Pesca en los grandes ríos del Sur

La pesca continental de río en Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, predominantemente artesanal, llega en las regiones más fuertes al 20% del total de la producción pesquera de esos países.

La pesca continental de río en Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, predominantemente artesanal, llega en las regiones más fuertes al 20% del total de la producción pesquera de esos países.

Fruto del trabajo de pescadores artesanales por tradición, estas pesquerías presentan desafíos para su regulación debido al impacto socioeconómico de su manejo y a la dificultad para recopilar datos sobre las especies y su potencial, que en la Argentina se manifiestan con elocuencia.

Cristo de las redes no nos abandones

y en los espineles déjanos tus dones

no pienses que nos perdiste

0que la pobreza nos pone tristes

la sangre tensa y uno no piensa más que en morir

agua del río viejo

llevate pronto este llanto lejos

que está aclarando y vamos pescando para vivir

Chamamé litoraleño argentino

Sábalo, bagre, patí, pacú, manguruyú, surubí, dorado… es el nombre de algunas de las pesquerías más relevantes de la región suroriental de Sudamérica. La cuenca del Amazonas al Norte, la primera en importancia en el cono sur americano, determina para Brasil un área de pesca continental total estimada en 8 millones de kilómetros cuadrados, con un potencial de 600 mil toneladas al año estimado por las FAO. Las ramificaciones de esta cuenca se extienden hacia el sur, y en la región oriental, atraviesan la selva brasileña y la región chaqueña para dotar de caudalosos ríos a Bolivia, Paraguay, Uruguay y Argentina, que en el sistema del Plata, el segundo en extensión de Sudamérica, configura una cuenca de drenaje de agua dulce de 3.170.000 kilómetros cuadrados.

La importancia comercial de la producción pesquera de agua dulce de estos países es muy inferior a la que representa la pesca marítima: mientras que los desembarques marítimos en los puertos Argentinos fueron en 2008 de casi 1 millón de toneladas, con el 90% enviado al exterior, a octubre del mismo año solo 12 mil toneladas de pescado de río han sido contabilizadas por la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (SSPyA) como exportación de río del país austral, luego de un importante recorte en las cuotas de extracción de la principal especie con destino extrafrontera, el sábalo.

El Ministerio de Medioambiente de Brasil, por su parte, cifra a la pesca de río en 24% del total de la producción pesquera nacional, con casi 250 mil toneladas anuales y un crecimiento de más del 8% en 2004. La presencia de Paraguay, que no cuenta con salida al mar, en la producción pesquera de río es mesurada: alrededor de 600 toneladas de pescado contabiliza el Ministerio de Ambiente, con el surubí y el dorado a la cabeza de las especies extraídas.

Pero más allá de la magnitud total de la producción pesquera y de las dimensiones de cada país, la pesca de río en esta región se caracteriza por una predominancia de pescadores artesanales y baja presencia industrial en la explotación.

Predominancia de la pesca artesanal

El Informe Estadística de Pesca 2004 de Brasil certifica con elocuencia lo que ocurre en la mayoría de las pesquerías de río: la presencia de pequeños pescadores artesanales que destinan a consumo propio el producto de su faena y como mucho, pequeñas cooperativas de pescadores que trabajan con acopiadores, que introducen el pescado en la cadena de frío y en el mercado, para consumo interno o en menor medida, para exportaciones. El estado de Pará en Brasil -que es el primero en la pesca de río y que pertenece a la región norte, en donde se halla la cuenca amazónica , la más productiva en pesca de agua dulce- es el único que certifica extracción industrial para las especies piramutaba, dourada y pescada, por un total de 13 mil toneladas. El resto de los estados realiza extracciones artesanales según el informe de 2004. Además, en la cuenca amazónica se desenvuelve una pesquería industrial dirigida a la explotación de los grandes bagres migrantes (piramutaba, dourada) que emplea embarcaciones arrastreras con eslora variando de 18-24 metros, de acero, y operan por el sistema de parejas.

Paraguay, por su parte, posee recursos hídricos de gran envergadura en los ríos Paraná y Paraguay, que desembocan en la cuenca del Plata argentina, además de afluentes internos como ríos internos, arroyos, esteros lagos y embalses, que completan el mapa de agua dulce. Por lo general los pescadores comerciales y los pescadores deportivos son los grupos más representativos y sus integrantes se asocian de acuerdo con el interés y objetivos comunes. Alrededor de 15.000 personas se dedican a las pesquerías de los cuales 7.064 están registrados como pescadores profesionales y alrededor de 8.000 son pescadores deportivos, según cifras de la FAO. Esta organización cifra el volumen de captura en aproximadamente 28.000 toneladas al año. No obstante, el volumen de producción ha decrecido aceleradamente por el “incremento del número de pescadores en los esfuerzos de pesca, la construcción de las Represas Hidroeléctricas, a las canalizaciones de los humedales y criaderos de la fauna acuática, ausencia de la aplicación de un plan maestro de manejo sobre los recursos pesqueros”, declara la FAO acerca del perfil pesquero de este país. Y de hecho, las cifras del Ministerio de Ambiente para 2008 sitúan en algo más de 600 magras toneladas correspondientes a dorado, pacú, surubí, manguruyú, carimbatá y blanca (nombre genérico para diversas variedades como la piraña, el armado y el patí, entre otros). Las cifras de 2003 determinan que las exportaciones han sido de apenas 117 toneladas de las 25 mil producidas ese año, con una clara tendencia a la baja por la merma extractiva que reflejan los guarismos de 2008.

Pesca de río en la Argentina

En Argentina, la casi totalidad de la producción pesquera continental se desarrolla en la Cuenca del Plata, en los ríos de la Plata, Uruguay, Paraná y Paraguay), adonde coexisten la pesca artesanal comercial, de subsistencia y recreativa. A su vez, el 90% de la producción pesquera continental exportada se centraliza en la Mesopotamia, en las provincias de Santa Fe y Entre Ríos, con el sábalo como especie preponderante: más del 90% de la explotación pesquera pertenece a esta especie. Un informe de la Secretaría de Agricultura Ganadería Pesca y Alimentación releva un total de 3040 pescadores en la provincia de Santa Fe, de los cuales 2700 operan en la zona geográfica del sábalo. De éstos, 1600 son pescadores a tiempo completo que proveen de esta especie exclusivamente, a los frigoríficos exportadores.

En Entre Ríos, por su parte, hay alrededor de 1200 pescadores sobre las costas del Paraná y unos 140 que faenan en el río Uruguay. “Los pescadores actúan en forma individual o más frecuentemente asociados en pequeños grupos llamados cuadrillas o equipos integrados por un número de socios que varía entre 2 y 10”. Las embarcaciones preponderantes son canoas de madera o plástico con motor fuera de borda o internos de poca potencia o a remo. En cada canoa embarcan uno o dos pescadores con sus respectivas artes, y no realizan generalmente más de 20 km hasta los caladeros.

Específicamente, en esta región existen dos grandes grupos de pescadores: los que provienen de familias generalmente numerosas e históricamente relacionadas con la actividad, con rasgos culturales propios, que habitan en viviendas precarias y que ejercitan la pesca con embarcaciones propias, y que si bien tienen relación con los acopiadores, no tienen un lazo laboral dependiente con éstos. Por otra parte se encuentran grupos de pescadores nuevos, llegados a la actividad como producto del desempleo y los bajos salarios, que comparten la modalidad de trabajo con algunos históricos que han entrado en relación con acopiadores y frigoríficos. “Ahora los frigoríficos cuentan con barcos congeladores que transportan las canoas y los pescadores artesanales a las zonas de pesca”, señala a Europa Azul un isleño de Ibicuy, en la provincia de Entre Ríos.

Los acopiadores de pescado se ocupan de concentrar el producto de la pesca diario recorriendo los puertos de desembarco e ingresándolo a la cadena de frío. Algunos de menor escala compran a los propios acopiadores o en los puertos para el consumo interno, que prefiere los peces de línea, como el dorado, el surubí, la boga y los bagres en general.

El sábalo, pesquería de difícil manejo

A partir del auge exportador pesquero en la Argentina, la presión sobre el río Paraná se intensificó con la instalación de frigoríficos exportadores. Los frigoríficos venden dentro del país a las principales ciudades, como Córdoba, Tucumán o Capital federal, pero en forma creciente durante los últimos años han dirigido su atención a la exportación, adonde actualmente destinan más del 90% de lo que procesan. En este contexto, el protagonismo de especies como el sábalo -la única de agua dulce que figura en las estadísticas de extracción y exportación nacionales de la Secretaria de pesca- se acentuó, pero además cambió el cariz de la pesca en las aguas interiores, hasta ese momento casi netamente artesanal, por la presión de los frigoríficos, en un marco de denuncias por quebrantamiento de las vedas de pesca y cargamentos ilegales

El resentimiento de la principal especie comercial, de esta manera, se ha manifestado en una merma en los reclutamientos. En 2007 la argentina había exportado 40 mil toneladas con Colombia, Nigeria, Bolivia y Brasil como principales destinos; un 90% de esa cantidad es sábalo, que por lo demás es la segunda especie íctica exportada por el país, detrás de la merluza. A la saga le van la boga y la tararira, 4%, el patí, el dorado o el surubí (1%), como especies de río. Actualmente, por la veda establecida por las autoridades de pesca, que ha instaurado tras un estudio de evaluación del recurso las 15 mil toneladas anuales de sábalo como máximo aceptable, ha bajado sensiblemente trabando la cantidad de sábalo exportada a octubre de 2008 en algo más de 10 mil toneladas.

Uno de los factores que dificultan la gestión es la geografía del lugar. La provincia de Santa Fe, con unos 700 km de costa, cuenta con 45 municipios diseminados a la vera del río. Todas estas localidades son puntos de desembarque de pescado, pero solo 10 de ellas poseen Puertos de Fiscalización de Productos de la Pesca Comercial. Consultada sobre el retardo en la regularización de las pesquerías continentales, Laura Luccini, Directora de Acuicultura de la Nación y que trabaja en la coordinación de Pesca Continental desde 2004, en la comisión conformada por el Congreso Federal Agropecuario, declara a Europa Azul: “Además de los factores geográficos, con múltiples puntos de desembarco, los gobiernos provinciales probablemente ha minimizado la importancia del recurso pesquero porque lo han medido en relación con otras producciones más rentables y de mayor impacto económico. No obstante, la pesca es muy importante desde el punto de vista socioeconómico; la de río aun sigue siendo eminentemente artesanal, pero desde mediados de los 90 empezaron a tallar los frigoríficos”.

Otro factor que dificulta el manejo y preservación del sábalo es que además de las diversas provincias argentinas implicadas, otros países participan de su extracción: Brasil, Paraguay, Bolivia y Uruguay en diverso grado de importancia. Para Paraguay, el carimbatá, nombre del sábalo en guaraní, es la segunda especie en importancia económica, detrás del surubí. En Brasil, por su parte, el curimata es la especie que más a contribuido al crecimiento de la pesca de río, en un 167% según el último informe de 2004.

Volviendo a la Argentina en lo referente a la pesca de río en general, las pesquerías en el alto y bajo Paraná difieren y requieren diferentes estudios: “la baja, es un territorio deltaico, con una llanura de inundación muy grande donde el rey es el sábalo. No existen datos de biomasa de las otras especies, recién el año próximo las provincias de Santa Fe y Entre Ríos van a comenzar a trabajar de manera conjunta en puertos de desembarco y esfuerzo pesquero en función de la cantidad de pescadores que hay. Hasta ahora no se han podido hacer este tipo de estudio porque como es un delta, los puertos de desembarcos se estiman en 70”, añade Luccini.

En lo referente a la coordinación de los actores implicados, hay varios estudios incipientes en danza. En la cuenca alta donde se juntan el Paraná con el Paraguay, hay un estudio que analiza las tres especies más comerciales: dos especies surubí, el patí, a veces el manguruyú y el pacú que ha reducido mucho la pesquería, además de lo referente del dorado que está prohibido como pesca comercial en toda la cuenca. La idea es poder adecuar un sistema de cupos equitativos en función de las posibilidades reales: hoy cada provincia tiene sus cupos en función de su actividad histórica: “por ejemplo, la provincia de Corrientes tiene menos cupo porque va más a pesca deportiva que a pesca artesanal”, remata Luccini.

Diversas organizaciones impulsan dos vías alternativas para recuperar la pesquería de sábalo, de importante impacto socioeconómico por la estructura de extracción. Algunas evalúan la pesca deportiva, de gran relevancia en la zona, como vía de salida económica por su potencial atractivo turístico. Luccini declara al respecto: “Las dos pesquería son importantes, ambas generan diferentes problemas y aspectos sociales. El próximo año la Universidad del Nordeste empezará a realizar un estudio pormenorizado de la presión extractiva de la pesca deportiva y la artesanal, en el marco de un convenio con la Nación. Los grandes surubíes y las especies más atractivas para los pescadores deportivos están en el Norte. En el trabajo de investigación están involucradas la universidades, institutos y un equipo de investigadores especialistas en pesca continental de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, bajo la coordinación de Acuicultura”.

Por otra parte, la provincia de Santa Fe tiene en marcha un proyecto que busca llevar a los frigoríficos a la actividad de acuicultura, al igual que la provincia de Entre Ríos.

Diversos son los especialistas y asociaciones ambientalistas que hacen hincapié en la pesca deportiva y sus ramificaciones como vía de salida para una gestión exitosa del recurso. Junto con la defensa de la pesca artesanal, “son actividades que bien reguladas exhiben beneficios socioeconómicos que resultan muy superiores a los que genera cualquier otra actividad extractiva, con el valor agregado de que los beneficios se reparten y administran de manera más equitativa”, afirman desde la Fundación Proteger. La vuelta a los productos elaborados es otra de las formas que se proponen para agregar valor y rendimiento a la presión de pesca en los ríos argentinos. De hecho, el desarrollo de fábricas de extracción de aceite y elaboración de fertilizante y harina a base de pescado fue un modelo exitoso desde la década de 1930 para la faena del sábalo.

Por Carlos Astorelli- Corresponsal de Europa Azul en Buenos Aires.

28/05/09
NUESTROMAR

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