La ineficiencia gubernamental la suple la China Popular

Hoy el intendente de Mar del Plata, Gustavo Pulti, se ufana de una posible inversión china para ampliar el espigón 3 del puerto local. Al mismo tiempo China invierte miles de millones en la región para garantizarse el abastecimiento de materias primas.

Hoy el intendente de Mar del Plata, Gustavo Pulti, se ufana de una posible inversión china para ampliar el espigón 3 del puerto local. Al mismo tiempo China invierte miles de millones en la región para garantizarse el abastecimiento de materias primas.

A nadie puede extrañar que la República Popular China realice inversiones en infraestructura portuaria en nuestro país pues así lo hace desde hace años en toda Latinoamérica, África y Asia con el único objetivo de garantizar el abastecimiento de materia prima para su población. En la Argentina, como en tantos otros países tercermundistas, la ineficiencia de los gobiernos es suplida por la mano “generosa” del Dragón Rojo.

Como señala Christophe Ventura, en el Dipló de septiembre, China está preocupada por seguir mantenido su modelo de desarrollo a través de su mercado interno y pretende asegurarse la provisión de materia prima. Según su punto de vista los países de Latinoamérica se ubican al mismo tiempo como proveedores y socios. “Los buques y cargueros latinoamericanos que navegan hacia China se cruzan en el camino con portacontendedores salidos de los puertos de Shanghai, cargados con productos manufacturados”, que inundan nuestros mercados y nos colocan en una situación desventajosa ante el propio desarrollo. Prácticamente un revival de la revolución industrial.

Tanto desde el gobierno nacional kirchnerista como del vecinalista Acción Marplatense, se exhibe con orgullo la atracción de inversiones chinas para realizar obras de infraestructura que los sucesivos gobiernos no lograron concretar pese a años de bonanza. Sin embargo más que como un logro este tipo de inversiones debería verse como un fracaso de gestión y una alarma sobre la “silenciosa conquista china” en el territorio argentino.

La municipalidad de Mar del Plata anunció feliz la presentación en la VIII Cumbre de Negocios de China de un proyecto de “Ampliación del Espigón número 3 de nuestro Puerto, cuyo objetivo es incrementar en 21.000 m2 su superficie y 340 metros de línea de muelle para aumentar el volumen de operaciones y optimizar el funcionamiento creando la terminal de portacontenedores”.

Dicen que fue posible la priorización del proyecto por parte del gobierno chino, “ya que se encontraban realizados el análisis de preinversión y el estudio de impacto ambiental, a través del Programa Multisectorial de Preinversión III del BID”. Agregan que esta obra optimizará los recursos de infraestructura y reducirá la “permanencia de buques con la consiguiente menor contaminación”. Nada se aclara sobre la imposibilidad actual de ingreso de portacontenedores de importancia por falta de dragado del canal principal.

La alegría de los funcionarios comunales suena desmedida. Se trata de una obra menor y sobre todo si se la compara con aquellas que el gigante asiático ha realizado en la región, con inversiones directas del orden de los 10 mil millones de dólares anuales. Como así también con financiamientos, a través del Banco de Desarrollo Chino, por 102.200 millones entre 2005 y 2013 –según la agencia informativa Reuters– en el marco de los tratados de cooperación Estado a Estado, que apuntan a la construcción de infraestructura y proyectos científicos o técnicos, los cuales son garantizados con petróleo, minerales o soja.

Pero no todos los dirigentes latinoamericanos ven con buenos ojos la generosidad china. Un exministro de economía chileno, Andrés Velazco, calificó el panorama como “un inmenso tsunami de riqueza” pero lejos de verlo como un hecho positivo, lo percibe como “aterrador”. A su criterio, este tsunami complicará la vida política de los países latinoamericanos y  generará un encogimiento del sector industrial.

“China invierte en América latina, genera flujos comerciales, crea empleo, exporta capital, construye infraestructuras; todo eso es innegable y produce efectos positivos. El problema viene cuando a esas inversiones añadimos las malas prácticas empresariales y los bajos estándares sociales, laborales y medioambientales. No olvidemos que China invierte en el extranjero con su propio modelo y mentalidad: malas condiciones laborales, impacto medioambiental, cero transparencia, corrupción, impacto social, acuerdos sólo con las elites”. Señalaba hace unos meses al Diario la Nación, Juan Carlos Cardenal, uno de los autores del libro “La silenciosa conquista china”.

Para el periodista, que junto a Heriberto Araújo recorrió cuarenta países donde China ha realizado inversiones, el gran problema reside en la poca capacidad de negociación e influencia que tienen los gobiernos cuando se sientan frente al poder chino. “China viene con el dinero bajo el brazo, tiene la demanda por los recursos naturales, tiene el mercado futuro más grande del mundo, vincula la extracción de recursos con la construcción de infraestructuras y concede préstamos. Por lo tanto, ¿qué gobierno quiere poner eso en riesgo?, se pregunta. Nadie le está exigiendo que añada valor a las economías receptoras y “ese cortoplacismo es un error estratégico que América latina está cometiendo”.

Quizás la profundidad de la nota parezca desmedida ante el anuncio de un posible crédito para ampliar el muelle 3 pero en realidad se trata de un paso más que se suma a los que China ya ha dado en nuestro país: obras en el puerto de San Antonio Este que garanticen la salida de la fruta, entre otras, de las tierras que adquirió en Rio Negro; el ingreso de poteros; la compra de empresas pesqueras; por nombrar solo algunas. Lo saludable aquí sería que los políticos en el ejercicio del poder no nos ofrezcan livianamente, sino que sopesen las consecuencias de forma responsable antes de recibir jocosos los dólares rojos. (Por Karina Fernández; Revista Puerto)

19/09/14

 

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