Lo vi aquella mañana en el puente del rompehielos, con la ayuda de unos viejos prismáticos. Su borrosa figura me devolvió un escalofrío mientras las llamas bramaban a sus espaldas.
Lo vi aquella mañana en el puente del rompehielos, con la ayuda de unos viejos prismáticos. Su borrosa figura me devolvió un escalofrío mientras las llamas bramaban a sus espaldas.
Horas antes, cuando secaba mi ropa en la sala de máquinas del pesquero Magritte, uno de los buzos de rescate me había dicho: "¡El comandante se quedó arriba del buque!". No me sorprendió: en diversas conversaciones que habíamos tenido durante nuestra travesía en la Antártida, noté que el capitán Guillermo Tarapow era de esos hombres porfiados, que no se doblan. Entonces, el Irízar no estaba solo: tenía a su capitán arriba.
Este cronista, que vivió el incendio del coloso buque anaranjado hasta que terminó en una balsa, fue rescatado por los pescadores del Magritte, el barco que no dejó de dar vueltas alrededor del Irízar hasta las dos de la tarde, cuando llegó la corbeta Robinson.
Desde la banda de babor del rompehielos pude observar la dimensión del incendio, como la porfía del comandante. El Irízar, muy herido, se moría. Más aún, cuando recordé el millón de litros de gasoil, los diez mil litros de aeronafta, los treinta mil de gasoil antártico y los 500 de trotyl que el barco tenía arriba.
Guillermo Anatol Nelson Tarapow es de esas personas que nunca se resignan. Quizá sea por una herencia de su padre (Anatol), quien dijo: "Mi hijo hizo lo que debía ser". Ese rigor, sin duda, recayó en el capitán que una vez metió preso a su hermano, también marino.
Revisando la foja de aquellas horas de conversaciones, recuerdo que Tarapow ya aceleró en Ushuaia cuando comandaba la Intrépida, una lancha rápida de la Armada. También desafió a la gravedad con más de un centenar de saltos en paracaídas, y hasta se animó a la política de la mano de los hermanos Rodríguez Saá como candidato a diputado.
Por eso está destinado a sorprender a más de uno: Tarapow, de comandante del rompehielos Almirante Irízar a piloto de una Fórmula Uno.
06/02/09
LA NACION

