Ningún organismo, ni experto del siglo XX pudo prever con exactitud, las cuantías migratorias humanas de la actual centuria, como consecuencia del cambio climático y la intensidad de los eventos naturales extremos.
Ningún organismo, ni experto del siglo XX pudo prever con exactitud, las cuantías migratorias humanas de la actual centuria, como consecuencia del cambio climático y la intensidad de los eventos naturales extremos.
Aunque estos desplazamientos han sido parte del desarrollo de la Humanidad, y consecuencia además de la desigualdad económica y social, desde finales del pasado siglo y principio del XXI, el fenómeno ha tomado niveles nunca antes calculados o imaginados.
Hoy, los países en vías de desarrollo tienen las mayores cifras de emigrados, aunque en épocas pasadas los europeos y algunos asiáticos fueron los primeros en buscar otras latitudes para mejorar sus estilos de vida, refiere la Organización Internacional de Migraciones (OIM).
Según esta entidad, existen aproximadamente 914 millones de personas que se trasladan en todo el mundo, y solo 700 millones de estas lo hacen dentro de sus propias fronteras.
Hacia otras regiones cercanas o países desarrollados, se desplazan 214 millones, precisan.
Pero tan solo en el transcurso de 2009, 243 millones de personas en el mundo fueron afectadas por más de 200 catástrofes, que dejaron un saldo de 16 mil muertos y millones de desplazados.
Así lo refiere una investigación conjunta del Centro de Ciencias Geográficas de la Universidad de Columbia, la Universidad de Naciones Unidas y la organización internacional humanitaria Care.
Entre el año 2000 y 2005, 106 millones de personas resultaron dañadas por inun-daciones y 38 millones, por huracanes, especifica este análisis.
No obstante, estas cifras representan un pálido número de lo que puede sobrevenir, a corto y a largo plazos, repiten expertos y organismos mundiales.
En América Latina, el cambio climático mantiene en la primera línea de riesgo a las personas que viven en las zonas costeras e islas, quienes representan uno de cada 10 habitantes de la zona, precisa un estudio del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).
"El nivel de las aguas en los mares de la región no ha dejado de subir y las proyección es que continúen ascendiendo, incluso a nivel global", explica Marcela Suazo, directora para América Latina de la UNFPA.
Para el 2010 los mares del mundo podrían elevarse dos metros más, como conse-cuencia del derretimiento de la Antártida y Groenlandia, especifica el texto, en referencia a los cálculos del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, con sede en Panamá.
Cada metro que se incremente, puede desplazar a 130 millones de personas, por lo cual algunos países comienzan a desarrollar políticas públicas para hacer frente a esas posibles consecuencias.
Pero los expertos y las entidades internacionales coinciden en que los océanos conti-nuarán calentándose y expandiéndose, y para el 2100 el nivel de esas aguas podría ascender hasta seis metros.
Durante ese proceso quedarían sumergidos, al igual que la Atlántida de la leyenda, terri-torios insulares como las Maldivas, en el océano Indico, y Tuvalu y Kiribati, del Pacífico, los tres que encabezan la lista de los posibles a desaparecer bajo las olas.
Las predicciones indican que después vendrían otros y que hasta el 10 por ciento de la población mundial, tan solo por esta causa, puede verse afectada, sin contar las cifras de desplazados por sequías, deforestación o desertificación.
Millones y millones de personas, incluidos ciudadanos del Primer Mundo, integrarán los grupos de refugiados climáticos, aún sin reconocer en el derecho internacional, originando nuevos conflictos y aumentando la competencia actual por los recursos existentes.
Esto sería una catástrofe de alcance global y un desafío humanitario de enormes proporciones, saben todos, y a pesar de las advertencias y predicciones, todavía el mundo no consigue construir el arca solidaria que lo podría salvar del nuevo tsunami que se avecina.
16/02/10
PRENSA LATINA
