Quien hace tamaña afirmación a los cuatro vientos es Mercedes Ruiz, una mujer correntina de 37 años que tras concluir el curso de marinería que la habilita para navegar en buques comerciales decidió probar suerte en este puerto, “vine a ver si conseguía embarque, pero me da la sensación de que me discriminan porque soy mujer”, señala con firmeza mientras intenta medir cada palabra.
Quien hace tamaña afirmación a los cuatro vientos es Mercedes Ruiz, una mujer correntina de 37 años que tras concluir el curso de marinería que la habilita para navegar en buques comerciales decidió probar suerte en este puerto, “vine a ver si conseguía embarque, pero me da la sensación de que me discriminan porque soy mujer”, señala con firmeza mientras intenta medir cada palabra.
“Lo que quiero es que me den una oportunidad para poner en práctica lo que aprendí, yo no me le achico al trabajo y puedo hacer tanto el trabajo de hombre como el de mujer”, afirma por si queda alguna duda.
La estancia de la mujer con raro oficio pareciera estar desde el principio abonada por la desdicha, “mucha gente te mira de una forma extraña cuando le decís que sos marinera que venís a embarcarte, yo sé que piensan que estoy mal, pero no importa”, señala la flamante marinera que al explayarse admite que vive en una piecita mínima pasando necesidades.
“Duermo en un colchón y pagando una humilde piecita, anteriormente estaba en otra casa pero la dueña del local al enterarse de que soy marinera me echó”, confiesa Mercedes mientras mira con ojos ávidos de mar la lista de los buques que permanecen atracados en el puerto.
“Pensé que a lo mejor algún Argenova necesita una guardia y ayer en medio de la lluvia fui a pedir trabajo, me quedaron en contestar en unos días, ojalá tenga suerte porque me dijeron que es la única empresa que embarca mujeres”, comenta por último mientras intenta mantener viva la esperanza.
05/02/07
PESCA & PUERTOS
