El nuevo presidente de la Asociación Internacional de Sociedades de Clasificación (IACS) Tor E. Svensen, afirmó que en tanto se observa en todo el mundo una disminución de accidentes marítimos y de derrames de petróleo, el rol de las Clasificadoras está en proceso de cambio.
El nuevo presidente de la Asociación Internacional de Sociedades de Clasificación (IACS) Tor E. Svensen, afirmó que en tanto se observa en todo el mundo una disminución de accidentes marítimos y de derrames de petróleo, el rol de las Clasificadoras está en proceso de cambio.
Svenson fue el orador invitado durante un almuerzo organizado por la Asociación de Transporte Marítimo de Singapore, llevado a cabo en la capital de dicho Estado el viernes 7. En uno de los pasajes de su charla, enfocada en los “Desarrollos Regulatorios Actuales y Futuros” desde la perspectiva de las Clasificadoras, afirmó que “aun cuando la seguridad y la calidad continuarán al tope de las prioridades, las clasificaciones se concentrarán en otras cuestiones vinculadas con la seguridad en el mar y el medio ambiente global. La clasificación deberá abordar cuestiones tales como el control de las emisiones de los buques a la atmósfera, lo que trasladará la atención en este aspecto desde el plano local al global”.
Svensen advirtió además que “las clasificadoras deberán también exigirse a sí mismas, para generar rápidos desarrollos regulatorios en respuesta a las preocupaciones del público sobre aspectos negativos de la actividad del transporte marítimo”.
Más significativo todavía, el titular del IACS expresó su preocupación por lo que llamó el intento de la Unión Europea por regular el rol y responsabilidad de las clasificadoras, y sostuvo que la IACS deberá ser más activa y eficiente en su negociación con los tomadores de decisión de la Unión.
Presiones
La arremetida de Svenson en su discurso será bienvenida, particularmente en un momento en que la presión regulatoria de las agencias gubernamentales, ostensiblemente la Unión Europea y los Estados Unidos, está tendiendo a sofocar los negocios e impactando directamente sobre los operadores individuales. Más aún, mientras tal presión regulatoria puede ser bien vista en un sentido (concretamente el mantenimiento y supervisión de estándares), una presión demasiado volcada a un solo lado, puede alterar el equilibrio de la situación, particularmente si dicha presión es conducida por agendas políticas y por la burocracia.
En su reconocido carácter de “punto de referencia” en materia de estándares técnicos marinos, la IACS está en buenas condiciones para representar los intereses de la industria marítima, y tal vez, de realzar el rol de la Organización Marítima Internacional, que en virtud de su constitución tiene escaso poder para forzar el cumplimiento de sus Códigos y Convenciones, y que además no es realmente representativa de la industria marítima. Los miembros de IACS en cambio, tienen relaciones de trabajo diarias y “cara a cara” con los operadores de buques, haciendo de la organización un excelente foro para monitorear el pulso de la industria. Además, los miembros líderes de la IACS son también “nombres de referencia” para la industria, lo que agrega el factor de credibilidad tan necesario para negociar efectivamente con las agencias gubernamentales. La observación de Svenson es por lo tanto muy relevante.
Sin embargo, una representación con las agencias de gobierno del tipo de la que Svenson alude, podría seguramente reducirse si la industria marítima lograra actuar en conjunto de una vez por todas. En rigor, su afirmación acerca de la necesidad de cambios en el rol de las clasificadoras, se aplica al conjunto de la industria marítima.
Con un grado significativo de polarización de los estándares dentro de la industria, que es ciertamente geográfico y también directamente atribuible a los Estados de banderas carentes de seriedad, resulta de vital importancia una acción más decidida de la industria, si se desea evitar la presión de todavía más legislaciones.
Soberanía
En todas estas discusiones, la cuestión recurrente resulta ser la soberanía de los Estados de pabellón, y este “lugar común” es siempre (y correctamente) citado como la raíz del problema. La OMI ha concretado algunos progresos en su andar pasivo, logrando hacer colar la “lista blanca”, y en los lugares en donde el Control del Estado rector de puerto funciona correctamente, se puede hacer cumplir efectivamente las reglas, así como el proceso de detención y rechazo de las malas banderas. Se necesita más empero, a nivel de los pabellones.
Más allá de expresar su preocupación en los foros de la OMI, los Estados de las buenas banderas, han hecho poco y nada. Los Estados de pabellón competentes necesitan reunirse con una sola voz – tal vez del mismo modo que la IACS – de modo de poder formalizar reglas y estándares comunes. La formación de una asociación internacional de registros abiertos podría proveer una voz influyente dentro de la industria.
Una organización de tal tipo podría reforzar la causa de los buenos estándares y, adicionalmente, aislar aquellas banderas que tiran abajo a la industria. Tal asociación, en alianza con la IACS podría dar considerables ventajas a la industria en su batalla contra la erosión de los estándares de seguridad marítima.
Pero más allá de lo hasta aquí expresado, y con independencia de los Estados de pabellón y de la IACS, existen suficientes cuerpos competentes dentro de la industria, capaces de permanecer unidos a medida que el mundo cambia y que el rol del transporte marítimo incrementa su importancia. El secreto del éxito será la capacidad de hablar con una sola voz.
(Fuente: Gulfnews; 10/09/07)
MARITIME NEWS
18/09/07
Traducción de NUESTROMAR.
