Si bien oficialmente la temporada de calamar se inició el 1º de febrero, la semana pasada sólo 8 buques poteros se encontraban operando en la Zona Económica Exclusiva. Del puerto de Buenos Aires partieron 2 de ellos, que fueron seguidos por el Navegantes II y el Navegantes III, el Don Luis, el Natalia, el Asudepez II y el Puente Valdés.

Si bien oficialmente la temporada de calamar se inició el 1º de febrero, la semana pasada sólo 8 buques poteros se encontraban operando en la Zona Económica Exclusiva. Del puerto de Buenos Aires partieron 2 de ellos, que fueron seguidos por el Navegantes II y el Navegantes III, el Don Luis, el Natalia, el Asudepez II y el Puente Valdés.

Para evitar los conflictos gremiales que ya se asomaban, los armadores despacharon estos buques con anterioridad rumbo a la milla 201 para comenzar a operar fuera de las aguas jurisdiccionales argentinas.

Si bien 8 buques operando no son una muestra demasiado fiable de la situación en que se encuentra el cefalópodo, “la temporada podría no ser tan buena como muchos creían”, confió un empresario a nuestro medio.

Los rindes de los jiggers oscilaron entre las 5 y las 12 toneladas por noche, pese a que la cifra que recorrió los medios especializados fue la de 25 toneladas que logró el Puente Valdez una de las noches de operación.

“Pareció que había más, pero se estabilizó entre 8 y 10 toneladas por ahora, y el pescado es chico”, reveló la fuente recordando que “para esta fecha el año pasado estábamos en 50 toneladas”.

“Este año la pesca no va a ser tan buena, esa es la tendencia”, remarcó el empresario a Pesca & Puertos.

Los costos

La situación de los armadores poteros se encuentra en una difícil encrucijada. Los costos fijos más los operativos hacen peligrar la ecuación económica de las empresas. “A mi los números ya no me cierran”, se lo escuchó decir a un destacado armador de porteros en charla con otros empresarios.

La presión sindical por mejoras salariales y la débil ecuación empresaria mantiene en puerto a casi toda la flota potera nacional y finalmente la sangre llegó al río y desde la cámara empresaria que los nuclea dijeron “no hay nada para dar” y las discusiones fueron para el Ministerio de Trabajo en busca de una conciliación.

“No hay mercado, no hay precio, no se puede dar nada más”, nos decía otro armador apoyando la firmeza de la cámara. “Yo no tengo pedidos” es la frase que repiten los armadores graficando la ausencia de un mercado donde colocar el calamar.

En Puerto Deseado, los poteros en puerto generan ansiedad en toda la comunidad que se vio beneficiada por la buena zafra del año 2006.

12/02/07
PESCA & PUERTOS

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