(FNM) China y Corea del Sur, sin embargo, están dispuestas a desbaratar su plan de expansión.
(FNM) China y Corea del Sur, sin embargo, están dispuestas a desbaratar su plan de expansión.
¿Cuándo una isla no es una isla? Cuando es un pequeño cuerpo de coral apenas emergido del océano, no apto para ser habitado por hombres ni bestias.
Esta es la visión de China sobre Okinotorishima en el Océano Pacífico, una isla –o arrecife de coral, dependiendo de su punto de vista-, bajo el control de Tokio, que resulta central para las futuras necesidades energéticas de Japón.
Es central también en una furiosa disputa que mantiene estos viejos enemigos del este de Asia.
Japón quiere desesperadamente que las Naciones Unidas reconozcan a Okinotorishima como una isla que es parte de su Zona Económica Exclusiva.
Esto extendería la plataforma continental japonesa significativamente hacia el sur, dándole acceso a los abundantes depósitos de hidratos de metano en esa parte del océano.
Los expertos estiman que los hidratos de metano podrían proveer alrededor de 100 años de abastecimiento de gas natural consumido por Japón, reduciendo su dependencia de las costosas importaciones de gas natural licuado en buques provenientes del Sudeste de Asia, Medio Oriente y Australia.
Por su parte, China está horrorizada con la perspectiva de que la plataforma continental de Japón se extienda tan al sur. Los chinos sostienen que esa parte del océano constituye un punto estratégico militar vital contra los EEUU.
China ha intentado desarticular la jugada japonesa, definiendo a las tres millas cuadradas de superficie de Okinotorishima como “una roca”, y no “una isla” capaz de dar sustento a la actividad económica.
Los chinos han alcanzado un éxito parcial. Hace unas pocas semanas, las Naciones Unidas aprobaron una extensión de la plataforma continental de Japón, que cubre algunas áreas alrededor de Okinotorishima, pero que no se extiende tan al sur como Tokio quería.
Naciones Unidas pospuso su decisión sobre el estatus de la isla, tal vez cediendo ante la presión de China y Corea del Sur.
No se sabe cuándo Naciones Unidas decidirán si Okinotorishima podría extender o no la jurisdicción marítima japonesa.
Las imágenes de Okinotorishima apenas emergiendo del agua facilitan inclinarse por el argumento de que es más un arrecife de coral, o atolón, que una isla capaz de dar sustento a una actividad económica.
No obstante, la desesperación de Japón por elevar el estatus de Okinotorishima, lo ha llevado a construir paredes de concreto alrededor de la parte del arrecife que sobresale del agua.
Hay planes para instalar un faro y según se ha informado, se piensa en un puerto y una planta de energía eléctrica, más allá de que resulte difícil imaginar cómo podría el atolón soportar tal tipo de construcciones.
El premio para Japón –si Naciones Unidas le reconociera finalmente la extensión de su jurisdicción sobre el fondo y subsuelo marinos en una zona conocida como Southern Kyushu-Palau Ridge- comprendería varios años de provisión de hidratos de metano, por algunos llamada “la energía del futuro”.
Así, con la energía nuclear totalmente desconectada, forzando al país a depender más y más de las importaciones de GNL, la pequeña Okinotorishima se convierte para Japón, en un premio por el que vale la pena luchar.
Adaptado al español por NUESTROMAR. Fuente: Lloyds List; 25/05/12
30/05/12
FUNDACIÓN NUESTROMAR



