(FNM) Con esta monografía, comenzamos la difusión de una serie de trabajos prácticos realizados por los alumnos del curso de posgrado en Interses Marítimos del Instituto Universitario de la Armada.
(FNM) Con esta monografía, comenzamos la difusión de una serie de trabajos prácticos realizados por los alumnos del curso de posgrado en Interses Marítimos del Instituto Universitario de la Armada.
“El fin del siglo XX se caracterizó por un proceso de incremento de multifacéticas relaciones humanas a escala mundial, denominado globalización. En éste el procesador personal pasó de ser una suerte de máquina de escribir evolucionada, a convertirse en un medio de comunicación de llegada mundial, mientras que los teléfonos se tornaban cada vez más parecidos a las computadoras en una llamada “convergencia digital”.
Este proceso permitió – entre otros logros – desarrollar una complementación económica también a escala planetaria.
Las cadenas de insumo-producto, la especialización industrial, la externalización de servicios, la logística “justo a tiempo”, mundializadas, permitieron el incremento sin precedentes de la integración de procesos industriales.
Consecuentemente, se vivió a comienzos del siglo XXI un auge comercial sin precedentes históricos, inexplicable sin el armado de una red comunicacional, en gran medida yacente en los fondos marinos. Es el fluir de mensajes por toda la geografía, entre los continentes, pero por los mares, lo que permitió todo esto. Los 800.000 kilómetros de unos 300 cables sumergidos activos en los mares son los canales por los que circula el 90% de la comunicación de Internet. Sólo el 10% restante utiliza los satélites.
Los océanos, ámbitos tradicionales de libre navegación, también son espacios francos para la instalación de cables y ductos. Aunque no parezca posible estas trazas rivalizan por el espacio, ya que necesariamente se cruzan en algunos puntos bajo las grandes masas de agua del Planeta. Esto promete ser riesgoso y conflictivo. Pero, el riesgo que tiene mayor consideración por parte de la prensa, y lleva a situaciones de pánico, es el de la posibilidad de que esta infraestructura sea objeto de atentados terroristas o ataques militares por las numerosas situaciones de beligerancia que hay en el mundo. La estructura comunicacional planetaria es extraordinariamente vulnerable, constituye un blanco enorme, indefenso, y de gran rentabilidad.
El 30 de enero de 2008, dos cables submarinos de uno de FLAG Telecom y otro de Sea-Me-We/4, tendidos cerca del puerto egipcio de Alejandria, fueron dañados, conjeturándose que el hecho fue causado accidentalmente por anclas de buques mercantes o redes de pesqueros. La consecuencia fue que resultaron afectadas la totalidad de las vinculaciones de Internet entre Europa y el Golfo Pérsico y Asia Pacífico.
Este siniestro motivó una suspicacia generalizada a nivel mundial y al tiempo que relatos fantasiosos minaban la confianza en la red planetaria. Es interesante señalar cómo los USA encararon el problema. En una reciente alocución , el presidente Barak Obama afirmó: “… entiendo que de ahora en adelante, la infraestructura digital – las redes y las computadoras de que dependemos – pueden ser atentadas… proteger esa infraestructura será nuestra prioridad en seguridad… Para ello estoy creando una nueva oficina, la del Coordinador de Ciberseguridad”. Este nuevo funcionario tendrá la exclusividad del tema y acceso a todos los recursos del Estado para cumplir con su cometido.
En materia de la red digital de larga distancia los objetivos a proteger son los más extensos del mundo. Por ejemplo, Alcatel-Lucent y NEC están tendiendo una estructura comunicacional submarina en el Pacífico, denominada Asia America Gateway (AAG) con capacidad de transmisión de comunicaciones de terabits, cubriendo una distancia superior a los 20.000 km., que vincula California con Malasia, Singapur, Tailandia, Brunei, Vietnam, Hong Kong, Filipinas, Guam, y Hawaii.
Hasta el momento no hay un accionar colectivo de la Organización de las Naciones Unidas para dar seguridad al tramado digital bentónico. Los fondos de los espacios marítimos internacionales son tratados en las normas convenidas dentro de la Organización de las Naciones Unidas, con su enfoque puesto en la explotación de las potenciales riquezas minerales.
Este es el cometido de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, la entidad más vinculada al espacio de los grandes tubos informáticos transoceánicos.
El hecho es que cada estado comprometido con el funcionamiento de la Internet se encuentra implementando dispositivos de seguridad. La fuerza de submarinos antisubmarinos de los USA está siendo reconfigurada para operar ante amenazas a la infraestructura digital oceánica. Este compromiso de la Armada Estadounidense con la seguridad de los tramos sumergidos de la red digital mundial es coherente con los inicios militares de la Internet, cuando era un programa experimental de la Defense Advanced Research Projects Agency (DARPA), dependiente del Department of Defense de los EE.UU.
Entre otros medios la Defensa Estadounidense dispone de plataformas para el registro de señales, como el USS Jimmy Carter (SSN-23), un submarino nuclear clase Seawolf, construido por General Dynamics, botado en 2004, en aptitud de configuraciones de defensa de tendidos digitales. Especialmente sus vehículos remotamente operados (ROVs), con equipamiento para la desactivación de minas, le permiten accionar a grandes profundidades (unos 6000 metros). Este tipo de plataformas son las que tienen el problema de preservar los intereses estadounidenses en los cables yacentes en las profundidades oceánicas.”
Por Dr. Fernando López Imizcoz
Curso de postgrado en Intereses Marítimos Argentinos
Materia: Control y vigilancia de los espacios marítimos
16/10/09
NUESTROMAR
