Los representantes de la industria naval tuvieron su carpe diem con la Presidenta.
Los representantes de la industria naval tuvieron su carpe diem con la Presidenta.
Aprovecharon el fugaz instante y la pusieron al tanto de que ellos son, sin que ella lo sepa, también defensores de la gesta renacentista de la industria nacional que -en su caso-ni siquiera puede competir con lo importado de igual a igual: lo que entra es usado.
Le comentaron a la Señora que ingresan en el país barcazas usadas del Mississippi. Le informaron que en la hidrovía Paraná-Paraguay sólo 1 de cada 20 artefactos navales es de bandera argentina. La ilustraron sobre la Jones Act norteamericana, según la cual, en Estados Unidos, navegar en cabotaje implica: una embarcación construida en un astillero norteamericano, con pabellón norteamericano y tripulantes norteamericanos.
Es bien kirchnerista la industria naval norteamericana.
Dicen los empresarios que la Mandataria les preguntó, interesada, si la industria naval nacional tenía la capacidad para afrontar el desafío de órdenes de construcción que derivaría de la demanda potencial que generará el creciente flujo hidroviario. Y se habría sorprendido por el sí al unísono.
A los pocos días de la revelación, la industrialista Débora Giorgi, en cumplimiento de la prescripción de la Jefa de Estado, convocó a los empresarios. Estos recitaron con implacable lógica: ¿Por qué no replicar, a escala naval, el yin y yan automotriz que hay con Brasil?
La respuesta no tiene importancia. Lo que sí importa es que a la Argentina le sobran profesionales de la política y le faltan estadistas de oficio.
Por Emiliano Galli
21/09/10
LA NACION
