Nostalgia marítima, aquellos tiempos de aventuras…

Nostalgia marítima, aquellos tiempos de aventuras…

Qué duda cabe que los cambios de épocas en el devenir de la humanidad traen métodos y formas nuevas. Así ha sucedido a lo largo de la historia. Pero, no obstante, para que sintamos una cierta nostalgia acerca de nuestro tiempo en la mar, por ejemplo se debe destacar la desapareció el sextante y la proliferación de la tecnología GPS… y toda la parafernalia del e-navegation, que pronto quedará sumida en el boom de la digitalización 4.0.

Qué duda cabe que los cambios de épocas en el devenir de la humanidad traen métodos y formas nuevas. Así ha sucedido a lo largo de la historia. Pero, no obstante, para que sintamos una cierta nostalgia acerca de nuestro tiempo en la mar, por ejemplo se debe destacar la desapareció el sextante y la proliferación de la tecnología GPS… y toda la parafernalia del e-navegation, que pronto quedará sumida en el boom de la digitalización 4.0.

Después vino la revolución del contenedor, acaparando progresivamente los modos de transporte y mejorando la seguridad, los tiempos y la regularidad de los buques; más tarde lo hizo la multimodalidad…

Ahora está surgiendo el e-document que dejara obsoleto el método tradicional, en cuanto la Unión Europea –u otros- fuercen a los países a cambiar la legislación… o alguno de los grandes cargadores lo implante, bendecido, eso sí, por las organizaciones mundiales.

Lo último que quedaba: la progresiva despedida del armador individual o familiar. El que tenia uno, dos y hasta tres o cuatro barcos (graneleros mayormente, o petroleros). En el mundo de los portacontenedores los echaron hace ya algunos años. El armador individual va a desaparecer muy pronto.

No hay dinero en los bancos o entidades financieras para él. Son las grandes corporaciones que todos conocemos las que parece que dan confianza a la banca para dejarles el dinero con las que hacer las “mergers”, y de paso beneficiarse algún ejecutivo que otro.

Se acabó la aventura personal. Las polacras, los bergantines, las fragatas que en el siglo XIX desde los puertos del Mediterráneo (Arenys, Mataró…) viajaban a Cuba y otros puertos americanos, siendo propiedad de uno o dos aventureros de negocios. Más tarde en pleno siglo XX, los armadores griegos son los que han hecho historia (más romántica, si cabe) dentro del negocio marítimo. Pero se acabó.

La industria marítima tiene una característica peculiar: el retorno de capital, de elevadas cifras, se produce más tarde que en otros sectores, y las necesidades de financiación son altas. Sin financiación no se puede acometer el negocio, y por lo que parece, no hay capital para los capitanes individuales de la industria.

Fin de una época… (Alonso Contreras – NAUCHER)

29/05/2017

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