En su planta de Mar del Plata, el mes pasado apenas sumó 13 días de trabajo. Según dicen sus trabajadores, la flota de la empresa está amarrada en los muelles esperando que se achique la zona de veda.
En su planta de Mar del Plata, el mes pasado apenas sumó 13 días de trabajo. Según dicen sus trabajadores, la flota de la empresa está amarrada en los muelles esperando que se achique la zona de veda.
Cada nuevo dato que se confirma sobre la concursada empresa pesquera Barillari, afianza el trazo del lápiz y hace más nítida la sombra de la incertidumbre que se expande sobre el futuro de la pesquera de origen marplatense.
Distintas fuentes consultadas que trabajan en las tres pequeñas y medianas empresas que procesan la materia prima que captura la flota de la empresa –o lo que queda de ella– en la planta de José Hernández 69, confirmaron que el trabajo escasea, fundamentalmente por la poca merluza que logran traer los buques como el Juan D´Ambra y el Rayo del Mar, los últimos dos que amarraron en el puerto local.
“Nos dicen que no hay nada; que están pescando muy al sur, casi sobre una línea de veda”, confió una envasadora de “Los Necochenses”, una de las empresas creadas por Barillari para honrar el compromiso ante autoridades y gremios de registrar personal bajo el convenio colectivo.
“Ahora por ejemplo el Santa Bárbara no está pescando, está en el puerto, como el Rayo de Mar. Por lo que ellos dicen (la empresa) están esperando a que modifiquen la zona de veda para mejorar los rendimientos”, confió la trabajadora.
El último que entró con pescado fresco fue el D´Ambra, que pese a estar más de dos semanas mar adentro, no pudo completar bodega y trajo mil cajones vacíos. “Algo de abadejo, calamar y merluza, pero muy chica; tipo Carioca, que no le sirve a nadie: ni a nosotros ni a ellos, ni a los marineros…”, agregó.
Hay un dato que confirma en Barillari el precario estado biológico de la merluza. En el mes que pasó, en la primera quincena los más de 180 obreros de las PyMES, entre fileteros, peones y envasadoras, apenas fueron convocados a trabajar ocho días. En la segunda quincena fue todo peor: apenas cinco.
Con esta performance, plagada de días inactivos, los trabajadores apenas cubren la garantía horaria que fija el convenio, que no supera los 1.230 pesos. En la espiral inflacionaria en que ha ingresado el país en estas primeras semanas del 2010, se trata de una verdadera miseria.
Lo bueno es que no hay demoras en los pagos. Mañana recibirán el de la segunda quincena para estar al día, tal como lo exigieron los delegados para no presentar quejas ante el juez que entiende en la quiebra.
Marzo arrancó con incertidumbre, para no ser menos. A falta de pescado fresco, la empresa habría decidido descongelar merluza fileteada acopiada en cámaras frigo-ríficas. El producto formó parta de una venta frustrada a Oriente. “Ahora le estamos sacando el cuero para ver si la pueden colocar en otro mercado”, contó un filetero.
Barillari fue noticia hace una semana, cuando el Consejo Federal Pesquero decidió extinguir los permisos de pesca de los buques fresqueros Júpiter y Cormorán, por considerar que estaban excedidos los plazos que utilizó la pesquera para justificar la inactividad comercial de ambas embarcaciones.
Pero esta falta de merluza para procesar no es exclusividad de Barillari. En otras empresas también se siente su falta. Ya pasaron las especulaciones de principios de año sobre la crisis del mercado y las cámaras llenas con lo pescado en el 2009.
Ahora la buscan pero no la encuentran y las mareas se demoran hasta más allá de lo sanitariamente permitido; y el crecimiento del costo de combustible también lima rentabilidad. La informalidad –por ser elegantes– marca bien propia de la pesca marplatense, permite a las empresas no sentirse asfixiadas.
En todos los muelles la extrañan. Hasta el 25 de febrero, apenas se habían des-embarcado 14 mil toneladas de ejemplares capturados al sur del 41ºS en el puerto marplatense, de acuerdo a la estadística oficial.
A este ritmo, el 2010, el del Bicentenario, será recordado por el año en que la repisa que sostiene a la merluza, finalmente se vino abajo; literalmente, se quebró.
Por Roberto Garrone / Fotos de Diego Izquierdo
08/03/10
REVISTA PUERTO

