos de la Patagonia argentina. Tiene 385 kilómetros de largo desde su nacimiento, en el lago Argentino, hasta su desembocadura, en un profundo estuario que comparte con el río Chico, en el océano Atlántico Sur. Es uno de los ríos emblemáticos de la Patagonia y como tal le da nombre a su provincia, al igual que los ríos Negro, Chubut y Neuquén en sus respectivas provincias homónimas.

El agua del lago Argentino y del río Santa Cruz proviene del deshielo de los glaciares que los rodean. El río es uno de los más caudalosos de la Argentina, solo superado por el Paraná, el Uruguay y el Negro. A pesar de su importante caudal, de 790 metros cúbicos por segundo en promedio, y de la velocidad de su curso, no es un río navegable, ya que los afloramientos rocosos de su lecho lo impiden. Es el último gran río sin represas de la Patagonia pero, precisamente por su importante caudal, fue elegido para construir en él dos grandes represas.

Represas Cóndor Cliff y La Barrancosa
La Argentina necesita cada vez más energía eléctrica para su desarrollo industrial y productivo, y también para la vida cotidiana de sus habitantes. Todos dependemos de ella para nuestros electrodomésticos, comunicaciones, computadoras, transporte. El 60 por ciento de la generación eléctrica de nuestro país proviene de centrales térmicas alimentadas a gas o de la gasificación de fueloil o gasoil. El resto proviene de las energías hidráulica y nuclear. Pero Argentina debe sustentar su energía con otras alternativas diferentes a las del gas natural ya que se está agotando, sobre todo el gas barato; entonces, es mejor utilizarlo para el consumo industrial que quemarlo en una central térmica. Así surge la necesidad imperiosa de buscar nuevas fuentes energéticas para generar electricidad. Y es ahí donde entran en escena las represas hidroeléctricas sobre el río Santa Cruz.

En el año 1976, por encargo de la ex Agua y Energía Eléctrica, el ingeniero Mariano Castillo inició los primeros estudios para evaluar la posibilidad de instalar cuatro represas sobre los ríos La Leona (que une la cuenca del lago Viedma con la del lago Argentino) y Santa Cruz. Con el paso de los años, por cuestiones económicas y ambientales, el proyecto inicial, que incluía las represas La Leona, Cóndor Cliff, Barrancosa y Los Lindos, quedó reducido solamente a dos, que constituyen el complejo Cóndor Cliff-La Barrancosa, ambas sobre el río Santa Cruz. La Barrancosa estaría en el kilómetro 185 del río, contando desde su desembocadura, en tanto que Cóndor Cliff estaría en el kilómetro 250.

El gobierno nacional incluyó el proyecto en el “Programa Nacional de Obras Hidroeléctricas” creado en 2009 con el fin de asegurar el financiamiento y la terminación de obras de esas características. Las dos usinas tendrían una potencia instalada de 1740 megavatios (MW) lo que le permitiría generar, en promedio, 5 millones de MW/hora/año. La Barrancosa tendría una potencia de 600 MW y Cóndor Cliff, de 1.140 MW. El costo del proyecto se estima en unos 2 mil millones de dólares, con un plazo de construcción de cinco años y la generación de unos dos mil empleos. De construirse, sería la mayor obra de infraestructura del actual gobierno nacional. Veamos ahora algunos elementos a tener en cuenta, al momento de tomar decisiones de esta magnitud.

A una represa la definen dos valores: la potencia y la energía. Para entenderlo mejor, pensemos en un auto. La potencia es la capacidad que tiene el auto de correr a 150 km/h, los caballos de fuerza que tiene. La energía, en cambio, es su capacidad de sostener esa potencia en el tiempo. En la represa, la altura del muro determina la potencia pero la energía dependerá del tamaño del lago que se genera detrás del muro. Una represa puede generar megavatios por hora si tiene “combustible”, es decir, si tiene agua. La potencia instalada depende de las turbinas que se pongan, pero también es importante saber cuántas horas en el año se podrá pasar agua por esa central, y cuánta energía generará.

¿Cuánto puede costar un complejo hidroeléctrico como Cóndor Cliff-La Barrancosa?
La respuesta no es sencilla ni siquiera para los especialistas. Todas las represas son distintas y no es fácil dar un costo promedio. Éste depende de qué cantidad de agua contiene la represa, y la cantidad de agua define el tamaño del muro de hormigón que hay que hacer. Ese muro, a su vez, depende de cómo se puede sostener, por ejemplo, si hay o no montañas que lo contengan. Desde el punto de vista energético, una central estable de un río como el Paraná es ideal ya que generará todo el tiempo. En cambio, en un río de montaña se tendrá toda la potencia instalada durante pocas horas al año.

Dependiendo de la potencia y la energía se define la obra civil. Un buen ejemplo en ese sentido es Brasil, que tiene una gran experiencia en hacer represas hidroeléctricas de gran tamaño. Sus represas están sustentadas por desarrollos de ingeniería propios, que son los que determinan el tamaño de la pared y el de las turbinas que usarán. Brasil define sus proyectos de ingeniería sobre la base de la potencia que quiere, y la energía generada será la que sustente el proyecto real. De esa manera, Brasil tiene un costo por unidad de energía producida de 50 dólares por MW/hora. Argentina, en cambio, tiene un costo de 130 dólares por MW/h. Como dato adicional, la potencia instalada en toda la Argentina es menor que la potencia instalada sólo en el estado de San Pablo.

Para comparar números es bueno tener en cuenta otras dos represas que están en estudio para su desarrollo, entre nuestro país y países vecinos. Una es la de Corpus Christi sobre el río Paraná, que se construiría con Paraguay. Tendría 2.800 MW, 21 millones de MW/h/año, y su costo estimado sería de 2.400 millones de dólares. La otra es el proyecto Garabí, con Brasil, sobre el río Uruguay. Tendría 1.400 MW y 5 millones de MW/h/año, y costaría unos 1.700 millones de dólares.

Otro tema es el “mito” de los empleos y los grandes sueldos. El beneficio para los pobladores locales sería por servicios anexos (comida, alojamiento, servicios). Es verdad que la actividad económica en la zona podría mejorar al haber mucha gente trabajando. Pero en la represa trabajarían pocas personas de la zona, porque se necesitan obreros especializados. Los grandes sueldos no serían para los pobladores locales.

Y con respecto al precio, no incluye la necesidad de hacer un tendido de 1.000 km de líneas de alta tensión. Según los especialistas en estudios de factibilidad técnica y económica, hacer estas represas sobre el río Santa Cruz “no sería la mejor opción para la Argentina”.

Patagonia sin represas
Al igual que en Argentina, en Chile proyectan construir cinco represas sobre dos ríos chilenos: el Baker y el Pascua. Además, en esos casos hay un agravante ya que los ríos (que desaguan hacia el Océano Pacífico) nacen en lagos compartidos entre ambos países. Son los lagos Buenos Aires y San Martín del lado argentino, que llevan los nombres de lago General Carrera y O’Higgins, respectivamente, del lado chileno. Se estima que la inversión total sería de más de 2.750 millones de dólares y generaría un 20 por ciento de la energía que Chile consumirá en los próximos 10 años.

El primer problema de esas futuras represas chilenas, que se construirían en la zona de Aysen, vecina a la provincia de Santa Cruz, es que se las pretende instalar sobre dos ríos que nacen en lagos andinos cuya soberanía es compartida entre Chile y Argentina, y existen documentos bilaterales que obligan a ambos países a coordinar la explotación de los “recursos hídricos compartidos”. Ya tenemos un antecedente desfavorable, cuando se construyó una “papelera” sobre la costa uruguaya del Uruguay, un río compartido con nuestros vecinos. También existía un tratado bilateral que exigía acuerdos entre ambos países, y conocemos el final de esa historia. El segundo problema es que esa zona de Chile tiene un alto valor ambiental, paisajístico y cultural, y si se concretan las represas toda la zona se va a dañar con gigantescas inundaciones, destrucción de bosques, instalación de enormes líneas eléctricas de alta tensión y modificación irreversible de ecosistemas únicos.

En la región chilena de Aysen viven unos 100 mil habitantes, muchos de los cuales participan activamente en ONGs locales que se oponen al megaproyecto de las represas a través de movimientos ciudadanos englobados bajo el nombre de “Patagonia chilena sin represas”. Pero también es cierto que Chile necesita energía y tiene pocas alternativas de generarla si no es a través de centrales hidroeléctricas. Como pasa en Santa Cruz, otra vez la energía es generada en zonas poco pobladas para llevarla a los grandes centros urbanos. En el caso de Chile, a Santiago.

Una alternativa es la construcción de pequeñas represas hidroeléctricas, menores a 10 MW de potencia. Robert Kennedy Jr., fiscal del Consejo de Defensa de Recursos Naturales y sobrino del fallecido presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, aseguró que Chile tiene el “mayor potencial en todo el mundo” de energías renovables, y abogó por diversificar la matriz energética con el uso de energía eólica, solar y geotérmica, como hicieron Suecia e Islandia. Kennedy propuso la construcción de minicentrales hidroeléctricas en contraposición a las grandes centrales que se prevén construir en el sur de Chile. “Pueden construirse represas en Chile –dijo Kennedy– pero muy pequeñas, que ofrezcan energía en 18 meses y no en los diez años que tardarán las grandes centrales en producir energía”.

El proyecto de las represas chilenas en Aysen es considerado vital para aliviar los problemas energéticos de un país que debe importar más del 90 por ciento del petróleo que consume, afectado por la escasez de gas argentino y por una sequía que perjudicó la generación hídrica de electricidad. Para ello habrá que construir torres de alta tensión a lo largo de más de 2200 km degradando más de 15.600 hectáreas. Será la línea de transmisión más larga del mundo, una verdadera “muralla eléctrica” formada por 5 mil torres de entre 50 y 70 metros de altura.

Hablando de murallas, China tiene una “nueva gran muralla”: la represa Tres Gargantas, que es la mayor obra hidroeléctrica del mundo. Está construida a todo lo ancho del poderoso río Yangtze, que alimenta y atormenta a los chinos desde hace 5 mil años con sus aguas llenas de peces y sus graves inundaciones. La represa tiene 28 turbinas, que producen casi 85 millones de MW/hora de electricidad por año, con una potencia instalada de 18.200 MW. Y como en China todo es a lo grande, además de ser el mayor proyecto que haya emprendido el pueblo chino en miles de años, el gigantesco lago embalsado, que tiene una superficie de 1.084 kilómetros cuadrados y que acompaña al muro de contención de 180 metros de altura, desplazó a 1200 pueblos y dos ciudades enteras, sumando unos 2 millones de personas que debieron mudarse del lugar.

Ventajas y desventajas de las grandes represas
La principal ventaja de una represa es la gran cantidad de energía eléctrica que produce, la cual se puede conectar con las redes eléctricas ya existentes. No requiere combustibles contaminantes como petróleo, gas, carbón o energía nuclear ya que usa una forma renovable de energía, constantemente repuesta por la naturaleza y de manera gratuita: el agua de los ríos. Genera una energía limpia que no contamina ni el aire ni el agua. Otros beneficios adicionales son el riego, la protección contra inundaciones, el suministro de agua y la navegación. La intensificación de la agricultura local mediante el uso del riego puede, a su vez, reducir la presión que existe sobre los bosques y otras áreas intactas de la fauna. Las represas pueden servir de reservorios para algunas especies de peces.

Además, los costos de mantenimiento y explotación son bajos, y las obras de ingeniería necesarias tienen una duración considerable.

Pero a pesar de las ventajas que brindan las centrales hidroeléctricas, muchas personas han comenzado a dudar si son realmente sustentables con el medio ambiente. Muchas de las plantas hidroeléctricas estudiadas, sobre todo en países tropicales, parecen causar un impacto que contribuye al calentamiento global. La incidencia en zonas frías parece ser significativamente menor. La explicación es que acumulan mucha materia orgánica en sus aguas, fruto de lo que quedó tapado por ellas, y estos materiales liberan luego gases de efecto invernadero. Cuanto mayor es la cantidad de agua retenida por las represas, sobre todo en climas cálidos, mayor es la cantidad de metano y de dióxido de carbono que se libera al ambiente. Pero el ambiente se cobra su parte, ya que el cambio climático, a su vez, afecta a las represas a través de lluvias cada vez más intensas y sequías cada vez más prolongadas. Las inundaciones y las bajadas extremas del nivel de las aguas son los peores enemigos de las represas. Además su construcción, determinada por características naturales, puede estar lejos del centro o los centros de consumo y requerir de un sistema de transmisión de electricidad, lo que significa un aumento de la inversión, y de los costos de mantenimiento y pérdida de energía. Como vimos en la represa Tres Gargantas, otra desventaja es la necesidad de trasladar a las personas, debido a la inundación provocada en amplias zonas por los embalses, que también pueden inundar sitios históricos y culturales importantes.

Cuando calienta el sol y sopla el viento
Si no generamos energía eléctrica a través de centrales térmicas ni de grandes represas, ¿qué otras alternativas tenemos? El viento y el sol. El viento patagónico podría alimentar una industria eléctrica con una potencia de 300 mil MW, lo que equivale a 12 veces la actual potencia instalada en el país. Y la cantidad de energía que recibe la Tierra en 30 minutos, vía energía solar, equivale a toda la electricidad consumida en el mundo durante un año. Pero por ahora, estos valores son sólo teóricos.

Aunque los “combustibles” de esas energías sustentables no tienen valor y parecen inagotables, las energías alternativas del viento y el sol aún no son económicamente rentables. En particular la energía eólica, que tiene un factor de utilización muy bajo en comparación con la energía hidroeléctrica. El récord mundial está en nuestro país en Pico Truncado, Santa Cruz, con un factor de utilización de la energía eólica del 50 por ciento, es decir, de cada MW generado solo se puede aprovechar la mitad. En el resto del mundo el promedio está en un 27 por ciento. Hoy día el valor es de 200 dólares por MW/hora para la energía eólica.

Otro tema es la calidad de la energía. Por ahora es complicado, por razones técnicas, interconectar la energía generada en los “molinos” con la red de electricidad. Por ejemplo, Dinamarca, uno de los líderes mundiales en la generación de energía eólica, está conectada al pool nórdico que integra con Suecia y Finlandia. Estos dos países tienen generación nuclear y térmica, lo cual permite que se “fije el sistema eléctrico”, es decir, tienen una generación constante de energía, que acepta que la energía eólica danesa entre y salga perfectamente del sistema, sin generar saltos ni discontinuidades en el suministro. Por otro lado, el mantenimiento de los molinos de viento es costoso. Uno de los problemas de la tecnología eólica es que cuanto mayor es la central eólica, se necesitan grúas más grandes para construirlas y mantenerlas. En la Argentina hay una sola grúa que podría reparar molinos en la Patagonia y está en Buenos Aires.

Desde 1994 en nuestro país funcionan 45 parques eólicos de baja potencia. Actualmente hay una potencia instalada de 28 MW de energía eólica, y se espera que para 2012 se llegue a 300 MW interconectados al sistema. Sólo un 25 por ciento de lo que genera El Chocón. Y la tecnología solar es más cara aún. Por ejemplo, a modo de comparación, una empresa como Aluar requiere 500 MW, la mitad de la energía que produce todo el Uruguay (900MW), y para producir aluminio competitivo necesita un costo de 40 a 50 dólares por MW/hora. Es muy difícil proveerla con energías alternativas.

La Argentina promulgó la Ley 26.190 (año 2006) que promueve el uso de fuentes alternativas para ahorrar electricidad, pero la ley no fue reglamentada y no entró en vigor. Nuestro país necesita mejorar su eficiencia energética, usar la misma cantidad de energía para hacer más cosas. Pero eso a largo plazo. A corto plazo se necesitan centrales que no tengan al gas como sustento de la energía eléctrica, y menos usar carbón barato para generar energía, con “costos” terribles para el ambiente.

¿Son las centrales hidroeléctricas una alternativa válida? Es muy posible que sí, pero sería bueno incluir también otros costos en la ecuación de rentabilidad, y evaluar correctamente los mejores lugares para instalarlas. Cuando se calculan costos de esas grandes obras nunca se considera un costo adicional: el “costo natural”, es decir, cuánto vale la pureza de las aguas, qué valor tiene un bosque prístino, quién pagará por los cambios en el clima de la zona.

El hombre está acostumbrado a tomar todo de la Tierra sin dar nada a cambio. Quizás, si le pusiéramos un valor al río y a sus aguas, a las nieves que alimentan los lagos andinos y a los árboles de un bosque, no sería tan fácil destruirlos sin dar cuentas a nadie. ¿Acaso no le damos un valor al petróleo, al gas y al carbón, fuentes también naturales de energía, pero almacenadas en el interior de la tierra? ¿Será que lo que es fácil de obtener no tiene valor? Pero, ¿qué pasará cuando no haya más agua pura para tomar? En ese momento seguramente tendrá un valor, pero será demasiado tarde para dárselo.
Texto y fotos de Hilda Suárez y Alejandro Balbiano

29/09/10
BIENVENIDO A BORDO

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